Flores.



  • Nota del Co-autor: 

"Este texto puede causar diabetes así que cuidado al leerlo! "
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Cuando el clima no podía ser más oscuro, la llovizna se asomaba entre las nubes. La pequeña floristería que aquella chica atendía estaba colmada de plantas y flores, sonriente ella sostenía una pesada maceta para guardarla dentro de las puertas de cristal. Acomodándose el largo cabello trenzado, la dejo en un rincón, se quitaba el delantal, su castaño cabello era brillante y ondulado, su busto pronunciado, una cintura que se marcaba con la cinta de un delantal azul que se deslizaba cuando se acercaba al mostrador, quitándoselo. El reloj en la pared de manecillas oscuras y  fondo blanco, delicado, marcaba la hora de salida. Ella tomo un bolso de color marrón y sus sandalias apenas hicieron ruido cuando pisaron la calle, el letrero de “cerrado” se movió un poco y el local quedo silencioso tras ella.


Doncella tenia 20, vivía sola y no era una joven promedio, demasiado recatada quizá… levanto la mirada, mientras caminaba por la acera, vacía.
Debí traer un paraguas… -se dijo a si misma mientras sujetaba el bolso, temerosa de que la lluvia le atrapara-

El joven de desordenado cabello rubio caminaba aceleradamente con cara angustiada por las calles, con la vista clavada en el suelo mordiendo su labio nerviosamente sin preocuparse en lo más mínimo por las oscuras nubes que cubrían el cielo. Entre los rastros de la resaca que aun le taladraba un poco las cienes y el sonido de los autos a su alrededor no podía pensar con mucha claridad.
-Tengo que recordar donde dejé esa moto- murmuró por lo bajo antes de sentir que impactaba contra alguien.
La chica vio el cielo oscuro, caer era demasiado normal para ella, demasiado torpe y muy frágil para ciertas cosas, demasiadas cosas si se cuentan.


Duele~ -dijo tratando de acomodarse la falda-


La brisa de aquel día lluvioso parecía jugar con la suerte, las piernas blancas de la joven se vieron un poco, tímidamente se levanto tratando de que esto no pasara.
¿Esta usted bien? –Pregunto preocupada al ver aquel chico con tan mal aspecto- no quería… yo… -miro a un lado, ofreciéndole la mano para ayudarlo a levantarse, nerviosa- disculpe…
El chico estaba demasiado distraído, tanto que tardó un par de segundos en notar que había caído. La helada brisa le golpeó la cara acompañada de un peculiar aroma a flores que llamó su atención al instante. Volteó el rostro, aun sentado en el suelo, con su ancha camiseta desarreglada y los enormes audífonos colgando de su cuello. –Por supuesto que estoy bien… -Comentó con una sonrisa mientras su mirada azul se paseaba con poco disimulo por la silueta de esa chica desconocida antes de tomar su mano para levantarse sin mucha dificultad. –Tu,  ¿te encuentras bien? – Le preguntó sin soltar el agarré mientras miraba curioso a sus ojos castaños.
Ella miro a un lado alejando su mano, trémula, le intimidaba demasiado el contacto con otros.


Eh… si, si… lo estoy… -miro al suelo y luego volvió a ver el cielo, seguía preocupándole la lluvia.- lamento mucho que… disculpe, no veo por donde voy. –se disculpaba demasiado por cosas que solo estaban en su mente, demasiado preocupada por cosas que solo ella veía-


Volvió a ver a quien, mas alto que ella, seguía allí. Aquel aspecto, los ojos fijos en ella… ¿le había visto antes? Si, tenía buena memoria, era el mismo chico que pasaba frente a la floristería en las mañanas con gafas de sol o acompañado de más gente. No sabía su nombre pero siempre se había preguntado que tanto hacían en esas fiestas donde amanecían. Ella no era una persona de salir de fiesta, no lo entendía y le parecía incorrecto o quizá solo le tenía miedo a esas cosas.


La sonrisa en su rostro se amplió confiadamente mientras hacia un gesto despreocupado con los hombros. –No te preocupes, todos andamos distraídos algunos días- Le comentó a modo de disculpa pasando por alto el pequeño detalle de que en realidad había sido él el responsable del choque.


Se guardó las manos en los bolsillos encorvándose un poco para poder quedar a la misma altura de la chica, su rostro le parecía algo familiar, pero no estaba seguro. Después de todo el conocía gente todos los días (mas bien, todas las noches) y no era muy bueno recordando las caras, aunque en general el recordaba a las chicas lindas, sobre todo a las chicas lindas que olían bien -¿Como te llamas?- Le preguntó de la nada mientras pasaba una mano por su cabello desordenando aun mas los rubios mechones.
Esto… eh… debo… -miro a un lado, esquiva y algo sonrojada susurro- lloverá y no tengo sombrilla, disculpe…
Ella no estaba acostumbrada a las conversaciones con desconocidos, le parecían imprudentes, mucho mas decir su nombre o estar “sola” con alguien. El pudor de la chica de cabello castaño era demasiado, exagerado, dramático. Pero, los modales…
Doncella… y… -dio un paso atrás para girarse- adeu~ -dijo sonriendo levemente para seguir caminando- disculpe de nuevo…
Agrego levantando su mano, con el bolso colgando de su hombro. La brisa volvía cada tanto, la lluvia era inminente y ella no podía quedarse hablando con alguien que la ponía tan nerviosa.
No pudo evitar soltar una pequeña risa al ver el leve sonrojo en su rostro, esa chica era extrañamente adorable. Claramente no la había conocido en alguna andanza nocturna, pero si no era ahí ¿entonces donde?


Antes de que pudiera notarlo el embriagante olor a flores se alejaba de él junto con su portadora. Su primer impulso fue seguirla, pero al ver su trenza ondeando al ritmo de su caminar una imagen llegó a su mente como un flashback. Sus ojos se entrecerraron en una sonrisa mientras veía como la mujer se alejaba.
-Doncella, lindo nombre… -comentó para si mismo volviendo a ponerse los audífonos, sintiendo como unas finas gotas comenzaban a caer desde el cielo.
Los pasos rítmicos de la torpe chica le alejaron de aquel lugar, la parada de autobuses estaba vacía mas un autobús estaba llegando al momento que la lluvia caía más fuerte, apenas se había humedecido el cabello castaño de aquella chica de ojos almendrados. Saludo con una sonrisa amable al chofer y sentándose en algún asiento, apoyo su cabeza en el cristal de la ventana que se empañaba con la lluvia. Aquellos ojos azules, aquellos ojos azules… pensaba. 
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El rubio pasó el resto del día buscando su motocicleta sin mucho éxito. La imagen de esa chica aparecía en su mente y no lo dejaba concentrarse, además la laguna mental que tenía sobre lo ocurrido la noche anterior no ayudaba demasiado con su objetivo, realmente era un estúpido por haber perdido algo tan importante en una noche de borrachera, por lo general eran solo documentos o dinero, pero jamas un vehículo completo -Bueno, algún día tendrá que aparecer- Murmuró resignado viéndose totalmente empapado bajo la lluvia.


A la mañana siguiente se despertó inusualmente temprano, el dolor de garganta y el recuerdo de ciertos ojos color avellana no lo habían dejado dormir aquella noche. A pesar de todo se levantó decidido, ya sabía de donde conocía a aquella muchacha y eso lo ponía contento, quizás había extraviado su motocicleta pero había encontrado algo mucho mejor que eso.


El sonido de la cerámica que chocaba contra el suelo limpio, los zapatos blancos de la chica se ensuciaron de tierra. Estaba más torpe desde ese encuentro, pero no había dejado de cuidar su rutina, siempre responsable. Se inclino a recoger el desastre que su distracción había creado…


Debo dejar de pensar boberías… -susurraba mientras recogía los trozos de cerámica con sus pequeñas y pálidas manos-


-¿Que boberías son esas? -Preguntó una amistosa y confiada voz a espaldas de la castaña. Ahí estaba él, tranquilamente parado a la entrada de la floristería, con unos pantalones de mezclilla estratégicamente gastados, una camiseta con un estampado de algún grupo electrónico desconocido y la sonrisa instalada en el rostro


Boberías, siempre pienso boberías pero desde ayer... -Decía ella mientras seguía recogiendo los trozos de la maceta, siempre hablaba con sus clientes porque era fijos, casi todos eran señores muy amables que estaban aficionados a la jardinería o mujeres románticas que buscaban flores para su casa a diario-


No se que me pasa desde... -agrego mientras se levantaba, girándose para ver quien estaba en la puerta. Quedando en parálisis total, su rostro se puso pálido, como si de un fantasma se tratara.-

-¿Desde cuando? – Le volvió a preguntar, ampliando un poco su sonrisa cuando sus ojos se encontraron con  esas profundas lagunas color chocolate. Él se acercó tranquilamente abriéndose paso entre las coloridas flores a pesar de que la castaña no se veía tan feliz como él por el nuevo encuentro –Por cierto, me llamo Joseph – Agregó antes de agacharse junto a ella para ayudarla a recoger los trozos de maceta.

La mirada de ella volvía a tratar de huir, de haber una opción como esconderse bajo una maceta lo habría hecho. No tenia motivos para hacerlo, solo le ponía muy nerviosa que ese confiado chico de ojos azules estuviera cerca y mas que le hablara así.

Desde... -guardo silencio para terminar de recoger el desastre, las palabras no eran su fuerte cuando se ponía nerviosa-
inclinándose sobre el mostrador tomo una escoba para barrer la tierra que había quedado esparcida en el suelo. Aun había cerámica en el suelo, mientras se inclinaba para recogerlas ese “cliente” parecía tener la intención de ayudarla, ella se apresuro a recogerlo todo sola antes de que el pudiera hacer algo y con la mirada fija en el suelo asintió al escuchar su nombre.
Hola... -dijo dándole la espalda para dejar los trozos de cerámica en el canasto de la basura-
¿en que le puedo ser útil? -pregunto con una cordialidad forzada, se iba a desmayar alli, mientras trataba de barrer le temblaban las manos haciendo del trabajo algo mas complicado, tropezando con una mesa en el proceso, haciendo que las macetas en esta se movieran un poco- yo... yo atiendo este lugar, desea algo? -volvió a preguntar obviando su torpeza y dejando la escoba a un lado-
Joseph se había alejado, dejando que la chica hiciera lo suyo con la escoba, sin perder de vista ninguna de sus nerviosos movimientos, ahora podía entender de donde  venía ese aroma que lo había cautivado el día anterior. Esa mujer estaba rodeada de flores todo el día, no era extraño que un poco de su perfume se quedara atrapado en su cabello.
-Pues la verdad si, deseaba verte- Le respondió con absoluta franqueza mientras se inclinaba para ver unas pequeñas flores en forma de campana que le habían llamado la atención, ese lugar era interesante ¿Por qué jamás había entrado?
Y así le dio un infarto aquella chica de largo cabello castaño.
Verme, no, no... usted se confundió ¿cierto? -preguntó ella, segura de que era un error-
A ella no le buscaban, nunca. Siempre estaba sumida en ese mundo de flores y dulces que cocinaba en su tiempo libre. Era como una niña tímida con moral de anciana y cuerpo de joven.
oh, ¿Seguro quiere aprender jardinería? ¿Es eso? regalarle una planta a su novia! si, eso es... -dijo mas segura, mas confiada se acerco a la mesa donde estaban unas macetas- seguro que le servirían unos girasoles... si, si... eso debe ser... -Decía buscando entre las plantas con delicadeza-
-¡¿Qué?! ¿Novia? -Preguntó confundido al escuchar esa palabra. “Novia” y “Joseph” no eran cosas que combinaran bien, jamás había tenido una de esas cosas, nunca antes había intentado ser fiel a alguien, para eso se necesitaría estar enamorado, para estar enamorado necesitaría confianza y para tener verdadera confianza en alguien era necesario hacer “algo mas” que tomar un par de tragos, pasarla bien y tener sexo. Lamentablemente el rubio aun no sabía que era ese “algo más”.
Los ojos azules del músico se clavaron en la nuca de aquella joven, acercándose silenciosamente para pararse detrás de ella, inclinándose un poco sobre su hombro para mirar las macetas. –¿A ti te gustan los girasoles?-  Le preguntó interesado mientras aprovechaba para inhalar esa hipnotizante fragancia.
¿a mi? no, prefiero los tulipanes... son mas lindos, pero siempre vienen a comprar girasoles los jóvenes aquí... imagino que esta de moda... -decía aun de espaldas, cuando logro sacar una maceta con una planta que tenia una flor enorme y de amarillos pétalos, sosteniendola con cuidado, esta le cubría el rostro- pero... si no es para su novia, ¿es para su esposa entonces? o ¿para su madre?  Aunque no se acerca el dia de las madres aun... -dijo mirando hacia arriba un instante- ya se! -le dio la maceta con el girasol y entro a la bodega-
Joseph se quedó ahí con el macetero en las manos mirando a esa enorme flor con cara de circunstancia. ¿Qué rayos le pasaba a esa chica? ¿En serió tenía cara de querer flores para su esposa? ¿Siquiera tenía cara de estar casado? Tal vez no había sido lo suficientemente directo con sus intenciones… o tal vez… solo tal vez, ella lo estaba evitando. Soltó una pequeña carcajada cuando ese pensamiento cruzó por su cabeza. –De seguro solo tengo que ser mas directo, debería pedirle una cita no crees? - Comentó confiadamente como si charlara con la flor mientras la dejaba junto con las demás.
Sus nervios con gente desconocida eran normales, pero cuando se trataba de lo que le gustaba se ilusionaba, además, ese chico era un cliente, no podía tratarlo mal, no le había mirado a los ojos de nuevo asi que no estaba tan nerviosa como al principio. Estaba sobre la punta de sus pies tratando de alcanzar algo en un estante cuando la inquietud de ese “Joseph” le distrajo, bajo la mirada aun tratando de alcanzar algo. Tenia ojos azules, muy azules... tan azules como una flor de pensamiento turquesa, una sonrisilla leve y el estruendo.
Desde aquel deposito el ruido de algo cayendo se escucho hasta el frente del local. Al parecer algún estante se había caído y la torpe chica de cabello trenzado se había quedado debajo de todo, torpe, torpe de nuevo.
¡Debo dejar de pensar boberías! -se reclamo a si misma llevándose una mano a la cabeza para sacudirse las semillas que tenia en el cabello.-
Hey! ¿Te encuentras bien? –Le preguntó preocupado, agachándose junto a ella con la respiración ligeramente acelerada por la pequeña carrera que se había pegado al escuchar el pequeño alboroto de la caída. Se arrodilló  a su lado quitando algunas cajas para luego inclinarse un poco tratando de examinar su rostro como si con eso pudiera identificar cualquier otra clase de lesión.
-Eres una chica extraña- Comentó riendo por lo bajo mientras acercaba su mano para quitar algunas semillas de su cabello –Te conozco hace menos de 24 horas y ya te has caído tres veces- 
La vergüenza le hizo mirar a un lado.


Lo siento... -dijo tratando de esquivarle- soy demasiado tonta...


un leve suspiro se escapo de sus labios mientras se pasaba la mano por el cabello, nerviosa y preocupada, ahora ¿donde conseguiría las semillas que había tratado de buscar? el estante se había caído y todo estaba en el suelo. Al menos podía recoger ese desastre con calma cuando no tuviera clientes, pero ahora... Volvió a ver al chico que estaba allí, ¿como había llegado allí tan rapido?


Lo siento, disculpe... Debe pensar que no se hacer mi trabajo usted, pero si se hacerlo! -dijo levantándose y acomodándose la blusa larga que usaba, de color blanco y unos jeans sencillos-


Entonces, ya no se donde quedaron las semillas de canola, pero seguro que su esposa se pondrá muy muy contenta con una planta de ortencias... -trato de acomodarse la trenza para salir de la bodega, tropezando con una regadera que estaba en el suelo- auchhhh -dijo dando unos saltitos sin detenerse rumbo al frente de la tienda de nuevo-


Suspiró pesadamente mientras se pasaba una mano por el cabello mirando como la chica se volvía a tropezar –No tengo esposa…Ya deja de disculparte, en serio – Le dijo con voz tranquila mientras recogía un montón de semillas entre sus manos y luego se levantaba siguiéndola hacia la tienda nuevamente – Realmente no pienso que hagas mal tu trabajo- le comentó mientras tomaba una de sus muñecas con mucha suavidad, obligándola a voltearse hacia él, para depositar el puñado de semillas en su mano sin dejar de mirar sus ojos. –Pienso que eres una linda chica que debería relajarse y sonreír un poco…-  Murmuró mientras una pequeña sonrisa afloraba en sus propios labios, inclinándose un poco para quedar frente a frente, aprovechando de dejar una ligera caricia con sus dedos en la mejilla de la castaña – También pienso que yo podría ayudarte con eso…


Ella miró la muñeca aprisionada, las semillas en su mano, bajaba la mirada a las semillas y volvía a levantarla lentamente preguntándose que buscaba ese “joseph” con eso.

gra...gracias... creo... -trato de sonreír amablemente pero los nervios de le ganaban-

No, eh... pero... -dio un paso atrás tratando de evitar aquella situación, imprudente de su parte, era imprudente!- gracias pero yo solo... -tomo aire, el lugar donde trabajaba, ese mundo suyo se hacia pequeño. ¿que pasaba?-

Respiró profundamente repasando las confundidas facciones de la chica, al parecer tendría que ser mas directo.  No hizo ningún comentario, no soltó ninguna palabra, solo deslizó sus dedos desde su mejilla a su mentón levantando ligeramente el rostro de la castaña, mientras él se inclinaba un poco mas sintiendo en sus propios labios el calor del aliento contrarió. Miró sus ojos y no lo pensó dos veces, solo la besó.
la mano de ella apretó las semillas por un instante; reaccionando alarmada, para ceder totalmente luego, no se negó en ningún momento, termino cerrando los ojos y dejando caer por el suelo aquel puñado de semillas que había estado sosteniendo, relajada y serena. Siguiendo aquel desconocido con el que se había tropezado como si aquel beso fuera un pecado que las flores de ese pequeño local encubrían con amabilidad.
Joseph la besó de forma lenta y profunda, como secretamente había querido hacer desde la primera vez que la torpe muchacha se cruzó en su camino. De pronto aquel rubio se vio envuelto en un mar de sensaciones  que resultaban confusamente nuevas para él; el olor a flores que lo envolvía casi sofocándolo con su intoxicarte perfume, el dulce sabor de esos labios que habían resultado ser mucho mas suaves de lo que jamás hubiera imaginado y esa extraña sensación de vértigo que se había alojado en la parte baja de su estomago. Tal vez se había enfermado con la lluvia del día anterior, tal vez ese extraño calor que comenzaba a sentir solo era producto de la fiebre que comenzaba a aparecer. Solo había una forma de averiguarlo con seguridad
-Yo… pasaré por ti a las ocho… - Susurró contra sus labios, separándose de su boca apenas lo suficiente como para poder hablar.
Los nervios regresaron bruscamente cuando las palabras le hicieron abrir los ojos, aquellos ojos claros de nuevo, cercanos e inevitables. No pudo pensar en una excusa... Solo asintió sin mas, aceptando algo que ni ella misma sabia que era.
bajo la mirada, tratando de acomodar sus ideas, el desastre en la tienda, la hora, la situación. Asi de simple se habían marchado sus preocupaciones.
¿Quizá era una casualidad? no, no... -negó con el rostro tratando de volver en si misma-
que pasa... -se llevo la mano a la mejilla, rozando sus propios labios con uno de los finos dedos que aun tenia el olor de lavanda de las plantas que había cortado en la mañana-
al parecer había sido víctima del destino y aun no lo aceptaba. Soñadora pero muy despistada.
El chico volvió a sonreír, acariciando el pómulo de la chica con su pulgar -Pasa que esta noche tendremos una cita- le confirmó con voz serena y confiada, el era demasiado confiado como para aceptar que estaba aturdido, otra chica, otra noche, asi era siempre. Pero... la miro, pensativo por un instante.
Doncella le miro al escuchar la palabra “cita”, una cita... una cita! jamas había tenido una! no estaba bien, que dirían sus padres si supieran.
Dios, este desastre! -miro el suelo-
Trataba de escapar de aquello en lo que había terminado involucrada, huyendo y centrandose en sus responsabilidades. Ella se parecia en eso a su hermana, siempre pendientes del trabajo.
Esta mal... esta muy mal... -susurro alejándose de aquel ladron que le habia quitado su primer beso, que le habia alegrado el dia de una forma sublime-
Un inaudible suspiro escapó de los labios de Joseph cuando la castaña se alejó, guardándose las manos en los bolsillos como si temiera que estas fueran a actuar por voluntad propia reteniendo a la chica junto a él. Apoyó la espalda en uno de los estantes sin quitar sus ojos de la figura femenina, ¿Qué rayos estaba haciendo visitando a una mujer en su lugar de trabajo? Invitándola a salir... Él no hacía esas cosas, él no necesitaba hacer esas cosas, jamás se había tenido que esforzar demasiado para tener un cuerpo desconocido que le diera calor por una noche… ¿Pero en verdad eso era lo que quería con ella?
Se pasó la mano por el cabello sacudiendo su cabeza para alejar los pensamientos confusos, él ni siquiera tendría que estar ahí. Tenía muchas cosas que hacer, terminar una composición para el día siguiente, encontrar su moto, preparar un show para ese fin de semana. No podía estar perdiendo el tiempo con torpes chicas tímidas propensas a accidentes.
Hey, Doncella… - Caminó un par de pasos hasta la chica pateando algunas semillas en el proceso, cancelaría la cita, se iría a trabajar y encontraría a alguna nueva victima esa noche, una que no se callera cada cinco minutos y que no huyera de él luego de un simple beso. – ¿Prefieres que te recoja aquí en la tienda?
Ok, ¿a quien quería engañar? Estaba totalmente encaprichado con esa muchacha y su aroma a flores.
¿Que? ay dios mio... como, ¿como? ay dios... ¿aqui? ay dios... -dijo nerviosa llevándose una mano al nivel de los labios, haciendo un ademán de morder la punta de uno de sus dedos-
En que se había metido, ya habia aceptado. como podía...
La sonrisa se amplió jovial y serena al ver como aquella chica de olor a flores daba vueltas sobre si misma, era adorable, en todo sentido, no podía creer que una persona como esa hubiera pasado desapercibida para sus ojos por tanto tiempo. La siguió con la mirada, una mirada sincera, de cariño, una mirada que él no reconocería en si mismo.
Y casi sin pensarlo dio unos pasos separando sus brazos y atrapando a la frágil y torpe chica de nuevo, estrechándola suavemente contra su pecho sin decir nada, solo escuchándola.
No, no, no me abraces, vendrán los clientes y... y... no, por dios, que dirán!
-se quejaba, pero no trataba de zafarse, en el fondo se sentía segura, como si nada importara, con su oreja cercana al pecho de el podía sentir como latía el corazón de ese desconocido, podía entenderlo porque él de ella palpitaba igual-
Dirán que estamos enamorados... eso dirán...
Respondió él, tan confiado de esa extraña y nueva sensación que lo embargaba al tener entre sus brazos aquella mujer de suave cabello castaño, no sabia como, pero a ella no podía tenerla  solo por una noche y luego soltarla, deseaba, no…. Tenía que mantenerla junto a él mucho más que eso.
-Para siempre...

Enamorados... -susurro-
Entonces esto se siente estar enamorada... -pensó ella, dejando que aquel abrazo se volviera tan largo como la circunstancia lo permitiera, su rostro totalmente rojo, la vergüenza y la sensación desconocida que estaba poniéndola a prueba.-
Participación de Br Mauricio (Chile)
[Joseph]
Pj del jardin
[Doncella]
4Historias de romance.
2012

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