En el callejón

Déjame… –musito ella mientras forcejeaba débilmente con el-
¿Porque tendría que hacerlo? –Susurro él, cerca de su oreja-
Aquel callejo era oscuro, la ciudad en movimiento lejana, era una noche cálida, el sudor corría por el cuello de ella y el seguía con la mirada los movimientos que ella trataba de hacer para liberarse. Su respiración se cortaba, la presionaba con su cuerpo, derribando un bote de basura, un gato maulló, sin huir, vigilante de aquella escena.
Las luces cambiaban a cada tanto, titilantes. Decadente y oscuro era aquel lugar, el olor a concreto húmedo, el resbalar leve de los zapatos de ella tratando de zafarse de él.
Horas antes, ellos eran dos simples jóvenes de 20 tantos años saliendo de una noche de trabajo, ella era una chica serena e inexperta, él era burlón y sonriente. Ambos tenían conociéndose menos de dos semanas, habían empezado a trabajar como pasantes en una agencia de publicidad, sin cruzar muchas palabras, saludos casuales, habían tenido una relación de trabajo estable. Quizá en aquella noche de horas extra para terminar una campaña cualquiera cuando tuvieron que quedarse hasta altas horas de la noche para concluir, terminaron empezando algo que ahora estaba por ocurrir ante una luna que se escondía tras edificios opacos en un callejo oculto.
Él le había tomado de la muñeca drásticamente, como quien secuestra infantilmente a una persona cercana, suavemente. Ella se dejo llevar, era raro que aquel hombre de cabello negro y ojos azules le tratara así. Después de todo, solo había aceptado compartir el taxi con el, nunca le hablo demás.
El apretó se acercó mas, presionándola contra los ladrillos de aquel muro, no le sostenía, sus manos estaban libres pero ella no las usaba, solo se mantenía trémula cual animal acorralado por una bestia.
Esto no es correcto… -dijo ella mirando a un lado, avergonzada-
El busco con la mirada los ojos negros de aquella mujer que se ocultaban tras un desordenado cabello rizado que se recogía totalmente en un moño recatado.
…entonces dime que me detenga… -dijo el hablándole al oído, susurrante y muy cercano.-
Ella solo separo sus labios, tragando fuerte.
Una sonrisa lasciva se dibujo en los labios de él que dejo un beso estampado en el cuello expuesto de aquella mujer. Ella solo se resigno, poniendo sus manos al nivel del pecho de él, sin alejarlo. El la tomo de la cintura.
No… -susurro ella cerrando sus ojos un instante y alejando una de sus manos, para apoyarse en la misma pared que le sostenía-
Si… -respondió el mientras se alejaba un instante para luego estampar un beso que silencio por completo a la chica-
Solo el brillo leve de algo en la mano de ella, el abrigo que mangas largas que tenia era ancho y no muy practico para la calurosa época. Levanto la misma mano con que se apoyaba, ahora, dejándola caer sobre la espalda de ese hombre que le besaba, ella abrió sus ojos un instante, complacida, el trato de alejarse pero ella lo apretó hacia si misma, dando una vuelta con el, ahora el lobo era la oveja. Separándose lentamente de él, fue sacando el cuchillo de su espalda mientras él se iba desvaneciendo con un hilillo de sangre corriendo por su boca, los labios de ella estaban teñidos de aquel escarlata líquido. Saco por completo el cuchillo y le vio caer, ahogándose en su propia sangre.
Juliette era una mujer peligrosa, quizá aquel pobre hombre nunca imagino que tras esa recatada fachada había una punzante asesina tal vez.

El hombre de la sombrilla roja

Nadie… en aquel lugar no había nadie, más que esa soledad que parece ocupar miles de kilómetros enteros de tierra. Pesada, solitaria la soledad misma.
La lluvia caía sobre los hombros vencidos de aquella mujer que caminaba entre arboles de madera oscura, sus pies se hundía entre hojas caídas, húmedas, frías.
Eres todo lo que necesito…
Sus pasos seguían llevándose, delirante, acabada. Cansada de seguir, se aferró a uno de los arboles sin aliento alguno, su cabello enmarañado, rizos revueltos ocultaba un rostro sucio.
Ven conmigo, solo… debes venir conmigo… -el susurro parecía repetirse, atormentándose a sí misma con aquella voz-
El agua caía por sus mejillas. Golpeadas, con algunos rasguños y polvo que parecía estar tatuado como marca en su piel, sucia.
¿Eres un ángel? -la voz de una mujer, recuerdos, palabras que ella misma había pronunciado le apuñalaban cual cuchillos de cartón en su espalda-
Soy todo lo que tú deseas ser…
Sin poder resistirlo más, cayó al suelo, su rostro se hundió en la tierra mojada, su vestido se ensucio más, desgarrada y maltrecha tela blanca que se pegaba a su piel.
Un hombre caminaba, se acercaba a ella sosteniendo una sombrilla, su traje negro, corbata, camisa, chaqueta. Unos ojos grises y el cabello blanco. Sonrió, viendo a la mujer en el suelo, la sombrilla roja se veía desde lejos, saco su mano del bolsillo donde la tenía. Se agacho para cubrir de la lluvia con la sombrilla, de cerca a la mujer.
Nunca fuiste, tu misma así lo decidiste… -susurro mientras levantaba la cabeza de ella sosteniéndola por el cabello-
El llanto embargo el rostro de la agotada mujer que cerro sus ojos, él se acercó a ella, apretando mas su cabello, lastimándola y besándola lentamente, ella no tenía fuerzas para resistirse.
Maldigo el día en que a mi viniste…