Personas en Navidad

TITULO: PERSONAS EN NAVIDAD
PERSONAJES: 
Doncella, versión adaptada.
Joseph, versión original.
POR: 
Génesis Finol
de Enero del 2013

 “- … -una pausa breve y luego una sonrisa tenue y culpable en la comisura de sus labios- No lo sé, pero esta vez… Es más importante para mí ser feliz, que lo que pueda decir la gente. –Colgó la llamada mientras la voz alterada de alguien al otro lado le reclamaba aun.”



4:00pm 24/Dic. Afueras de la ciudad.

-Te he dicho que la navidad en esta casa es un desastre pero, ¿no vendrás? ¿Quién supones que hará la cena?
-Lo siento…
-¡Mamá te odiara!
-Lo siento…
-¡¿QUÉ DIRÁ LA GENTE?!
- -una pausa breve y luego una sonrisa tenue y culpable en la comisura de sus labios- No lo sé, pero esta vez… Es más importante para mí ser feliz, que lo que pueda decir la gente. –Colgó la llamada mientras la voz alterada de alguien al otro lado le reclamaba aun.

Al salir de esa cabina telefónica, la presión de mentir había sido liberada; habían pasado varias horas de suplicio para esa mujer que se acomodaba la bufanda, con una sonrisa melancólica en el rostro. Su familia era estricta, mas había escogido tener una navidad distinta y a sus 23 años; se sentía capaz de darle la vuelta a sus propios designios morales, se sentía capaz de cambiar por una vez.

Avanzo entre la gente, sus pasos torpes mientras su esmeralda mirada se quedaba en una que otra vidriera. Era un pueblo pequeño a las afueras de la ciudad y ella solo era la tímida mesera de un restaurant sin prestigio. Recorría con la mirada esas ropa para niños en el exhibidor, imaginándose cosas que quizá eran lejanas y de nula probabilidad mientras; la nieve se acumulada en su cabello largo, castaño y trenzado.

 6:00pm 24/Dic Estación de trenes en el centro de la ciudad.

-¿Y qué?
-¿¡En serio estas renunciando!?
-Sep. –Rio con gracia inclinándose hacia atrás en el asiento del lujoso automóvil.
-No puedes, no acepto una renuncia de este tipo. ¿Es que tu profesionalidad se la llevaron las fechas festivas? Esto es un capricho tuyo, hace una semana estabas inconsciente en un bar. ¿Recuerdas? En la pauta de hoy habrá mujeres, alcohol, comida, no necesitaras nada; tendrás una anfitr-
-Ya, ya, no sigas… -le interrumpió, viendo el reloj sobre la entrada de la estación. Distraído y con la sonrisa en el rostro aun- No quiero nada de eso y agradezco que fueras mi manager pero ya no es necesario. –abrió la puerta, bajando del auto sin dejarle refutar; abriendo la puerta trasera para sacar un bolso.
-Pero, ¡no puedes! –Sostuvo el bolso, aferrándose a él para no dejar que ese hombre se fuera o al menos le escuchara- ¡TIENES UN CONTRATO!
El rubio negó con el rostro, halando el bolso y quitándoselo de las manos a esa mujer de traje y gafas. – ¡Demándame! - le dijo con una amplia sonrisa antes de lanzar la puerta del auto, sin detenerse a escuchar la bocina; entro a la estación buscando en su bolsillo hasta conseguir un ticket.

La simpatía de su expresión atraía miradas de reojo. Más él seguía caminando con el bolso a cuestas. Esa ciudad era gigante, atrás quedaron los edificios y sin pena de una posible demanda, sin trabajo y sin más que el contenido de ese bolso; solo se iba sin mirar atrás.

Su departamento, sus amistades, las fiestas, los excesos y las noches de compañía fugaz no se repetirían. Pero no se sentía mal por nada, no se arrepintió de sus decisiones y no pensaba hacerlo después. Se recostó en el asiento donde pasaría las siguientes horas de viaje. Respirando profundo cerró sus ojos celestes y se colocó los auriculares con esa composición de piano que tanto amaba… suspirando en la soledad de un viaje sin vuelta atrás.


* * *


La nieve caía, era una víspera de navidad blanquecina y mágica. Era similar a esas escenas que Charles Dickens suele narrar en sus historias. El poblado silencioso y algunas personas pasaban de jornadas extra de trabajo a sus hogares, sosteniendo bolsas con regalos o comida para sus hogares. Era un cuadro pintoresco, aburrido para quienes están acostumbrados a vidas más activas pero, perfecta para quienes vivían en armonía con la paz.

Los villancicos cerca de la estación de trenes, mas allá una línea de taxis vacía y la parada de autobús donde no había nadie.
Dos personas caminaban, tranquilamente. Avanzaban en un mundo aparte, ella sostenía su brazo y el sostenía su mano sin intenciones de dejarle alejarse.

-Y ¿habrá galletas? –pregunto el rubio, viéndole de reojo.
-Sí, galletas y chocolate. –afirmo esa mujer de cabello trenzado, con una voz serena y amable. Recostada en su brazo mientras andaban al mismo paso.

Eran una pareja distinta; ella tan pasiva y el tan despreocupado. La caminata se hizo corta, ya pasaban de las 11pm cuando divisaron esa casa pequeña donde la mesera vivía. Era un campo blanco, un puente de piedra antes de continuar la calle cubierta de nieve también. Vivía a las a fueras del pueblo, esa cabaña rodeada de un cercado pequeño era lo mejor que podía pagar con su humilde modo de vida pero, no era ambiciosa y era feliz allí. El rubio no se había fijado en nada de ello, para él era la mejor casa del mundo aunque divisaran una cueva; lo único que pensaba era en soltar ese pesado bolso y abrazar con ingenuidad a esa mujer que le acompañaba. Pero, se detuvo el andar de ella.

Dejo de sonreír un instante y se separó de él, tomando la distancia suficiente como para no soltar la mano amplia que sujetaba la suya.
-Joseph, yo…-Pronuncio, con una voz distinta. Tenía las mejillas rosadas por el frió y veía sobre su hombro, esperando que nadie estuviera cerca para seguir hablando.
-¿Qué pasa? –se giró, viéndole preocupado.
-Quiero decirte algo pero… -trago pesado. Pensativa y cabizbaja.
El sujeto su mano más fuerte, frunciendo el entrecejo y con preocupación asintió. –Si no quieres que nos casemos, está bien; entenderé. No es necesario que me mude, sé que debe ser un paso arriesgado porque tu familia no me conoce pero…
Ella negó con el rostro, acercándose para cubrir su boca con la mano que estaba libre; fría y suave. El soltó el bolso para sujetar esa mano también, alejándola de sí. –Dime que sucede… -pidió en un murmullo acercándose un paso más, con temor infantil a que se alejara de sí.
-Seremos padres… -murmuro en voz baja, sin atreverse a mirarle. Apenada y nerviosa; la calidez de las manos de él era reconfortante, pensó ella en ese momento.

El susurro del viento frió  una ventisca se avecinaba al parecer. Los inviernos más duros eran en aquella zona, el rió permanecía congelado bajo aquel puente de rocas oscuras y un árbol dejo caer un trozo de nieve ante el movimiento leve de esa brisa que le saludo a medias.

Hay personas que aman, personas que sueñan con sueños que son cosas imposibles o simplonas. Existen personas que le temen a las responsabilidades y prefieren distanciarse del amor a atarse al compromiso de cualquier modo. También existen esas personas que no aman, que se aprovechan de las situaciones y las usan como excusas.Dicen, que los humanos somos todo eso a la vez, que somos cobardes soñadores amantes de las excusas para enamorarnos y que algunos morimos de soledad por ello y otros en un vuelco imprevisto, un vuelco al corazón sin opción a negarse; caen en irrefrenables situaciones que solo se pueden disfrutar una vez.

El rostro de ese hombre se quedó tal cual, permaneció inmóvil un momento antes de retroceder. Soltando las manos de ella. Se llevó una mano al cabello, despeinando sus rubios mechones irreverentes y viendo a esa mujer… Preguntándole con la expresión. Ella le miro, asustada de su reacción. Joseph se acercó y le abrazo en silencio, viendo al cielo nublado de una posible nevada más, de una noche buena silenciosa.

-Lo siento… -murmuro, con temor creciente y vergüenza a la vez.
El negó con el rostro y se alejó. Le vio a los ojos, sosteniéndole por los hombros. Ambas miradas se encontraron un momento.
- ¿Estas segura?- pregunto apretando la mandíbula. Ella asintió, trémula separando sus labios para volver a disculparse o decirle algo que le hiciera entenderla; pero el había estado conteniendo una sonrisa que no pudo retener más y la blanca dentadura le delato en una expresión de alegría total.

Se alejó de ella varios pasos, lo suficiente para dar un salto en mitad de la calle levanto los brazos.
-Voy a ser papá ¿Escucharon? ¡Voy a ser papá! –repitió, usando sus manos para llegar más lejos con su voz. Aunque no había nadie a unos 2 kilómetros, el campo cubierto de nieve permaneció tan silencioso como en momentos antes. Regreso en sus pasos, volviendo abrazar a esa mujer que se cubría el rostro con las manos, apenada de la reacción de él. El sollozo de ella le hizo alejarse. -¿Qué pasa? Todo estará bien.-dijo abrazándole con más fuerza, son poder contener esa felicidad estúpida que le oprimía el corazón.

Ella asintió. La misma felicidad que compartía con él, le quitaba el aire para hablar si quiera.
-E-es, es que… estoy tan feliz… -musito en un llanto a medias. Abrazándole también para ocultar su rostro en el.- Feliz navidad.
-Feliz navidad… -rió besándola en la frente, feliz.

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Saludos, felices fiestas y… Ah, sí, que final el del texto. Ya lo sé. Espero que al menos el contexto les agradara porque ha sido tedioso redactar un “final feliz”. 
Soy una Doncella gris, no sé qué pasa cuando llega la hora de las cursilerías y cosas emocionales-felices, me vuelvo una inútil.

He redactado este texto unas 4 veces, hay borradores del mismo por doquier. (En una servilleta, en mi libreta y en mi agenda digital también.) Pero bueno, acá está el final al fin. 
El personaje masculino es prestado, gracias a la colaboración aprendiz del mal. 
Felices fiestas atrasadas a todos. 
Comenten, no les tomara mucho y me ayudaran a mejorar.

2 comentarios:

  1. Cuando dices: -se alejó de ella- Deberías especificar un poco mas... Me daba la impresion de que en realidad se alejaba como 10 pasos de ella! xD Son pequeños detalles que confunden pero lo demas está bien... Típico final continuo.

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    1. Corregido. Gracias por la observación.
      Estoy experimentando con el manejo de escenarios, estoy experimentando con muchas cosas en realidad.
      Si, típico final horrible, no se ni como lo cerré tan mediocremente pero no se que pasa con los finales felices.
      ¡Gracias por leer!

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Gracias por comentar.