Distancias de cuento [Especial 14/FEB] [Amores a distancia]

TITULO: DISTANCIAS DE CUENTO [Especial 14/FEB] [Amores a distancia]
PERSONAJES: 
Doncella; personaje original de El Jardín de la Doncella
Joseph; personaje original de La Caja de M.
POR: 
Génesis Finol
13 de FEBRERO del 2013
"Era febrero, un día de san Valentín. Cuando mi corazón se volcó sobre la imagen y su perfil
Me enamore de su simplicidad y su atrevimiento, era tan capaz y autentico aunque solo estuviera leyéndole.
Un suspiro cortado ahora se queda atrapado en mi garganta y este beso silencia mis labios, en espera eterna de que se conecte…"
La pecera estaba iluminada, un gato que se pasea por la ventana y el libro que no termino ella de leer. Esperaba, esperaba sentada en ese mueble amplio de esa casa con olor a flores, a esperanzas y a comida recién hecha. ¿Dónde estaba el? Lejos, eran de dos países distintos pero aun así, el amor no cree en distancias ni tiempo.

Eran casi las 3 de la madrugada, no se dormiría, esperaba y esperaba. Se imaginó el recorrido una y otra vez, esperaba una llamada ya que un día antes le había dicho que no podría conectarse desde una pc esos días. Supuso que quizá se habría aburrido de ella, era demasiado pedir una relación a distancia.
-Debo dejar de leer novelas.-dijo negando con el rostro para sí misma, abrazando sus piernas mientras volvía a ver por la ventana.
Recordar siempre había sido una droga para ciertas personas y para ella en ese instante lo era. Se enamoraba de la vida pensando en todas las cosas buenas que le sucedían aunque solo fueran llamadas y fotografías. Pero entonces el celular; el celular sonaba y ella se inclinó sobre la mesilla junto al sofá para contestar animada al ver el nombre en la pantalla.
Joseph
Era tanto y tan simple, horas de charla…
-Duérmete… -dijo ella acostada boca arriba, sonriendo con una sonrisa enamorada.
-Solo si, me cuentas un cuento. –esa voz confiada, tras la línea telefónica que les separaba.
El silencio respondió, ella sonreía tímidamente.
-Eres un niño aun…
-Eso te convierte en la novia de un niño entonces.
Ella negó con el rostro de nuevo a pesar de que el no pudiera verle. un noviazgo con un desconocido, las relaciones a distancia y el mito de que el amor no existe en ellas. Esas raras excepciones que rayan lo romántico meloso y se convierten en historias urbanas de corazones atados al desespero de la separación,  del tiempo y la inquietud del vacío, al despertar abandonados de si mismos en sus camas. 
-¿Y mi cuento?
-Está bien… -Suspiro, despertando de ese pensamiento de conceptos que se negaba a recordar y a tocar. No hablaba de temas incómodos y mucho menos en un día como el 14 de febrero ademas. Estaba mirando al felino de ojos amarillos que se acercó a su regazo; atento el animal, parecía desear escuchar la historia cuando comenzara a narrarla.
-Había una vez… Una vez que se convirtió en un por siempre. El caballero consiguió al amor de su vida y la damisela en peligro fue rescatada. Había un dragón también, un reino amplio con casas y castillos. Entonces fue cuando un hechicero llamado Distancio
-¿Distancio? – Dijo en una carcajada.
-Sí, Distancio. ¡No juzgues a los personajes de mi cuento! –Se defendió con gracia- Bueno, Distancio era presa de la envidia de la victoria conseguida por ese caballero y ambicioso por la paz que la damisela había encontrado en brazos de su amado. Les lanzo una maldición…
-¡¿Una maldición?! –pregunto la voz al teléfono.
-Sí, una maldición que les separo por la misma distancia que separaba a la luna y el sol. –Respondió mientras acariciaba al gato que parecía entender la historia.- El final feliz se había truncado por la distancia y no se volverían a ver en persona. Distancio los maldijo con distancia infinita.
-Yo, ¡yo! Yo sé cómo termina la historia… -Le interrumpió aun con una risa a medias
-¿Hmm? –Atenta le dejo hablar, era agradable ver como el siempre cambiaba las historias y hacia finales chistosos. Fuera de lugar, absurdos, pero sin malas intenciones.  
-El caballero se armo de valor y se fue al aeropuerto más cercano.
El timbre se escuchó, estaba amaneciendo y la luz se filtraba por la ventana. Se levantó sin alejar el celular de si para escuchar mientras atendía la puerta.
-Viajo por 3 horas en avión y se subió a un taxi, ¡el taxi más rápido del reino! 
-Aja… -dijo sonriendo, la vuelta moderna de aquella historia de caballeros y damiselas se había convertido en algo totalmente distinto pero no le detendría y seguía escuchándole mientras se ponía las pantuflas. El timbre había dejado de sonar.
-Cuando llego hasta la damisela, rompió el hechizo tocando 3 veces a su puerta.
Los 3 golpes en la puerta ahora eran inquietantes, dudo un instante y rió a medias. Eran casualidades. Abrió la puerta y de espaldas alguien estaba hablando por teléfono también…
-Entonces, cuando la damisela abrió la puerta y el hechizo de distancia estaba a punto de romperse… -La persona se giró, el cabello rubio y la amplia sonrisa acompañada de ojos claros de siempre.-
-¿Joseph? –dijo sorprendida sin alejar el celular aun, incrédula.
-Exacto, ella lo reconoció instantáneamente porque el era guapo y valiente… -Dijo acercándose un paso más, viéndola sin dejar de sonreír alejando un poco el celular- y como en los cuentos, la beso como jamás había podido hacerlo porque la amaba y no pensaba dejar que la distancia le mantuviera mas tiempo lejos...
-Pero... -Susurro aun sorprendida, no creía aun que estuviera sucediendo
El cerro el celular y le abrazo sin temor alguno, sin dejarle preguntar nada. Como si aquella mujer le perteneciera. Inclinándose a por ese beso que había descrito, con el cariño que había estado contenido y que ahora se hacia un gesto.

Era una mañana de San Valentín. Los aspersores regaban el césped y el cálido clima recordaba ese verano que estaba a medias, fragante y brillante. La pantalla del celular aún estaba iluminada cuando esa delicada mano femenina que lo sostenía, rodeo el cuello de aquel desconocido que tanto conocía.

Esta es una historia de romance de época. De época de tecnologías, donde los dragones son los costos y las maldiciones son los conceptos sociales de “normalidad”. Quien quiere, vence y quien no lo intenta, perece.
Esa mañana de febrero, el caballero venció la maldición de la distancia para estar junto a su damisela. 

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