Sin final feliz


TITULO: SIN FINAL FELIZ

PERSONAJES:
Doncella; personaje original de El Jardín de la Doncella
POR: Génesis Finol
28‎ de Julio de ‎2012

“ Horas antes, los ladrones revisaban, buscaban aquí y allá mientras ella permanecía ataviada en una silla del pasillo que daba a la cocina. Estaba inconsciente pero empezaba a despertar.
--¡No dejes que nos vea la cara! – Un segundo golpe le volvió a desmayar- “

  
Había una vez, una mujer de largo cabello trenzado.
Románticamente así habría empezado una historia de final feliz al menos, pero la sangre que apenas goteaba de su mano hasta el suelo, espesa y carmesí no era la de una imagen de un final muy feliz para la protagonista de esta historia.

Habían pasado 6 horas desde que entraron a su casa. Vivir sola siempre había sido una opción criticada por los demás, peligrosa pero… ¿Era su culpa? Se había enamorado y no le habían correspondido, una mártir de película dramática que creía en la soledad al no ser aceptada por quien amaba y relegarse al aislamiento muy lejos de cualquier familiar era lo que creía mas indicado al ser una “mujer capaz”.

Horas antes, los ladrones revisaban, buscaban aquí y allá mientras ella permanecía ataviada en una silla del pasillo que daba a la cocina. Estaba inconsciente pero empezaba a despertar.
--¡No dejes que nos vea la cara! – Un segundo golpe le volvió a desmayar. 

Ser femenina y frágil no era útil en esos instantes y el perro que jugaba en el jardín no era útil como le habían prometido el artículo de la revista que recibía por correo semanalmente.
Su error era recuperarse fácilmente, ahora volvía a despertar para encontrarse en el suelo, atada aun y con una venda en los ojos mientras alguien caminaba de un lado a otro cerca de donde estaba.
--¿Que les hice? Llévense todo pero no me hagan nada… -Su voz asustada le delataba como victima inocente ante la inconciencia de aquellos delincuentes. 
--¡Cállate!

Habría sido suficiente con esa orden, no necesitaba que le golpearan el estomago para dejarla sin aire y con un amargo sabor en la garganta. Guardar silencio era la opción más prudente, pensaba ella. Pero su suerte no era buena, paso a pensar en la gente que podría ayudarle pero nadie vino a su cabeza y termino victima de un llanto desesperado y silencioso.

-- ¡Se ha puesto a llorar! –El grito inconforme de una de esas voces no le calmo para nada, e incluso, más aun su llanto aumento cuando este le levanto sosteniéndole por la trenza
-- Resuelve, pero sin dejar pistas. Aun falta mucho por sacar.

Y así fue como ese hombre sin nombre, sin rostro y solo con un aliento horrible y unas manos ásperas le sujeto por el brazo para arrastrarle unos metros. Ella no pensó que su casa se haría un lugar desconocido. No tenia idea de que parte estaba, que piso era por el que le arrastraron tanto, solo sabia que tenia miedo, que estaba tan asustada como para seguir llorando con desesperación esperando que alguien le ayudara, inocentemente creía que ese delincuente podría irse y dejarla tranquila, tan serena como vivía siempre.

-- ¿Te gusta llorar? Te daré motivos para que grites, nadie te escuchara.
En cualquier aspecto era siniestro, aunque el hecho de que se lo hubiera susurrado ya había cruzado el limite mental que la chica de ojos castaños podía soportar como trauma emocional, ya que el hecho de que la lengua que le rozo la mejilla era la misma que le había amenazado de tal manera era un agregado que perturbaría a cualquiera en una situación como esa.

La tela rasgada, el grito ahogado en la palma de una mano que le asfixiaba y los golpes constantes que recibía contra la cabeza, el torso; quizá un esguince en una de sus pálidas manos que permanecían atadas en su espalda al ser levantada y empujada contra el suelo repetidas veces, constantemente en mitad del forcejeo.

Las cosas malas suceden lentamente, aunque sean minutos. En la mente de quien esta detrás de los ojos vidriosos, de la mirada borrada muestra de que ya “no siente”. Es una situación de satisfacción incomoda para el perpétrante de una violación donde él se lleva algo, se lleva el alma inconsciente de una persona que se niega a compartirse a si misma con el o con cualquiera de los presentes.
Así, no hubo mas grito, no hubo mas queja; pero el dolor era incipiente, entonces pensó ella en que si habría preferido las patadas en el estomago y los golpes en la nuca, incluso que le hubieran cortado la piel habría sido mas leve. Pero, que mas daba; ya no tenia nada y llorar por eso no solucionaba. La ultima lagrima amarga que se asomaba en su ojo decidió acompañarla cuando ese desconocido se alejó de ella, dejándola tirada. Una muerte emocional, psicológicamente si el arma que el segundo sujeto sostenía no hubiera sido detonada en dirección de ella; no sabia si su vida volvería a ser esa vida calmada que con tanto masoquismo ella adoraba. Pensó en alimentar a su perro, en que la casa estaba vacía después del saqueo, incluso pensó en que su vestido estaba roto… Una sonrisa tenue se escapo de sus labios cuando sintió el sabor a sangre en su garganta pero no duro mucha esa tétrica degustación ya que una especie de asfixia causada por el carmín liquido embargo su tráquea y se escapo por sus labios en una tos manchada de sangre.

Los delincuentes habían discrepado, uno estaba inconforme y disparo 5 veces a la que, sin mucho problema y nula oposición, le había servido como victima de robo en casa. Mas el segundo delincuente, desesperante y animal, se aprovechó físicamente escudándose en que ella estaba provocándole. No había mas opción que hacer morir a quien ahora podía delatarles.

Entonces, esta historia era así, no tuvo final feliz, ella no vivió por siempre. El perro rasguñaba la puerta de la casa, tratando de entrar sin conseguir respuesta de quien antes, en vida, era su dueña. Ella estaba muy ocupada con su propia muerte. ¿Las cosas duelen después de morir? Quien sabe, pero ella sufrió lo suficiente… Quien diría que después de todo, las doncellas, en especifico esta doncella; no tenía sangre azul y que tampoco tienen cuentos con finales hermosos de “felices por siempre”.

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