La vida de una Von Goethe

una chica sentana en una silla alta, de gafas, su cabello recogido en un moño alto y su cabello rizado oscuro.

bienvenidos al jardin, hoy tendremos un relato, como sabran, juliette, la adorada por muchos, odiada por otros, tiene su vida fuera de este jardin donde la doncella pasa sus dias...
-respira suavemente haciendo una pausa-
les dejo con esto entonces, un regalo de cumpleaños, un cuento, un aporte y un trabajo dual. espero les guste...

las luces se apagan y la blusa gris de la autora se pierde en la oscuridad, la escena cambia, empezando de nuevo.

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Sentados alrededor de una lujosa mesa rectangular, en el interior de un cuarto de uno de los más famosos lugares de la ciudad. Se encuentran los miembros más sobresalientes de la mafia Rusa, cada uno de ellos acompañado de su mano derecha y algunos con sus mascotas, diminutos perros que valen una fortuna.

Ya impacientes se levanta el más joven de ellos, Valentine, un gordo sanguinario a quien su gula lo hace atorarse en cada evento. Creo que hablo en nombre de todos, querida familia, ¿Qué no es esta una falta de respeto con todos? Juliette se debe estar burlando de nosotros, una hora de retraso, y eso que de esta reunión depende su asenso como líder de la familia. Todos rieron finamente y en ese momento se escucho su voz.
-Von Goethe, Juliette Von Goethe, no olvides mi apellido Artur, el mismo apellido de mi madre, no se te ha olvidado ¿verdad?
Sumiso, Artur responde: No señorita Von Goethe, como podría olvidarlo.
Juliette se sentó en la cabeza de la mesa y dijo:

-Buenas noches tengan todos y disculpen la tardanza. La última vez por causas ajenas a esta reunión, la familia se vio forzada posponer la votación.

En ese momento todos se miraron entre sí, y Nikolai se levanto. Con voz desafiante dijo: Querida Juliette, todos aquí respetamos a tu madre, fue una gran líder y en cabeza de la familia, jamás se vio amenazado nuestro poder. Pero tú eres, tan diferente a tu madre. No tienes lo que se necesita para ser mi líder y hablo por todos los acá presentes.
Juliette desplegó un sable y salto a la mesa, luego casi flotando, corrió hacia Nikolai y apunto hacia su cuello, el arma freno justo antes de hacerle daño, pero empezó a deslizarse una gota de sangre de su cuello. Nikolai quedo estupefacto al igual que los demás miembros.

De repente a la mente de Juliette se vino un recuerdo:

“…Si alguien tiene alguna objeción ante el hecho que yo, La Rusa, asuma el poder de la familia, es mejor que hable de una buena vez, así aclararemos los por menores.

- Definitivamente, no lo puedo tolerar, señora Von Goethe, mi familia ha estado al mando por décadas, la mafia es algo que una familia de gente que hace obras de caridad deba tener bajo su poder, seria conveniente que yo continuara con los ideales de la misma.

En ese momento, La rusa, salta hacia la mesa, y con un paso casi invisible al ojo de los allí presentes, recorre la mesa hasta llegar ante aquellas palabras y con la misma agilidad desenfunda su sable y corta la cabeza de este, luego corta los dos brazos y finalmente hace un corte perfectamente vertical que separa en dos aquel sujeto.

Su hija, que se encuentra escondida, observa atónita la escena, luego sin más, sale a correr.

-Juliette!

La rusa llamandola, la detiene y con suma pasividad la lleva hasta el cadáver cercenado y revuelve la sangre con el dedo. Mira fijamente a su pequeña y le dice:

-Juliette, esto es lo que hace mami. Algún día esto es lo que harás y serás la mejor, la más grande, por encima de ti solo estará Dios.

Todos en la mesa aplauden ante tal discurso, con las palabras cohibidas por la impresion y diciendo esto, bajo la sonrisa de La Rusa, se cierra la reunión…”

De vuelta al presente y luego del recuerdo, esbozó una leve sonrisa, bajo su arma y se dirigió lentamente hacia la puerta se detuvo justo antes de cruzarla y dijo:

-¿Alguien tiene algo que decir?

El silencio fue la acción que todos los miembros tomaron. Al no escuchar nada, cruzó la puerta y se dirigió hacia la salida, subió a su coche y tan pronto como arrancó una gran explosión sacudió aquel lugar.

Bajo el vidrio de la ventana y con un pedazo de escombro envuelto en llamas que quedo cerca al coche, miro de reojo el humo que este emitía, cerro la ventanilla y el auto arrancó de nuevo.

Quitándose las gafas para limpiarlas, suspiro hondo y dijo en voz baja:

-Ignorantes, ninguno fue capaz de defender mi nombre, ninguno es lo suficientemente digno para pertenecerme, solo eran lo que son ahora. Absolutamente nada, pero algo de razón tenian, no soy como mi madre…
se puso las gafas mientras volvía su vista por la ventanilla en las figuras difusas que se quedaban atrás, después de hacer una leve pausa, sonrío siniestra y levemente
-soy peor.
La vida de una von Goethe
Por BlackJackTattoo & Doncella

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