Tormentas

TITULO: TORMENTAS

PERSONAJES: 
Pandora. 
TIPO DE TEXTO: 
Propuesta y escenario para escena de rol

POR: 
Génesis Finol
30 de JUNIO del 2013

La caída fue seca. Un golpe al agua que pudo desarmar a cualquiera. El agua era oscura, la noche de tormenta en algún lugar de algún mar... Una persona como la dueña de aquel tormento tenía una revuelta en su propio océano. 
Un hada hace lo que tiene que hacer. Escudriña, remueve, se infiltra, trae, lleva, consiguen, calma y crea en donde prefiere. Son hacedoras de lo que la mente no hace, su poder se basa en la ilusión, hacen de ello y por ello se esmeran en siempre construir más ilusiones en los habitantes de la tierra mortal. 
Se nutren de la tierra, se alimentan del flujo de la vida y ¿que es eso? no más que la cantidad de cosas que una persona es capaz de creer sin esperar que sean comprobadas, la fidelidad a las ideas, la esperanza, la alegría misma. Todo esto es algo que dentro de cada persona se hace un torbellino que refleja el más puro de los modos de expresión del ser. Los sueños, las pesadillas. 

Ella nadaba en un sueño inducido, no pensaba en cuantos problemas podría traerle; ella no pensaba en consecuencias, solo alimentaba su curiosidad creciente y su intención de ver crecer un sueño, ser parte del sueño, es su naturaleza. Es la magia que reside en ellas. 

Se hundía, lentamente en esa agua azul marino y la luna se torcia con el movimiento del viento agresivo que movía las olas. Al verse inmersa totalmente solo separó sus brazos y de un movimiento, salió a flote y la isla cercana se dibujaba. Rocas, árboles, palmeras y arena que brillaba en la oscuridad de la llovizna tropical. 
Al verse en un “sueño”, las hadas se mimetizan con los objetos que el soñador proyecta. Al arrastrarse fuera se dio cuenta que sus tatuajes no estaban y las escamas relucían bajo las gotas que su piel absorbía. 
 — Sirenas, te dije que las ignoraras...
Musitó para sí misma al ver de reojo la aleta que estaba en el lugar de sus piernas. Salió del agua como pudo y se concentro un poco para separar esas escamas, podía tener piernas... Pero el cabello le rozaba la cadera, largo y con algunas trenzas finas en conjunto con el largo collar con un reloj que llevaba entre su busto era ahora manera en que se veía, era su forma para el sueño. Su lengua buscó instintivamente el piercing del labio y no lo encontró. Era pálida, de aire frágil y casi inocente, una verdadera sirena. 
Revisó el reloj mientras la luna terminaba de alejar la lluvia. El clima es extraño en los sueños, de un momento a otro se despeja. Miro al cielo y asi sucedio. Todo era calma y se adentró en la isla con intenciones de darle un vuelco aquella pesadilla ajena. 

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