Te haré feliz...

Rumba, rumba, rumba. ♫ -tarareaba un hombre-
Aquella mañana de febrero, el hombre de cabello corto y despeinado que andaba por la calle, casual y despreocupado. Disfrutaba del día soleado y cálido que el clima le brindaba aquella región en algún lugar del mundo. Sus pasos le llevaban sin rumbo, era alguien despreocupado. La luz en rojo de un cruce detuvo su marcha, mantenía las manos en sus bolsillos mientras veía la señal del icono en rojo, peatón en pare. En su mente, este mismo icono salía de su cuadro y empezaba a bailar tap sobre los autos. Él era creativo, demasiado dirán muchos, muy poco creía a su vez por su parte. La luz cambio a verde, sus pasos le llevaban al ritmo de una caminata de chistoso andar, imitando al icono que ahora en verde, invitaba a la gente a cruzar, solo que esta vez estaba el solo cruzando en aquel rayado mientras los conductores que le veían quedaban extrañados con tan chistoso hombre.
Tadaaa~ -hizo una pose al terminar de cruzar la calle, los autos volvían a circular- 
Para el los aplausos en su mente eran suficientes.
El ligero murmullo melodioso resonaba por una tranquila calle aquella mañana, aquella chica de cabello blanco y ojos azules semi verdosos, poco atenta e inconsciente de su entorno se dirigía como de costumbre a hacer las compras en la pequeña bodega del vecindario, su ruta era bien conocida y todos los vecinos, que en su mayoría eran personas de edad, la saludaban con alegría
-Buenos días!- Respondía la joven que apenas tenia conciencia de a quien saludaba, si es cierto, los conociera o no saludaba a cualquiera que pasara por ahí, pero nadie podía negarse a respónderle a tal sonrisa. Su ruta la llevaba cerca de la ciudad a pocas calles de un camino bien transitado, el bullicio de la ciudad era reconocible desde aquella distancia pero aun así era un lugar muy tranquilo


La vida de aquel hombre de una edad indefinida, pero a simple vista se veía joven, era feliz; así se definía. Vivía tranquilo y feliz…
¿Lo hago? –Pregunto la voz alta, hablando con la voz que escuchaba en su cabeza-

Si, lo haces, vives feliz, eres tan descuidado que eres feliz. Ahora, deja de hablar conmigo, tu narrador, para seguir contando esta historia, que mas de una persona espera leer y tu nunca imaginaste protagonizar.
Oka~ -respondió llevándose las manos a la nuca y caminando como si nada-

Nuestro hombre de contextura media, era medianamente alto, medianamente bajo, tenia un lunar en su nariz que apenas se notaba y unos ojos castaños al igual que su cabello. Era una persona normal, de orilla, era un cumulo de defectos andante pero eso no le atormentaba ya que solo trataba de sonreírle a la vida, conseguir que otros sonrieran en el proceso no era malo para el de igual modo.
En fin, volviendo a la historia, el hombre había cruzado la calle, caminaba sin rumbo, todo hasta que su estomago le obligo a desviarse, necesitaba comer algo. ¿Hacia cuanto no probabas bocado, Nadie?
¡Creo que desde ayer! –dijo alarmado respondiéndose a si mismo, corriendo a la tienda que estaba a unos metros de el- ¡Buenos días! –saludo sin detenerse hasta llegar a la nevera donde estaban los productos lácteos y tomando un cartón de leche-

La campanilla de la puerta no había dejado de sonar cuando él ya estaba frente aquella nevera de amplias puertas traslucidas que mostraba la cantidad de productos lácteos y derivados, tomando directamente del cartón, como si estuviera en la nevera de su casa… eres un caso serio, Nadie.
Camino a la pequeña tienda vio como un peculiar hombre corría, como si su vida estuviera en peligro, preocupada, Aoi decidió detener su marcha y retroceder inmediatamente para quedar con la pared, mientras observaba los alrededores como si fuera a ella a quien persiguieran, luego de darse cuenta de que la calle estaba prácticamente vacía, uno que otro auto pasaba por ella, se percató de su extraña y poco racional decisión. Solo sonrió como si nada hubiera pasado y continuó su camino.

Cuando entro a la tienda, dio un profundo respiro, aquel típico aire acondicionado que enfriaba tu espalda tan rápido que pronto olvidabas que afuera aún había un radiante sol que calentaba casi instantaneamente la piel de tu rostro. Saludo como de costumbre al joven que atendía en el mostrador, y se dispuso a hacer sus compras sacando su pequeña bolsa desplegándola para poder utilizarla.

-Mmm que cocinaré hoy...- Se pregunto mientras miraba unas latas de sardinas en uno de los mostradores, cuando su mirada no pudo evitar ver un extraño tipo cerca de los lácteos, era aquel chico de hace un momento, parecía estar tomando leche frente al congelador como si se tratara de una nevera, era extraño, muy extraño… Pero su mirada de preocupación cambio repentinamente cuando pensó que capaz esa era la forma correcta de beber leche en una tienda, frunció levemente el ceño... Su pensamiento no duro más que 4 segundos para luego dar un pequeño suspiro y meter la lata de sardinas en la bolsa.

-¿Pizza?...-
El cartón de leche que aquel castaño sostenía inclinado le asfixio, la leche corrió por su nariz causándole una hemorragia nasal láctea, eso se lee muy mal pero así paso. Nadie se quedo sin aire y alejo con torpeza el cartón de leche de si, limpiándose el rostro con la manga de la camisa deportiva manga larga unicolor que usaba. La imagen que cruzo la puerta y ahora se paseaba ante sus ojos era algo…
Indescriptible… -susurro él-
Así mismo, lo pensaba, lo decía. El corazón que latía dentro de aquella caja torácica que a su vez estaba vinculado a un torso en un cuerpo que pertenecía aquel hombre, latía fuerte, muy fuerte. ¿El amor a primera vista existía? El lo sabia en ese instante, así como el dependiente de la tienda sabría odiarle por llenar el piso de leche ya que sostenía el cartón sin cuidado y esta caía en el suelo haciendo en el un charco blanquecino que ensuciaba sus ya sucios zapatos deportivos. Su cara era de “soy un estúpido con cara de imbécil aturdido”, creo que no tengo otra manera para describirla pero bueno, el muy tonto tenia  la boca abierta incluso. Tan sumido en la chica que sostenía esa bolsa estaba que prestaba atención a los comentarios que su mente le hacia, se le olvido respirar y esto le causo una asfixia, la tos acudió instantánea, atragantándose con su propia saliva.
Luego de tomar la lata de sardinas, se sorprendió al escuchar al pobre hombre toser, como si se fuera a morir por alguna especie de ataque o algo parecido, se acercó a él ya que de todas maneras el área de verduras se encontraba en el siguiente pasillo, ¿era algo inevitable?, no lo pensó mucho solo se acercó y trato de mirar  el rostro de aquel chico que a duras penas trataba de tomar aire.
-¿Se encuentra... bien?- dijo algo insegura mientras veía el charco de leche derramado por todo el piso, incluso en su rostro y ropa, algo desagradable, que incluso alejaría a cualquiera, pero para ella no quitaba el hecho de que tal vez necesitara ayuda.

La voz de ella atravesó sus oídos, como una brisa leve y cálida. El levanto la mirada, viéndola a la cara, totalmente feliz. Pobre hombre que no conocía el amor, ahora este sabia asfixia y a calma, cosa que no eran muy comunes en el. Estaba bien, aquellas reacciones…
No es nada, solo estoy enamorado… -le dijo viéndola ahora con mas calma.-
Hasta para mi era extraño, aquello era muy peculiar, siendo el un ser tan imperfecto, tan descuidado, como su mente puedo decir que nunca me presta atención y siempre hace lo que le da la gana sin razón o coherencia alguna pero esta vez… esta vez el corazón escribía las líneas que de su boca salían, no como de costumbre si no con una pasiva forma de decir “esta es la calma entre la tormenta”, tal cual era la vida de aquel loco en la vida.

[Está... enamorado...?] Dijo en su mente mientras veía aquel chico con la cara llena de leche, sonrió algo insegura y no dijo mas, asintió con la cabeza y siguió su camino, esperando no volver a entablar la misma charla con alguien tan... “peculiar” .

-Enamorado...- sonrió mientras se dirigía al pasillo de verduras, quién podría pensar que alguien que estaba empapado en leche y a punto de ahogarse, sentirse enamorado y es más, afirmar que por ello casi termina ahogándose.


Él le siguió con la mirada, como si la vida se le escapara del frente, cada paso que aquella chica daba ponía en una tensión casi sobrenatural al pobre insulso y loco hombre. Todo iba en cámara lenta y  ahora la humedad de sus pies había inundado sus zapatos, bajo la mirada, viendo que estaba en la tierra, para su desgracia?
¡Para mi suerte! ¡Ella existe! ¿Le has visto?
La he visto y he escuchado que le haz dicho que estas enamorado... ¿Estas loco acaso?
Tenia que, era... yo... -bajo la mirada, sinceramente sonrojado-
En serio estas enamorado...
Un suspiro ligero se escapo de los labios de el, no iba hacer nada, pero su mano soltó el cartón que sostenía y se apoyo en su estomago. Una sensacion extraña.
Creo que estoy embarazado... -susurro perplejo.-
Estúpido, son “mariposas en el estomago”, se sienten cuando se esta enamorado...
ah... -asintió dos veces, dando la vuelta para ver a la chica que no estaba muy lejos, una sonrisa estupida se escapo de sus labios, apoyandose a la nevera con una pose de “galan” muy mal imitada, logrando resbalarse y caer al suelo sobre el charco que el mismo había hecho.-
Eres un caso grave de idiotez...  

Aoi no tuvo problemas en elegir todo lo que necesitaba, pero los ligeros murmullos cerca del pasillo la tenían inquieta, como si alguna especie de fantasma estuviera tras de ella, se sintió algo incomoda y no pudo evitar ver a su espalda que aquel chico aun seguía sobre el charco de leche que había derramado por su irresponsable comportamiento, es más, parecía estar hablando consigo mismo, cosa que la preocupo más de lo que ya le había preocupado antes.

¿Tendrá algún problema mental? ¿Estará loco? No sabia que pensar en ese momento mientras lo observaba de reojo, cuando un repentino ruido termino por romperle los nervios tanto que dio un pequeño salto que casi termina por dejarla en el suelo. Nervios, ¿paranoia? era difícil saber que era lo que sentía, pero en su miedo, las puntas erizadas de su cabello, el sudor frio en su espalda  y la curiosidad por saber de donde provenía tal golpe, termino dandole una decepción.

-…-  Vio como aquel chico yacía sobre el charco, quien sabe que es lo que trataba de hacer, no pudo evitar dar un mirada algo lamentable pero a su vez deplorable, debido a su  imagen deshecha, producto del susto que se había llevado.


Le miraba desde el suelo aún, sonriendo como si nada, levanto la mano y la agito, saludandola jovialmente. No tienes verguenza...
No, no la necesito... -susurro sin dejar de saludar a la chica-
en fin, ¿ahora que haras? se supone que esto es un relato de romance. Tienes a una chica, estás tú, ya te enamoraste... ¿ahora qué? no puedo seguir hablando y describiendo como te revuelcas en el suelo sobre leche, ya me canse de mencionar la leche...
deja de amargarme el momento...
No lo amargo, solo que si no haces algo rapido ella se ira o...
En ese instante el dependiente de la tienda llego a arruinarle el momento a nuestro perfecto loco. El chico con el delantal rojo sostenian un trapeador, su cara de pocos amigos y susurrando cosas que no puedo describir por prudencia. Nadie solo se levanto con torpeza y sacando una billetera de algun pj de anime femenino, la abrio para lanzarle en la cara los billetes al chico.
Dejame ser feliz...
¡Por dios! Ese era el sueldo de dos semanas...
Callate tu tambien... -dijo decidido y caminando firme hasta la chica que estaba a metros de el, dejando los billetes a su paso, cerca del dependiente que limpiaba mas tranquilo después de aquella absurda muestra de desapego al dinero por parte del hombre de cabello castaño.-
La decisión en su mirada se veía de lejos... estando cerca de ella, no hizo mas que tomarla por el brazo, mirarla a los ojos y plantarle un beso como si aquello fuera lo mas correcto del mundo.
Momento...  ¡¡¿Le has besado?!!
Nadie inclino a la chica hacia atrás sosteniendola de la cintura como un experto, a pesar de que era su primer beso.

Trato de dar un paso atrás pero fue demasiado tarde, intento alejarlo pero su fuerza no se comparaba la de ella, quería gritar y decirle que se detuviera pero sus labios sobre los suyos, con un ligero sabor a leche fresca, no la dejaban decir ni una sola palabra. Hasta que su amabilidad o más bien su cordura termino por desaparecer y tomo uno de los pepinos que había tomado, partiendocelo sobre la cabeza cosa que detuvo al chico por un instante y aprovecho ese momento para librarce de sus labios, exacto un pepino... era su única arma en ese momento.

-¡S-Sueltame!- Exclamo mientras logró separase de él, pero aun la tenia entre sus brazos
-¡¡Dije que me sueltes!!- Tomo su bolsa y lo golpeó con todas las fuerza que tenía, al parecer las latas de sardinas fueron efectivas, pero no fue buena idea... apenas la soltó cayó al piso dandose un buen golpe


Los golpes no detuvieron al hombre de despeinados cabellos, el no pensaba soltarla, aunque con unas latas... el reflejo le gano, sus manos cedieron y le dejo caer pero el cayo tras ella, quedando sobre la jovencita que le habia robado el corazón, en una situación distinta el se habría detenido a opinar sobre el busto de ella, sobre su talla de brasier o hasta de su cutis, pero el perfume de la chica, aquellos ojos. Como se los he dicho, Nadie estaba siendo controlado por su corazón y no por esa extraña fuerza que suele controlarle...
Yo... ¿Te dije que estoy enamorado? -pregunto a la chica, teniéndola de cerca y sin un lejano plan de quitarse de encima de ella-
No puedo negarlo, hasta a mi me hacia feliz esa escena, quizá el no era la persona con mas virtudes en el mundo, pero no tenia malas intenciones. Trago fuerte cuando paso sus castaños ojos por el rostro de ella, buscando saber quien era. No su nombre, ni su dirección u oficio... Si no quien era, quien estaba allí, que sentia o que quería sentir. Que sueños tenia, que pesadillas le aquejaban. Eres un tonto nadie... un tonto...
Soy tan tonto que me enamore a primera vista de ti... -dijo a la chica acercándose un poco mas, tratando de adivinar el perfume que ella usaba sin mucho éxito-

Ella trato de alejar su rostro de él, mirando a los alrededores por alguien que pudiera ayudarla, ¿dónde estaba el tipo de limpieza? ¿Acaso por eso le dio el dinero? Para que se hiciera de la vista gorda. Todo estaba en su contra en ese momento, no le prestaba atención a los murmullos del muchacho, pero sólo logro escuchar su última frase.

-¿Enamorarte de mí? ¡Estás loco! ¡No te conosco, no sé quien eres! - Exclamó al escuchar tan insensata frase que provenia de él.

No, no... shhhh -dijo poniendole la mano en la boca negando con el rostro- Los nombres no hacen falta, no necesito saber tu nombre para quererte como lo hago...
Dile tu nombre al menos imbecil!
Ya, ya... Yo me llamo nadie... si eso quieres saber y estoy enamorado de ti chica que usa pepinos como armas... -agrego sonriendo con una alegria serena-
Era perfecto, simplemente perfecto. El no necesitaba más nada que eso, la tenía cerca y estaba con ella. Aquella situación parecía una típica escena de acoso pero... vamos, es Nadie, el está por encima de los parámetros morales, poco o nada le interesa el protocolo. Ahora, la tenía aprisionada contra el suelo, en sus manos tenía la oportunidad de volver a besar esos labios desconocidos que le habian mostrado la vida como no la había imaginado antes. Unos segundos y sólo eso basto para cambiar la perspectiva del perfil femenino.
Nadie era el típico pervertido que veía en las mujeres un objeto de entretenimiento, mas no, no lo hacia...
Ahora amo a alguien... -dijo rozando la mejilla de la chica con la de él, como un animal que con ternura busca demostrar su aprecio a alguien mas-

Se desesperó aun más cuando le taparon la boca, ahora no podía siquiera pedir ayuda o gritar, lo pensó por un instante, ¿por qué rayos no grité? Los comentarios del chico era cada vez mas preocupantes y en vez de sencibilizarla terminaron por ponerla nerviosa y sentir un profundo miedo hacia él, posiblemente seria víctima de un acoso, estaba totalmente a merced de aquel tipo que dio por nombre “Nadie” como si ese fuera un nombre, “que estupidez es esa” pensó. Al parecer no podía hacer nada mas para liberarse y decidió aceptar lo que sucediera, pero una chispa dentro de ella despertó, no podía aceptarlo, lo miro directamente de manera decidida aquellos ojos que eran algo hipnotizantes. Abrió la boca lo más que pudo y dio un gran mordisco a la mano del tipo, con toda sus fuerza tal cual perro defendiendo su hueso, apenas reaccionó el chico le dio una patada con todo lo que pudo en sus partes nobles  tratando de dejarlo “fuera de combate”. Lo cual terminó por liberarla, bueno, ningun hombre aguantaria tanto.

-Te dije que me soltaras, loco... ¡pervertido! - dijo mientras se recuperaba y volvia a levantarse.


Resignado, no lucho, ella se escapo de sus manos, ahora había sido mordido y pateado, el dolor del amor, creíste que nunca lo vivirías, ¿Nadie? Al menos hiciste algo, aunque viniendo de ti, no sé puede esperar nada...
- él no dijo nada, sólo se quedo tendido en el piso, pensando en los ojos de ella y en la sensación de tenerla cerca-
El escandalo había sido demasiado, el dependiente había ido en busca de un policía en la calle, aquel hombre era un acosador y eso era obvio. El hombre de uniforme no tardo en llegar y junto con el dependiente encontraron al hombre de cabello castaño cara al piso como si estuviera muerto, sumido en un sueño que aún no terminaba para él.  El policía simplemente se disculpo con la chica, y tomando al loco por el cuello de la camisa, le arrastro fuera de la tienda; le dejo en la acera. Él no se resistio.
¿Donde esta tu convicción ahora?
Se la regale a una mujer junto con mi alma en un beso... -respondió bajando la mirada al suelo, sin moverse de la acera donde le habían dejado-

Ella aún estaba algo impactada por lo sucedido y no quiso salir de la tienda, sabiendo que el policía solo lo había sacado del establecimiento mas no lo había encerrado, podría atacarla nuevamente en cualquier momento, Miro por las ventanas de la tienda y vio al tipo tendido en la acera como si estuviera muerto, y para mal, estaba al lado del camino que ella debía tomar para regresar a casa, ¿acaso esta mañana no podía ser peor? .

Con algo de temor e inseguridad le pidió al chico de la tienda que la acompañara, al menos hasta alejarse de ahí de la vista de aquel tipo que se hacia llamar “Nadie”.

-Gracias...- Dijo en un tono leve, cabizsbaja, al momento en el que el encargado acepto acompañarla. Ambos salieron de la tienda e inmediatamente ella se colocó a espaldas del encargado, cruzaron la calle y llegarón a su habitual camino, aquel chico tendido en la acera aún estaba a la vista, pero a un distancia considerable. El encargado se despidío y regreso rapidamente a la tienda para continuar atendiendo a sus clientes, ahora estaba sola y siguio su camino mientras trataba de olvidar lo que habia sucedido hace poco.

Quizá el problema de aquella situación no era que nadie estuviera enamorado de una desconocida, que eso pasara como un amor a primera vista, si no que pasara en alguien como lo era el. Un cumulo de defectos que no entienden la vida.
El instante en que ella paso junto a el acompañada del dependiente, el le ignoro, aun sonreía medianamente cuando el dependiente entro de regreso y ella se alejaba. La mirada almendrada de el se desvió a un lado, una sonrisa malisiosa se dibujo en sus labios y se levanto con rapidez para cruzar aquella avenida, un auto freno y el apoyando su mano en el capo del auto dio un salto alcanzando a la chica.
Era tan simple, a el no le importaba un “no”, simplemente no lo hacia.
Ahora con aquella chica cargada al hombro, caminaba por la calle como si fuera una situacion... vamos, que para nadie todas estas cosas son normales.
Ella podría patalear todo lo que quisiera, pero el la haría feliz, así tuviera que obligarla a serlo.
Jamas pensé que me enamoraría así... -Dijo levantando la mirada mientras el mismo semáforo de horas antes estaba en rojo para los peatones-

Quiso gritar apenas vio Nadie cruzar la calle pero no pudo hacerlo, no a tiempo,  ya en sus  hombros volvió a estar indefensa , su corto cabello apenas  se despeinaba y la bolsa de la tienda nisiquiera hacia ruido, él parecía estar corriendo pero la velocidad a la que lo hacia no decia lo mismo, mas aún al detenerse frente al semáforo peatonal.
-¡¿Qué quieres de mí?!- Dijo con los ojos algo llorosos, pero no obtuvo respuesta, estar en esa situación no era bueno, pero en cierta forma era agradable, un tipo raro que no conocia esta mañana y que aun no conoce dice que se enamoro de ella, nadie esperaría que sucediera ello, mucho menos que fuera tan decidido y precipitado, sonrió levemente por un instante, pero aun así...
-¡Dejame bajar!-


Jamas... -susurro el- Te haré feliz y lo disfrutaras... -dijo sonriendo contento para cruzar la calle en aquel lugar donde un dia de febrero ese loco termino enamorado-




Participación de Br Gino  (Perú)
[Aoi]
Pj del jardin
[Nadie]
4Historias de romance
2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar.