Una vez le pregunte a un ángel.

Una vez le pregunte a un ángel, ¿Qué es el amor? El me miro a los ojos sonriendo, y respondió “Amor es solo una palabra, ningún sentimiento que parta del corazón puede ser expresado en una frase, mucho menos en cuatro simples letras” Yo no le entendí, los humanos le damos nombres a las cosas para comunicar como nos sentimos, lo que deseamos, lo que buscamos, ¿Si el amor no puede corresponder a la palabra amor entonces a que debe hacerlo?  No entendí absolutamente nada, y me desperté con un amargo sabor en el corazón.

Esa tarde de septiembre la sala del  apartamento estaba atestada de policías, se escuchaban los pasos acelerados de una mujer de un lado a otro, con una sincronía meticulosa, su cabello rojizo se movía elegantemente, tenia ella unos rizos perfectos, su silueta era estilizada, femenina, su piel blanca como si se tratase de una muñeca, labios perfectos, busto perfecto, piernas perfectas, todo en ella apuntaba directamente a una perfección casi paranoica, contaba con sus dedos mientras respiraba una y otra vez, una y otra vez, marcadamente, finalmente se detuvo en medio de la sala llevándose los dedos a la boca mordiéndolos hasta que un delgado hilo de sangre comenzó a aparecer en sus labios. Otra mujer que rondaba la tercera edad se acerco a ella acercándole su mano intentando calmarla, la pelirroja la golpeo con una soltura increíble y  dejo salir un grito utilizando todo el volumen que sus cuerdas vocales podían proporcionarle. Todos los presentes la miraron, bajando el rostro, esquivando su mirada o simplemente dándole la espalda, ella les dedico una mirada a todos y cada uno de ellos, luego simplemente camino hacia una de las habitaciones arrojando la puerta con premura y dejando que el eco de su grito se difuminase lentamente en el ambiente. Sobre la mesa había un periódico cubierto por una mancha de café que había convertido en un espectro borroso la foto que estaba en primera plana… ese día, esa tarde de septiembre, Kurosawa Shin había sido secuestrado.


La habitación en la que se encontraba estaba sumida en una profunda oscuridad, a penas deslizo su mano derecha por la pared una serie de al menos 9 pantallas se iluminaron, el silencio había empezado a ser cubierto por un zumbido seco, electrónico, en las pantallas se mostraban documentos, mapas, fotografías de algunos lugares, en la pantalla central, la más grande de todas había una ficha con información acompañada de una fotografía de un hombre que rondaba los 26 y cuyos ojos eran uno azul y otro rojo. Miro las pantallas, repasándolas, como  un niño que retoma la tarea, separo sus labios mostrando apenas los dientes apretando con fuerza, aquella mujer tomo un teclado dispuesto frente a los ordenadores y dejo caer su cuerpo sobre el suelo, un quejido de molestia se fugo de sus labios mientras el sonido de las teclas se hacía cada vez más pronunciado. Esa mujer era habilidosa con la tecnología, sabía hacer cualquier cosa relacionada con los ordenadores, los móviles y todo lo demás… legal o ilegal no importaba, simplemente lo haría todo.

Dos días después me volví a encontrar con el mismo ángel, esta vez caminábamos tranquilamente por una playa, descalzos, las olas golpeaban la orilla y se alejaban como temerosas de adentrarse en un mundo de aire y azúcar, esta vez mire a aquel ángel y le pregunte ¿Entonces por qué la gente sufre cuando ama? El de nuevo me miro a los ojos y me dijo “El dolor es solo una palabra… al igual que el cuerpo te advierte cuando estas herido con una sensación desagradable así mismo te sana, entonces, es por ello que eso a lo que gustas llamar dolor no es más que tu alma advirtiéndote que estas siendo curado, purificado… es la llama que antecede a la creación de tu nuevo mundo, de tu nueva alma, de tus nuevos ojos” Ladee la cabeza por un segundo, y esta vez tampoco le entendí nada.

Habían pasado dos meses desde entonces, la policía seguía el rastro de aquel hombre fervientemente, la notica había sido esparcida por toda la ciudad no había un solo ser en todo el lugar que desconociera el rostro de aquel hombre, su reputación era alabada, pisoteada, tergiversada pero en algo se superponían todas ellas, aquel sujeto de ojos singulares era un pez gordo, su abuelo había muerto dos años atrás dejándole al mando de una larga cadena de hoteles, que abarcaban el país de un extremo a otro, su cuenta bancaria era algo con lo que muchos soñarían, esa debía ser la principal razón para que aquel hombre fuese secuestrado. Pero algo estaba saliendo mal, si la razón para secuestrarlo había sido su dinero entonces por que no se habían puesto en contacto para pedir rescate, el hecho era aislado, no había testigos, el mayordomo y el chofer habían sido asesinados, nadie sabía nada, los que lo habían capturado no se habían puesto en contacto con nadie.

Aquella mujer pelirroja seguía buscando, no ayudaba a la policía, los consideraba inútiles, para ella la única verdad era la que podía corroborar, escudriñar y apoderarse de ella por sus propios medios, sus perfectos rizos estaban deshechos, su sedoso cabello había sido victima del descuido, permanecía frente a los ordenadores todo el día, sus ojos de movían a través de las pantallas de un lado a otro, un iPhone de color rojo corto el zumbido metálico inundando el lugar con una canción de alguna banda inglesa, sus ojos se posaron aquel aparato, era el jefe del departamento de policía. Al menos una semana antes había tenido un encuentro con ellos donde la pelirroja les había pedido toda la información sobre el caso, ellos se negaron evidentemente afirmando que era confidencial, el jefe del departamento la llamo a hablar en su despacho y le ofreció un trato “Puedo darte la información que deseas si me ofreces algo de interés, una buena suma, o una buena noche” ella lo miro a los ojos y respondió “No tengo por qué negociar información, y menos con usted” saliendo del despacho como alma que lleva el diablo. Ella tomo el iPhone entre sus manos oprimiendo “Decline” segundos después lo silencio, el aparato continuo moviéndose hasta las 2 de la mañana
Finalmente el caso había sido enfriado, el jefe de policía dio una rueda de prensa alegando que no había pruebas suficientes para continuar, y que el hecho de que los secuestradores no se hubiesen puesto en contacto con la policía indicaba que probablemente Kurosawa Shin hubiese muerto. Pero ella no lo creyó, no le había creído en primer lugar a aquel hombre. Pasaron otros dos meses mas y ya nadie hablaba del tema, al igual que una moda se había ido casi tan rápido como había llegado, los seres humanos a veces podían ser un poco banales, a pesar de que pasaran por un lugar no pueden entender que todo detrás de ellos quedaría perfectamente igual, siguen pensando que son el centro del universo, olvidándose del concepto de “sociedad” que ellos mismos han impuesto.

Ella se había quedado estancada en el tiempo espacio, en el recuerdo de que aquel hombre había desaparecido y a pesar de que lo daban por muerto ella continuo buscando, había rastreado hasta la ultima pista, husmeado hasta el ultimo archivo y no había encontrado nada, nada, aquella pelirroja estaba frustrada, enojada su especialidad era obtener información pero no podía con algo tan simple como encontrar a alguien. Las dudas comenzaron a llegar, era imposible que si estaba dentro de la frontera del país no pudiese encontrarlo, algo así jamás había sucedido… había entonces la posibilidad de que estuviese muerto… se llevo las manos al pecho y dejo salir un chillido tétrico, como cortado, algo en su pecho dolía pero estaba segura de que no tenia ninguna herida, su torso se balanceaba ligeramente hacia delante y hacia atrás, no podía detener el dolor, le molestaba, se apretó la camiseta aquel chirrido comenzaba a llamar la atención del personal de servicio, un par de mujeres vestidas de empleadas domesticas abrieron la puerta
-Señorita, ¿Qué sucede?
--No hubo respuesta, el chirrido de sus labios se hacia mas fuerte-
-No te quedes ahí para hiyama, ¡llama al doctor! ¿Le duele algo señorita?
--ella permaneció en silencio balanceándose haciendo memoria de las cosas que había hecho, intentando descubrir el origen de su dolor, un mayordomo apareció también-
-¡Caín! –Exclamo aquella mujer de servicio- Levántala y acuéstala en la cama, pero con delicadeza, eres un salvaje para todo
-S-salvaje… -murmuro finalmente la pelirroja- salvaje, salvaje, salvaje –repetía incesantemente, esa palabra le recordaba a algo, ¿pero que era? Continuo murmurándola en un tono casi imperceptible hasta que finalmente logro armar un recuerdo -salvaje, comida, amenaza, amigos… rubia, lentes, pingpong, índigo… La rusa -eso era, como no lo había pensado antes-
Cuando ella se fue y la dejo atrás había perdido casi todo contacto con aquella familia, pero sabia que si alguien podía encontrarlo entonces serian ellas, se levanto como alma que lleva el diablo, sabia que había guardado el numero en algún lugar entre sus cosas, prendió a correr, pero la falta de alimento, el cansancio y el sueño comenzaron a hacerse notar, a veces resbalaba y caía estrepitosamente, como un animal huyendo, pero del mismo modo se levantaba, no le importaba hacerse moretones, varios mayordomos intentaron detenerla pero esa simple mujer era cualquier cosa menos indefensa, barrio con ellos sin ningún problema, comenzó a subir las escaleras tropezando un par de escalones, se sujeto de la barandilla y continuo subiendo, pasando por el corredor finalmente llegando a un habitación en donde solo había una cama de estilo occidental y un enorme closet. Jalo la puerta del closet y saco una caja vaciando su contenido en el suelo, comenzando a escudriñar los objetos.
Sus ojos se iluminaron ligeramente, ahí estaba, su antiguo iPhone rojo, intento encenderlo pero estaba sin batería, tomo el cargador y se apresuro sobre la pared conectándolo con el tomacorrientes de una manera tosca, tomo el otro extremo del cable e intento conectarlo con el aparato la primera vez fallo, la segunda también, sus manos temblaban un poco, dejo salir un quejido molesta, respiro profundo, y conto 1, 2,3 entonces lo intento de nuevo y esta vez lo logro. El iphone tardo unos segundos en reaccionar menos de lo que tardo ella encendiéndolo. Busco en la agenda telefónica un par de veces, cuando encontró lo que buscaba oprimió la tecla marcar, una profunda voz masculina respondió en ruso.
-¿Hola?
-Comunícame con Juliette -se escucho un quejido y un pequeño murmuro, segundos después una voz femenina se escucho del otro lado-
-Buen día.
-¿Juliette?
-Oh, eres tu, tanto tiempo sin saber de ti, dime, ¿como van las cosas?
-Se lo han llevado… lo han matado… no puedo encontrarlo…
-Cálmate, ¿de quien me hablas?
-De el, del estudiante de tercero…
-¿Kurosawa?
- Necesito pedirle un favor
-Ya veo –aquella mujer del otro lado guardo silencio unos instantes, el sonido de unas gafas moviéndose se coló a través del teléfono- esta bien, enviare a alguien a buscar desde aquí.
-Prometo regresarle el favor
-Se que lo harás, se que lo harás. Parece que has cambiado mucho, tal vez fue una buena idea dejarte en Japón An… -el teléfono se corto, la pelirroja lo miro, al parecer se había quedado sin crédito-

Mi tercer encuentro con aquel ángel fue en un estrecho pasillo, conocía aquel lugar perfectamente pero no podía recordar donde estaba, una tenue luz marrón cubría las paredes, estábamos sentados uno frente al otro, nuestros pies estirados alcanzaban a tocar la pared mientras nuestras espaldas permanecían apoyadas sobre la fría pintura. El jugaba con sus pies mientras yo le miraba, encogí los míos llevándolos a la altura del pecho y pregunte ¿Cómo puedes Amar sin sentir Miedo? el siguió jugando con sus pies y me miro por un par de segundos finalmente dejo salir una pequeña sonrisa y respondió:-El amor es solo una palabra, pero no puedes sentir sino temes- Se supone que el amor es un sentimiento cálido que te llena de felicidad, no se supone que deba doler o que debas tener miedo para sentirlo -respondí casi inmediatamente aquel ángel me miro ladeando la cabeza y continuo- -El amor, es solo una palabra.-¡No! No lo es, el amor es un sentimiento no una palabra.-Nada que venga del corazón puede ser expresado en una frase y mucho menos en cuatro simples letras-¡No entiendes absolutamente nada! ¡Eso es absurdo por supuesto que puedo definirlo, tu conoces la palabra amor y yo también, eres completamente inútil, lárgate, no quiero que sigas mintiéndome! –aquel ángel me miro con tristeza, el día siguiente no regreso… y tampoco los días posteriores a ese-
Un año, 367 días para ser exactos, habían pasado ya… aquella perfecta pelirroja había sido internada en un hospital de especialidades psiquiátricas, todos alegaron que estaba demasiado obsesionada con el caso de aquel hombre en el cual no había avanzado demasiado, estaba comenzando a deteriorarse su salud y para nadie era un secreto que aquella mujer sufría de Asperger, aunque ella jamás considero que fuese una incapacidad, ella era perfecta en su mundo, sin ninguna clase de problemas. Estaba ella tumbada en el suelo, leyendo un manual de algún aparato usado para la exanimación de los pacientes, se había negado a salir al patio y luego de forcejear un poco decidieron darle un trato especial, después de todo aun mantenía conexiones con los Kurosawa, la madre de aquel hombre se había sentado a la cabeza de la compañía, pero era un completo desastre, el buró de inversionistas la usaban como pantalla mientras ellos manejaban los negocios internamente, después de todo la madre de Shin jamás fue demasiado talentosa
Por esa predilección entonces, habían dejado que ella conservara su iPhone rojo, nada mas, revisaba su correo tres veces al día, cuando los guardias de aquel lugar tan parecido a una prisión los enviaban a dormir, sabia que si aquella mujer rusa encontraba algo le enviarían un correo o le llamarían, pasaron 368,369,370 días… y al día 371 finalmente recibió un correo, sus ojos se abrieron de par en par, los caracteres rusos hicieron que se le iluminase el rostro, finalmente tenia noticias de aquella mujer, abrió el correo presurosamente y luego de leer su contenido  se levanto de la cama y toco la puerta estrepitosamente pero al no obtener respuesta se detuvo frente a la cámara con el seño fruncido
-¿Cuánto dinero quieres para que me saques de aquí?
 La razón de por que los secuestradores jamás habían llamado a la policía era, por que en efecto eran demasiado estúpidos para contenerme, siempre que puedas descubrir las debilidades de los demás puedas manejar su psiquis a tu antojo, la razón por la que la pelirroja no había podido localizarme era por que habían logrado sacarme de Japón pero me las había logrado para sobrevivir en algún lugar de Taiwán, no fue fácil, pero lo había logrado, 373 días después un avión me llevaba de vuelta a mi país, al lado de aquella mujer. Finalmente volví a sonreír con sinceridad, estaba feliz, feliz de regresar, feliz de volver a verla. Cuando arribe en Tokio, respire profundo, la gente se quedo mirando como quien ve un fantasma, no podía borrarme la sonrisa de imbécil en mi rostro, un fugaz reflejo desde la parte de adentro del aeropuerto llamo mi atención, acerque mis pasos a la puerta y salí casi empujando a los demás, y ahí estaba ella… su cabello rojo rizado perfectamente, sus piernas cubiertas por un jean, su pronunciado pecho y su delgada cintura, su piel perfecta, sus ojos perfectos, sus labios perfectos. Me tomo casi 27 años entenderlo, las palabras limitan a las personas a un contexto plano, en donde pueden entenderse, la palabra limita el amor, llevar a alguien en tu corazón implica mucho mas que amarla, indica necesitarla cuidarla, tolerarla, entenderla, extrañarla, vivir para ella, por ella, que tus ojos se iluminen cuando la vez, que lo olvides absolutamente todo y reducir el tiempo y el espacio a un solo cuadro donde estés tu, y la persona que amas. Cuatro letras no alcanzan para expresar el amor, las palabras no son suficientes para expresar lo que siente el corazón, por eso el amor se basa en hechos y no en palabras que lo limiten, por eso cuando lo sientas no digas “Te amo” di, “Te llevo en mi corazón” pues es quizás, lo mas cercano a ese sentimiento.

-Lo siento, tus pockys me tomaron mas tiempo del que pensé –fue lo primero que le dije al mirarla, ella levanto el rostro a la altura del mío, su rostro se mostraba serio, extendí la caja de pokys hasta ella, lo siguiente jamás lo imagine, de sus perfectos ojos comenzaron a brotar lagrimas, su rostro estaba rojo, y confundido era la primera vez que la veía llorar, la tome en mis brazos apretándola contra mi pecho, no quería que nadie mas que yo la viese de esa manera- He vuelto, Anette –ella dejo salir un grito y continuo llorando, los reporteros no se hicieron esperar-

Aquella noche volví a encontrarme con el ángel, me disculpe por haberle tratado de esa manera, y le explique que finalmente había podido entenderlo, el me sonrió feliz, y me abrazo como si nada hubiese pasado. ¿Crees que este sentimiento puede hacer milagros? Pregunte finalmente, el se separo un poco y volvió a mirarme, entonces contesto “Llevar a alguien en tu corazón no hace milagros, el milagro es que lleves a alguien en tu corazón, eso hace que tu corazón vea cada hecho simple y pequeño como un verdadero milagro” asentí sonriendo, finalmente había logrado entender sus palabras.
Las cosas eran como eran, como siempre me decía ella. "hacemos lo que hacemos y lo que no, simplemente no lo hacemos". Cada vez que esa fría frase venia a mi como respuesta después de alguna pregunta producto de mi interés, recordaba porque ansiaba tenerla segura, terminar de "hacer lo que tenia que hacer" pero con ella, con esa pelirroja en mi vida. Quizá... Aun así. 380 dias después, le pedí Anette que se casara conmigo. 

Participación de Ing. Michell Quintero (Venezuela)
[Shin Kurosawa]
Pj del jardín
[Anette/version RIS]
4Historias de romance.
2012

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