El fuego de una venganza en navidad


TITULO: EL FUEGO DE UNA VENGANZA EN NAVIDAD
PERSONAJES: 
Anette, versión adaptada.
Viktor, versión adaptada.
POR: 
Génesis Finol
1 de Enero del 2013

 “Pensativa, la jovencita se agacho y negó con el rostro. –Me quedare aquí y me vengare por lo que han hecho todos.- levanto la mirada, decidida- de ti también.


Mientras el fuego consumía las carpas del campamento, las tres siluetas de un joven fornido, una chica de baja estatura junto a él y un animal cercano a la chica de trenzas; observaban los tres en silencio ante ese fuego se alzaba de manera casi mágica.

*   *   *
El escuadrón militar número 43 había llegado al poblado de aquella comunidad semanas antes. Era diciembre de un año desconocido y la guerra con las personas, la comida y la humanidad de esa sociedad. 
Como todas pestes ideológicas, destruía raciocinio de habitantes que se quedaban sin nada al marchar de los militares. Estos arrebataban en nombre de la causa, todo alimento y riqueza por donde pasaban.
Entonces, el único objetivo intacto había sido aquella granja abandonada lejos pero cercana al campamento. Los militares marcharon al paso agitado de rapiñas hambrientas de nada y la muerte de una de las dos únicas habitantes fue lo único que dejo a su paso.

La pequeña castaña de trenzas, de 17 años; rebelde y desarreglada. Permaneció abrazada a esa mota de pelos que era un zorrillo monocromático, una mascota muy rebuscada pero amada a su modo. Estuvo entonces esa chica y su mascota, ocultas por 3 días en la parte de arriba del establo vacío. Comiendo esas moras que había salido a recoger cuando su hermana murió sola en la casa de la granja; los gritos y ruidos le hicieron ocultarse por instinto, mas ella no sabía nada pero lo calculaba. Inexpresiva, autista, permanecía vedada del mundo real aun cuando no había pasado nada.

Diciembre iba a llegar a mediados cuando alguien decidió entrar al granero que servía de guarida, la luz cegó a esa chica. Su mascota se adelantó ante quien llegaba al lugar; dispuesto a atacar con su fétida habilidad.
Era un soldado, dispuesto a disparar apunto al su nuevo “enemigo”:
-NO- salió de su escondite esa granjera adolescente.
Ese chico de cabello oscuro frente a ella ahora… No bajo el rifle  hasta que distinguiendo en la voz de una mujer joven, lo dejo a un lado.
-¿Quién esta allí?
-Váyanse, es mi casa; son mis animales, váyanse. –Respondió, recogiendo a su mascota.
-La dueña ya no está, esta tierra y su contenido es propiedad militar. Identifícate.
Salió de las sombras, despeinada; sus pies descalzos y una ansiedad contenida. Aferrada a su mascota y ahora que “no estaba” su hermana, su único familiar.
-No tiene sentido, váyanse. Este lugar no es de ustedes…
-Créeme que si dependiera de mí, me habría marchado hace meses. –respondió, sentándose en un muro de paja junto a su rifle mientras sacaba algo de su bolsillo.-Pero eso tendrá solución pronto… -murmuro para sí mismo mirando de reojo a la puerta.
-¿Por qué no se van? No me importa su guerra, no me importa que quieran buscar. Quiero quedarme con mi hermana y comer mucho en navidad. –refunfuño, inocente. A su modo solo era una niña; permanecía de pie mientras la cola de su mascota le acariciaba el mentón.
-Porque somos animales, saciamos el ansia de muerte y poder nada más. –la miro de reojo, mientras desenvolvía algo. Entrecerrando los ojos antes de volver a mirar lo que sería una barra de chocolate- Tu hermana está muerta. Nos iremos mañana. Permanece oculta si no quieres terminar igual. –agrego mientras masticaba.

Guardo silencio, sentándose en el suelo donde estaba de pie aun. Cerca de la escalera para subir al segundo nivel del granero. Pensativa. Odiaba que sus cálculos fueran correctos, miro a la mofeta y negó con el rostro; el animal bajo la cola y se escondió entre la tela de la braga de jean que usaba su dueña.

Era difícil, quizá tan difícil como para ella como para ese que yacía acostado comiendo. Que le veía de reojo frunciendo el entrecejo y dejando de masticar. Se aclaró la garganta, tratando de llamar su atención. -¿Cómo te llamas?- pregunto, rascándose la nariz. Pero no recibió respuesta, el silencio era tenso y el ambiente incomodo; se sentía culpable y era algo que no pensaba soportar. –Me llamo Viktor. ¿Tienes hambre? –le extendió la barra de chocolate, aunque estuviera aún lejos de ella. Pero no recibió respuesta de nuevo. Frunció de nuevo el entrecejo, mirando a un lado; se levantó tomando el rifle, acercándose antes de marcharse. Dejo el chocolate cerca de esa chica sin nombre, en el momento en que un grito masculino llamo.

-¡DESTACAMENTO EN ORDEN!

-Regresare… no salgas. –le pidió antes de marcharse, cerrando con atención la puerta.

Más tarde ese día, alrededor de la media noche. Regreso a ese granero que habían ignorado sus superiores, sosteniendo una lámpara apagada.
-pss, pss… - trato de llamarla en la oscuridad, la barra de chocolate no estaba en el suelo ya, busco alrededor sigilosamente hasta que se topó con los brillantes ojos del animal; que estaba dispuesto a atacarle por la espalda. Retrocedió para evitarle y tropezó con la chica que buscaba.

-¿Qué quieres? –pregunto con resentimiento obvio en la voz, era normal. Era el único militar que había visto aunque no se había fijado en sus ojos celestes ni en el cabello azabache que tenía corte rectangular.
-Me iré, ¿me quieres acompañar? –en voz baja, miraba de reojo a su espalda cada tanto; atento de que la mofeta no le atacara.
-¿Se irán todos?
-No, yo me iré. Solo yo, nada más.

Era descabellado, no sabía porque; sus planes eran claros. Pensaba desertar. Había agregado somnífero a la comida horas antes, mientras estaba en el granero todos se engullían los que ahora les impediría despertar. Aunque tuvo que sacrificar su cena, estaba dispuesto a irse de ese infierno con órdenes y muerte por doquier. Escaparía, incluso había dejado cerca del granero su bolso horas antes también.

Pensativa, la jovencita se agacho y negó con el rostro. –Me quedare aquí y me vengare por lo que han hecho todos.- levanto la mirada, decidida- de ti también.

Se sintió mal de nuevo, haciendo un gesto de inconformidad lanzo la lámpara al suelo.
-¿Qué rayos crees? Mucha gente muere, porque esa mujer ya no este ¿¡Te piensas arriesgar a morir también!? No tengo idea de quién eres pero no es mi culpa si la mate, fueron órdenes y si no vienes conmigo; alguien más te matara a ti y no se arrepentirá como lo estoy haciendo yo ahora. ¿Entiendes?

La voz alterada habría despertado a cualquiera que estuviera dormido cerca de allí pero no sucedió nada. Se desahogó enormemente y con la respiración agitada, se inclinó para recoger la lámpara y dar la vuelta. No debería importarle lo que le pasara a esa desconocida, no debería importarle lo que hizo; solo debía irse, lo había decidido después de recibir la orden de asesinar a esa mujer ultrajada varias veces. La olvidaría, olvidaría esa escena mientras se alejaba de ese sitio;  pasaría esa noche buena en un bar donde nadie le reconocería y empezaría una vida nueva. Planificaba mentalmente mientras se acercaba a la puerta, encendiendo la lámpara antes de salir.

La chica estaba callada, guardaba ese silencio frió escuchándole. Los gritos, la actitud y la idea de tener frente a ella el asesino de su hermana. –Iré contigo.- Musito, levantándose para acercarse a él, su rostro reflejaba la mala alimentación de varios días oculta. Viktor asintió, en silencio también; saliendo del granero prefirió no preguntar nada, aún estaba alterado y no sabía cómo podría terminar su rabia.

-Pero… -ella detuvo su andar tras él, varios pasos fuera de las amplias puertas de madera- antes, quiero hacer algo. –extendió la mano, esperando que le entregara la lámpara que el tenia. En una intención obvia, todo sería diferente a lo que había planeado y aun así cedió, entregándosela sin preguntas otra vez.

*   *   * 
Entonces estaban ahora en una colina cercana aquel campamento, la granja se veía apenas. Grandes llamaradas cubrían la estepa y los quejidos de personas a medio despertar, que se quemaban sin poder escapar al fuego que les rodeaba de sorpresa.

-Me llamo Anny y él es Ló. –Susurro en una voz más calmada, mientras el fuego le iluminaba el rostro, que aun tenia algunas pecas de esa infancia no tan lejana a ella.- ¿Es navidad? Viktor.

-Sí. –respondió con seriedad natural en él, se sentía tranquilo a pesar de estar con una pirómana viendo aquella masacre lastimera; donde morían sus compañeros. Pero no le importaba, se sentía libre y era lo único que importaba.

-Entonces, feliz navidad. –dijo ella, con la mirada fija en el fuego. Saciada de esa sed de venganza que había sentido aunque fuera navidad. 

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