Problemas de hermanos, problemas de niños...

Él le pego en el rostro. El hilillo de sangre bajo por su pálida piel y se deslizo en el labio rosado de aquella chica de 20años.


Andrés tenía problemas de ira, era el hermano menor de Annette, que aunque fuera mayor que el por unos pocos años, seguía siendo más baja y de contextura menor a la de aquel chico.

Ella dejo escapar una lágrima que se liberaba de una prisión a la fuerza dentro de los ojos color café de su portadora. Anette simplemente dio la vuelta y se fue, una mujer mayor trataba de calmar al adolescente semi adulto para que no la siguiera, regañándola a la vez, gritándole que se fuera.

Jamás he sido yo la que ha levantado la mano en esta casa…

Musito para sí misma caminando por el pasillo que daba a su cuarto casi como una rutina.
Los cuadros oscuros de una familia de 4 personas se veían en una luz tenue; la familia Strozzi siempre había sido “armoniosa” ante el mundo, pero la diferencias eran algo que se dejaban para el uso personal de los días de puertas cerradas, de luces apagadas, de cortinas cerradas.

Los hermanos siempre se pelean…

La memoria de Anette le daba un paseo por sus recuerdos, con cada milímetro, cada cuadro que pasaba, dejándolos de lado como olvido mismo.

Él es así…

Recordaba todo aquello que no dejaba de ser desagradable, incomodo.

Cada vez que Andrés se enfadaba, ya fuera por una comida fría, por una prenda mal puesta, por un capricho sin cumplir, todo iba a terminar en violencia. Anette siempre había sido pasiva, defendiendo a sus padres terminaba con los golpes encima, más de una vez levanto la voz.

Eres una altanera, ¡¡lo único que sabes es gritar!!

Se mordió el labio teñido de su propia sangre y se detuvo.

La vida de Anette no era un prospecto de belleza, siempre resaltaban sus buenas calificaciones, su versatilidad.

Que mujer tan capaz serias…

Los proyectos siempre había sido su pasión, crear. “para poder crear hay que saber destruir”.

Su mala suerte en las amistades no era como la de su querido hermano, ella era más cerrada, no iba a fiestas, poco social, todo lo opuesto a Andrés.

Esta loca…

Levanto el rostro, un último cuadro enmarcado en vidrio y madera estaba frente a ella, sus padres y su hermano el día de su graduación. Ella había tomado esa foto. Recordaba las risas de la gente como si estuviera en el lugar, los gritos de su propia madre aun persuadiendo a la calma a quien le había roto la nariz.

Ella, tan calmada como pudo, aun así, temblaba cual neurótica. Dio la vuelta y camino rápidamente hasta que llego a la cocina donde había sido maltratada.

Saben que… -dijo frente a su hermano que seguía discutiendo con su madre, mientras miraba el cuadro, aun con algo de sangre en la nariz- yo no soy mala…

Dio la espalda y se acercó a la repisa de la cocina, poniendo el cuadro con cuidado sobre ella.

Aquí los malos son ustedes…

-tomo un cuchillo, desesperada, enojada, envuelta en la rabia que había sentido por tantos años de maltrato y clavándolo varias veces sobre todo lo que se moviera hirió a su madre, su hermano le golpeo pero ella le corto el cuello al tiempo e inconsciente, torpe y con suerte de primeriza.-

¡USTEDES! –Seguía moviendo el brazo desesperadamente con toda la fuerza que podía- ¡¡¡USTEDES SON LOS QUE ESTAN MAL!!! ¡¡¡USTEDES!!! ¡USTEDESS! –Los gritos de la mujer que era la madre de aquella asesina casual se quedaban ahogados entre las palabras de ira que la joven chica de 20-

Sus ojos muy abiertos, su rostro sangraba, ya que su hermano, ahora víctima, se defendía con golpes pero ella no se rendía hasta que lo derribo y se sentó sobre él, tomo el cuchillo con ambas manos, repitiendo el mismo movimiento-

¡ DEBERÍAN MORIRSE! ¡¡MORIRSE DE UNA VEZ!!

Después de unas 40 puñaladas sobre cualquier parte, ella siguió, siguió aunque ya aquella masa que tenía bajo si, que en algún momento le lastimo, estaba inerte. Al fin…

Se giró, ensangrentada, su madre lloraba desesperadamente, gritaba…

Andrés me hará caso ahora mama…

Le dijo con una expresión vacía, el ojo de la chica inflamado por un golpe, la sangre de ella mezclada con la de su hermano sobre si, se levantó, sosteniendo el cuchillo, tambaleándose. Le habían roto una costilla ¿quizás? No importaba…

Pero no importa… no importa… -se acercó a su madre cada vez más-

¡¡¡NO IMPORTA!!! –Grito lanzándole una puñalada a la mujer que estaba en shock, despavorida- ¡¡NUNCA IMPORTE YO VERDAD MAMA!! ¡¡¡VERDAD!!!

La madre de ella murió en la décima puñalada… pero Anette seguía, no se detendría…

Los vecinos escucharon aquellos ruidos… quizás nadie sabría que solo eran los problemas de una familia feliz, problemas de hermanos, de niños…

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