Ataque al Yamato.

Aquella impresionante nave nodriza despegaba imponente de alguna estación portuaria en mitad del espacio, de magistral envergadura y completamente artillada haría gala con presencia, mientras a los lejos un par de diminutos puntos parecieran tratar de escalarla en sobre manera absurda, utópica. El viento no tendría ni una pizca de compasión ante aquellos dos agerridas personas que subían lentamente; el primero parecía guiar manteniendo su escalar firme hacia arriba, sujetando su cintura con la de quien le seguía a través de una cuerda, con rumbo hacia una abertura unos cuantos metros hacia adelante, pareciera estar todo premeditado, no obstante la suerte le sería ajena en cualquier instante, aquella nave habría cambiado su curso de forma imprevista, con suficiente fuerza que haría caer a la fiel pero torpe acompañante, sin dudar ni un solo instante, el guía tomó a su compañera fuertemente con su diestra, se negaba a perderle, pero su lucha contra la gravedad y el peso de las armas le harían la vida imposible.

- No… no te caigas… -Su destino sería letal si de un error se trataba, la caída aquel abismo en el espacio seria el fin.-

la corta cabellera de la chica, menuda, frágil, se agitaba contra sí, ella parecía estar a punto de ceder ante la presión, frunció su ceja escuchando lo que su compañero decía, abrió un poco los labios y con ahínco salido de la nada, se aferró a la nave de nuevo, los dedos dentro de los guantes que usaba rozaron, la fricción creaba calor, más calor del normal, asintió para responder después de estar "segura" de nuevo, no podría permitir que todo el plan se arruinara por un descuido de alguien como ella. Estaba allí para probar que no era un peso muerto! trato de avanzar un poco más, entrecerrando sus ojos para ver hacia arriba.

El la observó, segura y dispuesta a no fallarle, generó un alivio en su rostro. Él era joven, de unos 20 años y rubio ser, quizás nadie imaginario aquel perfil al verle de frente, una cicatriz que daba desde su mejilla hasta más allá de la garganta. Su traje negro cual terrorista y tan casual como un simple suéter le daba la flexibilidad necesaria para moverse con agilidad nata. Continuaron con su destino hacia arriba.

Llegaron con dificultad a una especie de compuerta el cual con el joven aventurero con un utensilio laser logró abrir sin ninguna dificultad, se adentró en el acorazado, ayudando a su compañera a subir luego.

- Ya estamos a dentro, veamos las coordenadas. -De entre sus cosas saco una especie de laptop el cual con gran habilidad armó entregándosela a la joven chica que mantenía la mirada atenta a los alrededores, cubriendo.

- Depende de ti ¿a dónde tenemos que ir? – Dijo observándola, mientras se encargaba de cargar sus armas y prepararse para la infiltración, cuya misión era el sabotaje.-

La chica asintió de nuevo a la voz de él, se llevó la mano al enmarañado cabello, al nivel de su oreja y presionando unas lentillas de color azul cual pantallas traslucidas se proyectaron delante de sus ojos, tomo la laptop, sus dedos apenas hacían movimientos sobre las minúsculas teclas, la pantalla cambiaba al igual que las letras en sus "gafas". Movía la pupila de sus ojos siguiendo el texto de la laptop, números, líneas, al fin, un mapa.

Separo sus labios para decir algo mientras giraba el monitor para que su compañero le viera pero su mirada fue atraída por algo, guardo silencio. Estaban en un pasillo cerrado algo oscuro, iluminados por la luz de aquel monitor, se llevó la mano a su oreja de nuevo y las cyber gafas desaparecieron, se levantó tomando un arma y señalo el mapa en el monitor de la computadora.

Sin decir nada mientras el asintió con su rostro mientras sincronizaba los relojes.
Entrego otra arma a su compañera, una pequeña de descarga laser, lo suficientemente potente como para dañar a un adulto promedio, observó el mapa que le mostro antes la joven chica y se encargó de capturar los datos en el escáner de un reloj, cargo la propia defensa.

- Tenemos que seguir recto unos metros, felizmente la oscuridad que se percibe será lo suficientemente idónea como para cubrir nuestra presencia de los enemigos. –agrego el levantándose para seguir, sosteniendo un arma y con un único bolso en el hombro ahora.


Al avanzar por algunas habitaciones el camino cada vez se volvería enmarañado, como si de un calabozo se tratara aquel lugar lleno de corredores y pasillos entre cuartos pequeños y cerrados.
Unas figuras se acercaban, el hombre lo noto por instinto, la chica revisando el radar capto el movimiento de desconocidos.

La chica seguía atenta las indicaciones, seria. Tratando de no perder el paso a quien le guiaba un pequeño tropiezo, corregido rápidamente, nada ha pasado, nada... -pensaba para calmarse, los nervios le atacaron de imprevisto al saber que debían seguir en la oscuridad, siempre la había odiado, alguien se acerca; sacudió un poco su rostro. Siguiendo de cerca las instrucciones que le daban mediante señas.


- Cuidado... por ahora no deben descubrirnos. – Dijo él y trató de guiar hacia un lugar protegido con las sombras, mientras aquellos soldados nada sospecharían de aquella infiltración.-


Los soldados pasaron cerca, muy cerca, la joven trago fuerte después de contener la respiración casi por impulso, por temor a hacer el mínimo ruido. Siguió con la mirada los pasos de aquellos hombres armados, eran dos veces más grandes que ella. Por dios, como vino a meterse en tal lugar. Volvió a centrarse y busco a su compañero con la misma mirada de aprendiz, atenta. Se llevó la mano a la oreja contraria de la vez anterior, presionando solo salió una lentilla purpura, el mismo mapa de la laptop. Miro los conductos de aire y las salidas posibles. Presiono de nuevo, desapareció la lente. Dio un paso adelante, ya los soldados habían desaparecido por completo del radar.

.- Vamos, ya nos falta poco. – dijo el, liderando aquella silenciosa misión, Se dirigieron hacia los tubos para suceder dentro de ellos, el espacio era de tamaño promedio, lo suficientemente angosto para desplazarse libremente.

Llamó con una señal, la chica respondió asintiendo de nuevo, no había dicho una palabra desde que salieron juntos desde el lugar de la última promesa. El recordaba eso mientras le ayudaba a subir para adentrarse en aquel agujero, cubiertos por el sigilo, las alarmas sonarían.

¡¡Mierda!! – volvió en sí, dejando aquellos pensamientos de lado y Activó su radar, percibió enemigos en el punto de inicio, posiblemente había detectado la puerta violada, ¿sería acaso el fin de la misión?

- Tenemos poco tiempo, nos buscaran por todos lados, sigamos. –
Apresuró su paso para llegar a una habitación abandonada, no tenía ni la más mínima idea de donde estaba su radar en ese lugar no funcionaba.-

Anette respiro agitada todo el trayecto hasta la habitación, el sonido de las alarmas le aturdía, le inquietaba. No, como moriría allí! se llevó la mano a la oreja y las lentillas azules se proyectaron iluminando el conducto. Parpadeaba repetidas veces. Un plan b, un plan b... -pensaba mientras baja en aquella habitación- al ver que su compañero era vencido por el daño en el radar, sonrió aliviada, al fin podía demostrar que no era una torpe! -aun con las lentillas azules frente a sus ojos, activo la lentilla purpura. Se sobrepuso, las letras de las azules empezaron a moverse rápidamente, con las pupilas trataba de seguir la información, levanto su muñeca, quitándose el reloj, ajusto con el pequeño botón que tenía. Se llevó la mano a la oreja y se quitó el arete, un círculo azulado diminuto, brillante y metalizado, las lentillas azules desaparecieron al instante, el reloj encendió de nuevo. Se acercó a su compañero y ofreciéndolo trato de no alejarse tanto del esta vez, aquella habitación parecía más un encierro para animales salvajes que otra cosa.

Avanzaron ambos, por unos instantes, cruzaron otro pequeño pasillo, entraron en otro cuarto, mas iluminado. El hombre estudiaba aquella "cárcel", ella le seguía con la mirada. Aquello era un cuarto de sistemas, en donde algunas computadoras ayudarían a restablecer el equilibrio de la imponente nave, Aley miro al suelo, él era un simple técnico de mantenimiento, no tenía idea de cables, de equipos, en su equipo siempre había sido el más ignorante con la tecnología, prefirió buscar entre aquellos procesadores y por primera vez la suerte le sonreiría entre computadores.


- Toma esto. - Le entregaría un tipo de lentes infrarrojo, configurado en visión nocturna para su compañera y un par extra para él, dándole la espalda algo emocionado, sonrió de frente aquellas pantallas, se inclinó y tomando un puñado de cables desconecto bruscamente los circuitos de energía.


Se apagó todo de forma sucesiva, las luces conocidas en aquel Yamato. Se desactivo todo el sistema de seguridad, tomo las gafas que su compañera en mitad de la oscuridad sostenía, ella algo aturdida aun no había encendido las gafas infrarrojas, el sin prestar atención a eso, cargo su arma y tomo de la mano a la chica, abriéndose paso entre los confundidos soldados que uno a uno caían ante él, con disparos certeros al medio de los ojos.


Todo pasaba demasiado rápido, Anette cerró los ojos, los hombres caían junto a ella, algo en su mejilla. con el ajetreo, trato de abrir un poco solo uno de sus ojos, como si deseara ver algo prohibido, su mano siendo sostenida por su compañero, par de guantes negros en contacto, los pies en movimiento, volvió a cerrar los ojos fuertemente, deseando que aquellos que morían no tuvieran familia que les esperara.

Se detuvieron, al fin. Anette, sin abrir, nerviosa de lo que vería, mantenía los ojos cuando el bolso dio contra su pierna.
-Llegamos... arma la bomba y acabemos con esto de una vez por todas. –Dijo él y después de lanzar la mochila.-

Abrió los ojos de nuevo, se quitó las gafas y se inclinó abriendo el bolso para sacar todo lo que tenía dentro... su verdadero contenido, el cual, complejo nano tecnológico apenas sería comprensible para un científico, Aley no lo entendía, mas ante los ojos de Anette sería un cotidiano rompecabezas.-- se quedó viendo aquello por un instante... era la bomba que había diseñado hace dos años, nadie sabía de ella, levanto la mirada sorprendida, casi en shock, olvidando todo el contexto por una milésima de segundo con la mirada fija en la espalda de su compañero que estaba protegiendo de los soldados que seguían apareciendo, cubriéndole a ella.

Hizo mal gesto, un mal presentimiento, se mordió los labios mientras sacaba de un pequeño bolso que tenía adherido con una correa a su pierna, unas pinzas, algunas partes que siempre tenía de repuesto, se quitó las gafas infrarrojas y se puso otro arete metalizado color rosa, activo las lentillas, la roja y unas rosas esta vez, supliendo a las azules que ya había usado como respuesta.

Armo su propia creación, jamás pensó en vivir aquello. Era un simple boceto, no estaba segura de cuan fuerte seria pero si sabía que podía acabar con dos planetas si se usaba... hora de las practicas, pensó mientras seguía armando, usando un pequeño laser, uniendo unos circuitos, una especie de cubo resulto. Tomando el arma que le habían dado se levantó, se quitó el guante y con la mano desnuda, sostenía el cubo, lo acerco a su rostro, apago las lentillas, un susurro algo al mismo. Este se ilumino, leyó la pupila de ella y se alejó con vida propia, flotando un poco más alto que ella.

Anette se alejó dos pasos, era efectivo... sorprendida de si misma se acercó a su compañero y le señalo con los dedos, 5, 5 minutos para salir de allí. Tomo el arma con una mano y se aferró al saliente de la chaqueta de él, esperando que le guiara en el siguiente paso.

Todo parecía estar premeditado, el tiempo pasaba y solo se oían disparos, la ventaja entre las sombras y la habilidad con las nano máquinas serían la esperanza de vida que ambos tenían, pero el destino sería diferente, las luces se encendieron bruscamente, tanto como cuando se apagaron, Anette quedo aturdida de nuevo pero segura sostenía el arma. Entre ellos decenas de hombres ahora tendrían al "fantasma" para atacarle, la ventaja que había tenido. Aley había terminado ante aquellos soldados que numerosamente le superaban, el tiempo parecía acabar en ese momento.

Todo se tornaba tan lento, El joven rubio vio el destino de todas las balas dirigirse a su cuerpo, cada una de ellas atravesaría su pecho, la misión para él había terminado, se desplomó al lado de su compañera. Anette soltó el arma, la sangre en su rostro después de que la luz regresara. Todos aquellos hombres frente a ella. Estaba… muerto?. Pensaba ella mientras el caía en cámara lenta. En sus últimos intentos de protegerla en mitad de su shock más sin darse cuenta su vida se había extinguido.

-Todo está en tus manos… -
recordó el antes de perder la vista, el lugar de la promesa, un desierto lleno de piezas a medio destruir de una ciudad muerta. Eso fue lo último que él le dijo a ella sosteniendo aquellas manos suaves que habían temblado durante toda la travesía, entre las de él, que ahora estaban inertes
Una voz de lejos gritaba con desespero, su ropa era blanca y por su aspecto tendría rasgos científicos.

- "No disparen, déjenla, no la maten, alto al fuego, alto al fuego!" -Y todo quedó en un perturbador silencio.-

Ni si quiera pude decirle gracias... pensaba ella, pensaba sin mirar a quien le había dado aquel voto de confianza cuando todos le habían ignorado, Quien le había guiado hasta ese sitio, quien le había sostenido cuando estaba por caer cuando tropezaba, sus ojos muy abiertos, él estaba muerto ahora, ella tenía la sangre de Aley en su rostro. - ¿La voz de su propio abuelo salvándole la vida era lo que escucho? jamás... se llevó la mano a la espalda y saco otra arma apuntándole. El cubo seguía flotando tras de ella, varios paneles se encendían, rotando sobre sí mismo. La temperatura de la nave bajaba. El frio era drástico.

- ¿Porque? ¡¡¡Porque no me dejas morir defendiendo algo al menos!!!

Le grito al hombre de blanco que seguía acercándose, apuntándole segura, directamente a la cabeza, no era buena con las armas pero no podría fallar a esa distancia, después de varias horas al fin podía decir algo, su miedo se había ido junto con la vida de Aley.

-Tranquila... baja esa arma, esto fue una locura desde el principio... –

le dijo el levantando las manos, tratando de persuadirla. Ella miro de reojo a los hombres armados, seguían apuntándole, no podría con todos, ni si quiera estando el vivo podría! bajo la mirada y los pies de su compañero fue lo único que se atrevió a ver, una lagrima salió, una sonrisa luego

-Jamás lo fue... -

Desvió la mira del arma al cubo y disparándole, este congelo el lugar, sería una explosión fría, todo se tornó lento por un instante, ella se dejó caer, presa del mismo hielo; sobre quien le guío hasta ese instante, el cuerpo de Aley estaba aún tibio, Anette sonrió satisfecha. Los hombres le dispararon al igual que a su compañero, una luz cegadora, celeste luego...

Todo desaparecería...
Un fino polvo cristalizado seria el único rastro de la existencia de aquel gigantesco monstruo metálico, de aquel día, de aquella misión de saboteo al Yamato que, ahora, ya no existía.








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Agradecimientos al Joven Aley y su personaje.

El invocador y La guardián del bosque


La noche se acercaba, aquel lugar lejano; tierra de fantasías míticas. Cuantos humanos habrían pasado por la vida de aquella musa? En la rama de un árbol columpiaba sus pies descalzos, su pálida piel cubierta por una fina tela blanquecina.
Sus ojos purpura cual aparición demoniaca contrastaban con su cabello gris, opaco, que; largo, se enredaba en sus brazos, en sí misma.
Tarareaba sin nada más que el ánimo, de una musa inquieta, sencilla.

¿Uhm? -Olfateó el ambiente como si tratara de reconocer, dirigió sus manos hacia el rostro de aquella aparición, como si deseara palparte, aún desde su alejada posición, para confundirte con las ninfas a las que acostumbrado estaba a tratar.- ¿Quién eres, cuál es tu color? –pregunto aquel joven con los ojos entrecerrados, su cabello rubio brillaba en mitad de la tarde, cubriendo parte de su frente, una parte de sus ojos albinos, pálidas pupilas, opacas, se dejaron ver en un parpadeo lento e imperceptible-
Aquella mujer levanto su mano saludando con el cabello enredado entre los dedos, brillante. Sonrió levemente sin dejar de balancear sus pies lentamente.

Soy… -miro a un lado con picardía para detener sus pies y desvanecerse en el instante-
Nadie… -una brisa paso rozando, susurro al oído de aquel invocador, cálido, calmado-
Ahora, detrás de él, le vio de arriba abajo, analizándole desde su espalda. Viendo su nuca, se llevó la mano al nivel del rostro y una musical risilla se escapó de sus labios delatando su posición de nuevo.

Hola nadie… -dijo girándose para hablarle a quien creía tener casi en frente, la ceguera que había embargado sus ojos, antes llenos de vida, ciruleos y brillantes, le impedía saber la ubicación exacta de quien le hablaba, por un instante miro a un lado, perdiéndose en su propia oscuridad- yo soy alguien no muy especial, Nadie. –dijo susurrante para distraerse en sí mismo de nuevo-

Nadie se acercó mientras él seguía hablándole, curiosa ahora. ¿No podía ver? Alguien…

¡alguien! –dijo poniéndole el dedo en la nariz, ya muy cercana, casi encima del cual animal-

En mitad de la ceguera, los sentidos son más agudos, la reacción inmediata ante aquel inocente gesto fue un golpe que dio en la mano de quien le tocaba la nariz. Serio, no estaba complacido con aquellos gestos. –Nadie puede tocarme, mucho menos sin mi permiso… -dijo con altivez y orgullo-

El golpe desvaneció la mano, la sorpresa de esa musa, alejándose de nuevo, la mano volvería cual polvo a reaparecer en su lugar.
Alguien que tiene lo que merece… y que por castigo se ha quedado sin derechos y deberes.
Respondió ella inexpresiva, negó con el rostro para mover los dedos rítmicamente, las luciérnagas se acercarían a ella, alejándose del invocador.

La noche había caído, clara, muy clara. Aun el topacio del horizonte distaba de un día apenas terminado. Nadie tomo aire y soltándolo lentamente los grillos empezaron a cantar.

Era el guardián de aquel bosque. Quizás aquel acto de orgullo hundiría más el destino de aquel joven, pero esa musa era amable… eran los días del solsticio, su humor siempre cambiante.


No decidí ser quien soy, pero si decidí aceptar el castigo que decidieron darme. –dijo el mientras se alejaba dando un paso atrás, al sentir que quien tenía cerca no era cualquier ninfa o musa, los zumbidos de las luciérnagas ya no eran perceptible, no tanto como antes de aquel instante- No he de disculparme, Nadie de frías manos.

La guardiana negó de nuevo, mirando las luciérnagas ahora, dio la espalda, extendió su dedo y una de estas se posó sobre el mismo, ella le miraba. – Como disculparse con algo que no existe? –miraba la luciérnaga fijamente, esta se reflejaba en sus ojos, el brillo se movía, ella veía una mariposa de alas verdes brillantes, pestañeo varias veces y la luciérnaga se fue volando con alas majestuosas, aquella era una mariposa ahora, solo un polvillo brillante dejaba como estela de su vida anterior, torpe por el cambio tan fulminante, nadie le veía volar escueta, sonrió levemente como si la travesura fuera un logro- Los “alguien” siempre cambian… se transforman en “algo”. Si las suerte les acompaña… -seguía el vuelo de la mariposa con la mirada- su segunda vida es más larga que la primera… -la mariposa fue atrapada por la rápida lengua de un sapo que se ocultaba lascivo en la maleza-