El recuerdo de alguien sin memoria.

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Nadie sostuvo la comida, mirándola por un instante entre sus manos, un recuerdo difuso se adueño de aquel instante.


NO! –dijo alguien que estaba cubriéndose con su brazo mientras trozos de escombros caían alrededor de un edificio acabado, los proyectiles de una guerra en proceso se escuchaban, cercanos- Esto colapsara! Debemos irnos Juliano! –Agrego quien le hablaba sin dejar de cubrirse, solo su casco se veía, su rostro difuso por el polvo del lugar a punto de colapsar-
Tenemos que llevar comida, esa familia tiene dos niñas… ¿va a desafiar a su superior? Soldado. –dijo un hombre de cabello castaño y de piel sucia, sus facciones suaves, su casco solo dejaba escapar algunos mechones que dejaban ver unos ojos llenos de energía- Llene con lo que pueda esto… -le lanzo un saco, empezó a quitar escombros para sacar enlatados de lo que aquel viejo supermercado tenia en lo que en algún momento había sido un pasillo limpio, iluminado, tranquilo, el soldado temeroso, tomo el saco, siguiendo a su superior le imito tomando lo que pudo-
Una explosión se escucho, El militar de mas rango se cubrió, el soldado trato pero un estante cayo sobre el para gritar con desesperación, el saco que Juliano sostenía cayo, el soldado dijo algo pero estaban siendo bombardeados, el ruido solo silencio las palabras del soldado atrapado, este extendió su brazo con el saco lleno de dulces y frutas en almíbar enlatadas, Juliano tomo el saco; salió de allí mientras el techo caía por completo sepultando el lugar-

Afuera, algunos refugiados estaban escondidos en el sótano de una ruina cercana, el militar llego hasta donde estaban, dos niñas corrieron hasta el contentas, viendo los sacos que traía, el Joven militar caminaba, mirando el suelo sin poder decir nada mas.

¿Es comida señor alto? –Pregunto una de las niñas ilusionada, mirándole, su cabello enmarañado en lo que alguna vez fue una lisa y corta melena negra como el azabache, sucio con tanta tierra y polvo de cemento-

Nadie la miro, melancólico se inclino y sacando una lata de frutas la puso en las manitos de la niña… - Esto es una lata de felicidad, si la comes nada malo pasara nunca.

La niña abrió sus ojos y contenta tomo la lata para correr con su madre seguida de su hermanita, tan pequeña como lo era ella.

Donde esta el joven soldado que se fue con usted capitán? –pregunto la madre de las niñas mientras les abría la lata a sus hijas, el hombre guardo silencio mientras se quitaba el casco-

Debo irme… -musito para volver a ponerse el casco inmediatamente al escuchar un tiroteo cercano, tenia la tropa a su riesgo, sin el presente estaban sin líder-

Señor, señor!! –ambas niñas corrieron para alcanzarle mientras el caminaba para irse apresurado- Tome. –le pusieron en las manos algunos trozos de frutas- Para que tenga felicidad para el camino! –dijeron en coro ambas niñas para reir dulcemente-

El hombre vio la comida en sus manos, sucias, como los brillantes trozos casi podían parecer pintados sobre un lienzo de piel humana llena de sangre seca, polvora y tierra, angustias hechas manchas."


Nadie sacudió su rostro, volviendo en si lanzando a un lado la comida que aquella persona había puesto en sus manos. 

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