Cumpleaños de introspección secuestrada

El ruido seco de un golpe en la maleta de un auto que se estacionaba, el jardín de la torre estaba oscuro, eran alrededor de las 12am. 29 de octubre del 2011.
La puerta se abrió, Anette entro sosteniendo un acolchado, Nadie se le adelanto, abrió la puerta de la torre, detrás de ellas, venían Juliette caminando con una sonrisa maliciosa dibujaba en sus labios y Doncella mirando al guardaespaldas de la Juliette, que, en su hombro cargaba cuan saco ligero algo que se movía y hacia ruidos.
La biblioteca de la torre estaba poco iluminada, a Doncella no le gustaba la electricidad, los mayordomos echaron más leña al fuego y aquel lugar quedo iluminado por completo.
Una silla frente al fuego, Nadie se sentó de espaldas a esta, mirando la silla vacía, con las piernas cruzadas tecleando en una laptop, Anette termino de acomodar el acolchado en la silla para que fuera más cómoda y se sentó en un sofá cercano a esta.
El hombre de gafas oscuras y gran tamaño, dejo el bulto en la silla, siguiendo las indicaciones de Juliette, que se quedaba de pie mirándolo. Doncella se acercó al bulto y trato de soltar el contenido. Ya había dejado de moverse, Anette le paso unas gafas a Doncella y esta se las puso a una chica que amordazada y amarrada estaba en aquella silla frente a los 4 personajes habitantes de aquel mundo interno, dentro de ella misma.
Creo que tus guardas la han maltratado –dijo Doncella preocupada viéndole sin quitarle la mordaza-
Nadie levanto el rostro, sonriente,. –Estaba perfecta! Debimos ponerle saborizante a ese trapo para que lo disfrutara!
Anette negó con el rostro llevándose la mano y cubriéndose el mismo.
No pasa nada, necesitaba un poco de su propia medicina… -dijo Juliette más seria con los brazos cruzados viendo a quien estaba en la silla-
Tienes el cabello muy largo, rizado a mas no poder, bucles naturales –dijo Juliette dando unos pasos acercándose-
Esas gafas, el lunar en la nariz, pequeño, imperceptible… -agrego Doncella llevándose la mano a la mejilla sonriendo amable-
No es muy alta, tiene las manos y los pies muy pequeños… -agrego Anette apoyando su mejilla en su mano que a su vez, se apoyaba en el sofá-
Es necia, ególatra, despiadada e inconsciente, demasiado despistada como para si quiera tener estilo! Una camiseta y unos jeans… ¿que es esa ropa? –Agrego Nadie tecleando levantando la mirada-
Eres nuestra creadora-dijeron todos en coro mientras Juliette le quitaba la mordaza y Génesis podía hablar-
¿Qué rayos hacen conmigo cuerda de retorcidas alucinaciones? –dijo Génesis ahora, sus gafas se torcía mientras se movía un poco, sin mucha fuerza, pasando su mirada por los rostros de aquellos cuatro personajes que parecían tener un plan-
Todos sonrieron a la vez… Doncella levanto la mano y dos mayordomos trajeron un carro con un pastel…
Feliz cumpleaños a ti… ♫ feliz cumpleaños… ♪
Génesis no podía creer aquello, perpleja, atada de pies y manos aun, aquellos personajes que tanto la odiaban cantaban cumpleaños para ella… para si mismos… Anette tenía un mohín conformista, Doncella dejaba escapar una lagrima, llevándose el pañuelo apresuradamente para evitarlo, Nadie dejando la laptop de lado, hacia variantes de la canción, alterándola y Juliette silenciosa, sonreía ampliamente viendo el pastel con 21 velas encendidas.
Unos aplausos cortados, Génesis bajo la mirada al pastel que tenía letras torpes hechas con caramelos. Aquel pastel había sido hecho por Anette y Nadie. (Por dios, que podrá tener dentro) pensó ella, sonriendo ahora soplo las velas…

Espero sea un año mejor con ustedes… -dijo viéndoles-
Después de todo, dentro de mí no hay nada malo…


Siempre estaremos aquí...

La pesadilla de los andantes, Parte I



El otoño hacia que aquella mañana fuera opaca, la luz era opaca, las nubes cubrían el sol. Los arboles no se movían. No había brisa, solo hojas de colores topacios que caían de vez en cuando ante la presión de su propio peso por la gravedad.
Juliette había pasado la noche despierta, era una noctambula sin remedio, acostumbrada al trabajo nocturno. Aquel día llego muy temprano a sakurai, tal y como era su costumbre. Sus dos mayordomos de costumbre le acompañaban.
Aquellos mayordomos eran dos hombres de facciones extranjeras. Uno de ellos, tenía el cabello blanco, cortado de forma dispareja, peinado de lado, sus ojos grises, oscuros, inquietantes, sus facciones eran finas, piel pálida y no muy alto. Era de labios finos y elegantes en expresión por nacimiento.

El compañero que siempre tenía, era un hombre de cabello rojo algo largo, recogido en una coleta, tenía un parche en su ojo izquierdo, sus facciones eran más toscas, su vida había sido más dura quizás, era más alto que su compañero y tenía los ojos de un verde muy oscuro, al menos el que aún conservaba. Su actitud era más rebelde, al menos eso dejaba ver, su piel era un poco tostada, mas seguía siendo blanco, común en algún país europeo.

Ambos tenían una vida algo atrofiada antes de conocer a la familia von Goethe, eran muy niños aun en aquellos días.
Ahora estaba allí, en aquel país lejano de su tierra, de sus orígenes, junto a esa mujer de cabello largo y trenzado que los trataba con amabilidad pero les exigía con prepotencia muchas veces. El pacto que habían sellado con sus voces, era claro y simple; ellos debían hacer lo que creyeran necesario por esa mujer. Solo eso. Podrían “retribuir” el daño que ya habían causado en su pasado. Redención, lo que muchos buscan después de una vida de caos.

Juliette seguía escribiendo entre papeles, sostenía una pluma de punta fina y dorada, escribiendo a mano alzada con mucha soltura, movía rítmicamente la mano, el reloj del muro rompía el silencio que ella tanto odiaba a veces.
La campana de un día nuevo había sonado, pero nadie había llegado un rato después…
Los profesores de este instituto no conocen la palabra puntualidad… -dijo mientras dejaba la pluma y se quitaba las gafas para limpiarlas y volver a ponérselas, continuando en su escritura-

Ella era la coordinadora docente de aquel instituto secundario. Sakurai, renombrado y uno de los mas grandes en el país.

La mañana transcurría lenta, por la ventana la brisa fría de aquel otoño seguía dándole en el cuello de vez en cuando. El mayordomo de cabello blanco tomo una bufanda de un perchero y se la puso a la mujer sin molestarla mientras esta escribía.
Ya había pasado más de media mañana y el pasillo se había llenado de gritos nada normales, aun así, Juliette ignoro eso. Después de todo, quizás solo eran estudiantes dándole la bienvenida a sus nuevos compañeros, aun no conocía a los japoneses del todo.

La puerta del salón de profesores se abrió, el ruido del pasillo había cesado. Juliette seguía escribiendo, calmada.
Buen día… -dijo sin levantar la mirada ni dejar de escribir-
No recibió respuesta alguna, solo un sonido extraño, arrastraban los pies, no había cosa que le desagradara más que eso.
Por favor, podría usted ser más educado y… -levanto su mirada, viendo por encima de las gafas, algo borroso, una silueta pálida de un estudiante ensangrentado-
El mayordomo de cabello rojo tomo por la cintura a la mujer de gafas y cargándola con cuidado y firmeza, la levanto, alejándola del escritorio donde el estudiante había puesto ya sus manos, manchando todo sobre el.
Juliette sostenía la pluma aun, inexpresiva, sin parpadear. ¿Que era eso que había visto?
El mayordomo de cabello blanco le quito la pluma de las manos a la mujer y dando la vuelta al escritorio, le clavo en la cien atravesándole el cráneo.
La sangre se rego más, el hombre alejo su cuerpo evitando ensuciar su traje, miro a su compañero y ambos miraron a la puerta, venían más.

Juliette no se movía, al fin parpadeo, había ignorado lo que su pluma había causado. Miro hacia la puerta y se acomodó las gafas con una mano, se aferro al hombre que le cargaba con la otra; su mirada fija en aquellos estudiantes. Manchados de una sangre negra y purulenta, con mordidas en sus rostros, su piel de un tono oscuro, ¿sangre coagulada?

Separo sus labios y tomo aire antes que estuvieran demasiado cerca de ella, bajo la mirada al escritorio, el estudiante que había sido atravesado aun tenía un pedazo de carne entre sus dedos.
Ambos hombres asintieron, el de cabello blanco tomo una silla y la lanzo por la ventana. El de cabello rojo dio un pequeño salto y de pie en el marco de la ventana que estaba ahora totalmente rota a pesar de haber estado abierta, miro hacia abajo, ubico unos arbustos que amortiguaran la caída y se dejó caer sosteniendo a su ama en brazos, seguido de su compañero de cabello blanco.

El jardín parecía haber sido infestado de gente salida de películas de terror de pocos recursos. Muchos corrían, algunos estudiantes se escondían, los gritos de agonía se dejaban escuchar más allá del portal del instituto. Juliette miraba a su alrededor, sin exigir que le bajaran, sin sorpresa, solo… confundida.
Alguien se acercaba corriendo, pero muy lejos aún, Juliette se giró, la ropa tradicional lejana se dibujó, al fin alguien que conocía, el estiro su mano a lo lejos y las gafas cayeron, detrás del varios estudiantes le sostenían por los pies ahora, arrastrándolo de regreso. Juliette trato de acercarse a socorrer a su amigo pero sus mayordomos no le soltaron. Negándose a perder a su ama.

Los gritos de agonía ahora frente a ella, ¿se comían a una persona? ¿Canibalismo? No, no estaban vivos… no podían.
Miro a un lado, los mayordomos volvieron a pasar su mirada alrededor buscando algún lugar a salvo.
El mayordomo de cabello blanco miro al portal, no era opción, no aun, todos estaban entrando y saliendo por allí. Miro hacia arriba… el edificio era un pandemónium. Solo quedaba el patio central entre el ginmacio. Allí no había nadie en horas de la mañana.

Acomodándose los guantes, hizo una seña al mayordomo que sostenía a Juliette. Ambos dirigieron su paso al lugar.
Aquella plazoleta estaba vacía en efecto, era lejana al edificio de las aulas y cercana al invernadero. Los gritos se hacían menos frecuentes y más se asían sentir los golpes y las caídas por las ventanas y escaleras.
El mayordomo de cabello rojo dejo en el suelo a la mujer.
El sol hacía del cabello castaño dorado, una larga y brillante visión. Ella aun no expresaba nada del todo… dio unos pasos alejándose.
Sus tacones se enterraban en la grama, la falda recta negra y su blusa blanca, el lazo negro que atado al nivel de sus gafas se movía al ritmo de su caminar, lento. Dio la espalda a ambos hombres de traje que atentos, vigilaban pero veían a su ama, esperando alguna orden por primera vez.
Juliette junto sus manos, se quitó las gafas y se llevó los dedos luego a sus cuencas, los ojos de un verde azulado se cerraron por un instante.
Aun no entiendo que pasa…-dijo después de una pausa, aun sosteniendo sus gafas y dándole la espalda a los hombres- pero no es nada bueno… esto no es normal y no entiendo nada, saben cuánto odio no entender nada –dio la vuelta lentamente poniéndose las gafas, seria, severa-
No sé qué hicieron en su pasado, mi madre se encargó de sellar sus pactos… -bajo la mirada cerrando un poco sus ojos, tratando de recordar, aclarando su voz para que el ruido de aquel caos le dejara expresarse claramente- pero ahora necesitan decidir qué hacer… 

Ambos hombres bajaron su mirada también, arrodillándose ante la mujer, tomaron una mano cada uno, ella levanto la mirada, viéndoles con amabilidad, levantando las manos y poniéndolas en las cabezas de ambos.
Ambos pueden decidir, están libres del pacto, pueden hablar si lo desean, Lois –dijo mirando al hombre de cabello blanco- Marz… -miro al hombre de cabello rojo- ya no tienen ninguna obligación conmigo.

Ambos hombres bajaron mas sus cabezas, Juliette quito sus manos y se alejó de ellos un paso, dando la espalda de nuevo y llevándose la mano al mentón. Pensando que hacer en esa situación.
Marz y Lois se levantaron, sus miradas sombrías se mantenían bajas, ocultas.

Lois había sido en su adolescencia un asesino en serie no descubierto, su familia, acaudalada y francesa había hecho de sus crímenes algo que nadie notara usando el dinero que tenia. Un neurótico maniático. Cuando conoció a la familia Von Goethe, decidió cambiar, cedió su dinero, su nombre y su voz para servir a la niña de unos 3 años menor que el.

Marz a su vez, había estado implicado en saqueos y vandalismo, peleas callejeras y matado a golpes a su propia familia de unos 7 hermanos más, pobre de nacimiento. El no tenía que ofrecer a la familia Von Goethe cuando le sacaron de la cárcel, así, dando como ofrenda su propio ojo izquierdo, su nombre y su voz… había sellado el pacto que le ayudaría a vivir más tranquilo, o eso pensaba el cuándo la madre de Juliette había hecho el pacto con él, viendo aquella chiquilla de unos 8 años menos que él.

Una carcajada, Marz levanto la mirada riendo mientras veía aquel cielo oscuro de un dia turbulento. Lois se llevó la mano al rostro, una sonrisa silenciosa y maniática se escapaba entre sus dedos.
Ambos eran peligrosos, Juliette lo sabía, pero no tenía miedo de ninguno, tenía peores sirvientes a su servicio, todos fieles, cegados ante ella por un amor platónico no correspondido. Hombres de pasado tan penumbroso que no podía hacer más que tenerles lastima. Ellos, aunque ya no tuvieran nada que les atara aquella mujer, no le abandonarían.

¿Qué ha de hacer ahora, ama? –Pregunto con dificultad Lois, con un francés ronco, su voz algo susurrante, como cuando alguien no ha hablado en mucho tiempo-
Juliette se giró, escuchando por primera vez en su vida aquel hombre, sonrió amablemente, más calmada.
Sobrevivir… -respondió-

Ambos hombres asintieron sonriendo de una forma perturbadora cuando de unos árboles cercanos salían varios zombis, los dos mayordomos cubrieron a la mujer, era simple acabar con otros caminantes, Marz se adelantó pero en aquel instante una ventana en lo alto del edificio se rompió, varios zombies caían sobre ellos, Lois cubrió a Juliette como pudo, Marz había quedado bajo los cristales, se había cubierto con el brazo pero había caído al suelo, los zombis se levantaban y se acercaban ahora, rodeándolos.


Continuara...

Nota:
Texto: Japones (se supone que es japón la locación de los hechos)
Texto: Ruso (lengua natal de la personaje)
Texto: Francés

Ataque al Yamato.

Aquella impresionante nave nodriza despegaba imponente de alguna estación portuaria en mitad del espacio, de magistral envergadura y completamente artillada haría gala con presencia, mientras a los lejos un par de diminutos puntos parecieran tratar de escalarla en sobre manera absurda, utópica. El viento no tendría ni una pizca de compasión ante aquellos dos agerridas personas que subían lentamente; el primero parecía guiar manteniendo su escalar firme hacia arriba, sujetando su cintura con la de quien le seguía a través de una cuerda, con rumbo hacia una abertura unos cuantos metros hacia adelante, pareciera estar todo premeditado, no obstante la suerte le sería ajena en cualquier instante, aquella nave habría cambiado su curso de forma imprevista, con suficiente fuerza que haría caer a la fiel pero torpe acompañante, sin dudar ni un solo instante, el guía tomó a su compañera fuertemente con su diestra, se negaba a perderle, pero su lucha contra la gravedad y el peso de las armas le harían la vida imposible.

- No… no te caigas… -Su destino sería letal si de un error se trataba, la caída aquel abismo en el espacio seria el fin.-

la corta cabellera de la chica, menuda, frágil, se agitaba contra sí, ella parecía estar a punto de ceder ante la presión, frunció su ceja escuchando lo que su compañero decía, abrió un poco los labios y con ahínco salido de la nada, se aferró a la nave de nuevo, los dedos dentro de los guantes que usaba rozaron, la fricción creaba calor, más calor del normal, asintió para responder después de estar "segura" de nuevo, no podría permitir que todo el plan se arruinara por un descuido de alguien como ella. Estaba allí para probar que no era un peso muerto! trato de avanzar un poco más, entrecerrando sus ojos para ver hacia arriba.

El la observó, segura y dispuesta a no fallarle, generó un alivio en su rostro. Él era joven, de unos 20 años y rubio ser, quizás nadie imaginario aquel perfil al verle de frente, una cicatriz que daba desde su mejilla hasta más allá de la garganta. Su traje negro cual terrorista y tan casual como un simple suéter le daba la flexibilidad necesaria para moverse con agilidad nata. Continuaron con su destino hacia arriba.

Llegaron con dificultad a una especie de compuerta el cual con el joven aventurero con un utensilio laser logró abrir sin ninguna dificultad, se adentró en el acorazado, ayudando a su compañera a subir luego.

- Ya estamos a dentro, veamos las coordenadas. -De entre sus cosas saco una especie de laptop el cual con gran habilidad armó entregándosela a la joven chica que mantenía la mirada atenta a los alrededores, cubriendo.

- Depende de ti ¿a dónde tenemos que ir? – Dijo observándola, mientras se encargaba de cargar sus armas y prepararse para la infiltración, cuya misión era el sabotaje.-

La chica asintió de nuevo a la voz de él, se llevó la mano al enmarañado cabello, al nivel de su oreja y presionando unas lentillas de color azul cual pantallas traslucidas se proyectaron delante de sus ojos, tomo la laptop, sus dedos apenas hacían movimientos sobre las minúsculas teclas, la pantalla cambiaba al igual que las letras en sus "gafas". Movía la pupila de sus ojos siguiendo el texto de la laptop, números, líneas, al fin, un mapa.

Separo sus labios para decir algo mientras giraba el monitor para que su compañero le viera pero su mirada fue atraída por algo, guardo silencio. Estaban en un pasillo cerrado algo oscuro, iluminados por la luz de aquel monitor, se llevó la mano a su oreja de nuevo y las cyber gafas desaparecieron, se levantó tomando un arma y señalo el mapa en el monitor de la computadora.

Sin decir nada mientras el asintió con su rostro mientras sincronizaba los relojes.
Entrego otra arma a su compañera, una pequeña de descarga laser, lo suficientemente potente como para dañar a un adulto promedio, observó el mapa que le mostro antes la joven chica y se encargó de capturar los datos en el escáner de un reloj, cargo la propia defensa.

- Tenemos que seguir recto unos metros, felizmente la oscuridad que se percibe será lo suficientemente idónea como para cubrir nuestra presencia de los enemigos. –agrego el levantándose para seguir, sosteniendo un arma y con un único bolso en el hombro ahora.


Al avanzar por algunas habitaciones el camino cada vez se volvería enmarañado, como si de un calabozo se tratara aquel lugar lleno de corredores y pasillos entre cuartos pequeños y cerrados.
Unas figuras se acercaban, el hombre lo noto por instinto, la chica revisando el radar capto el movimiento de desconocidos.

La chica seguía atenta las indicaciones, seria. Tratando de no perder el paso a quien le guiaba un pequeño tropiezo, corregido rápidamente, nada ha pasado, nada... -pensaba para calmarse, los nervios le atacaron de imprevisto al saber que debían seguir en la oscuridad, siempre la había odiado, alguien se acerca; sacudió un poco su rostro. Siguiendo de cerca las instrucciones que le daban mediante señas.


- Cuidado... por ahora no deben descubrirnos. – Dijo él y trató de guiar hacia un lugar protegido con las sombras, mientras aquellos soldados nada sospecharían de aquella infiltración.-


Los soldados pasaron cerca, muy cerca, la joven trago fuerte después de contener la respiración casi por impulso, por temor a hacer el mínimo ruido. Siguió con la mirada los pasos de aquellos hombres armados, eran dos veces más grandes que ella. Por dios, como vino a meterse en tal lugar. Volvió a centrarse y busco a su compañero con la misma mirada de aprendiz, atenta. Se llevó la mano a la oreja contraria de la vez anterior, presionando solo salió una lentilla purpura, el mismo mapa de la laptop. Miro los conductos de aire y las salidas posibles. Presiono de nuevo, desapareció la lente. Dio un paso adelante, ya los soldados habían desaparecido por completo del radar.

.- Vamos, ya nos falta poco. – dijo el, liderando aquella silenciosa misión, Se dirigieron hacia los tubos para suceder dentro de ellos, el espacio era de tamaño promedio, lo suficientemente angosto para desplazarse libremente.

Llamó con una señal, la chica respondió asintiendo de nuevo, no había dicho una palabra desde que salieron juntos desde el lugar de la última promesa. El recordaba eso mientras le ayudaba a subir para adentrarse en aquel agujero, cubiertos por el sigilo, las alarmas sonarían.

¡¡Mierda!! – volvió en sí, dejando aquellos pensamientos de lado y Activó su radar, percibió enemigos en el punto de inicio, posiblemente había detectado la puerta violada, ¿sería acaso el fin de la misión?

- Tenemos poco tiempo, nos buscaran por todos lados, sigamos. –
Apresuró su paso para llegar a una habitación abandonada, no tenía ni la más mínima idea de donde estaba su radar en ese lugar no funcionaba.-

Anette respiro agitada todo el trayecto hasta la habitación, el sonido de las alarmas le aturdía, le inquietaba. No, como moriría allí! se llevó la mano a la oreja y las lentillas azules se proyectaron iluminando el conducto. Parpadeaba repetidas veces. Un plan b, un plan b... -pensaba mientras baja en aquella habitación- al ver que su compañero era vencido por el daño en el radar, sonrió aliviada, al fin podía demostrar que no era una torpe! -aun con las lentillas azules frente a sus ojos, activo la lentilla purpura. Se sobrepuso, las letras de las azules empezaron a moverse rápidamente, con las pupilas trataba de seguir la información, levanto su muñeca, quitándose el reloj, ajusto con el pequeño botón que tenía. Se llevó la mano a la oreja y se quitó el arete, un círculo azulado diminuto, brillante y metalizado, las lentillas azules desaparecieron al instante, el reloj encendió de nuevo. Se acercó a su compañero y ofreciéndolo trato de no alejarse tanto del esta vez, aquella habitación parecía más un encierro para animales salvajes que otra cosa.

Avanzaron ambos, por unos instantes, cruzaron otro pequeño pasillo, entraron en otro cuarto, mas iluminado. El hombre estudiaba aquella "cárcel", ella le seguía con la mirada. Aquello era un cuarto de sistemas, en donde algunas computadoras ayudarían a restablecer el equilibrio de la imponente nave, Aley miro al suelo, él era un simple técnico de mantenimiento, no tenía idea de cables, de equipos, en su equipo siempre había sido el más ignorante con la tecnología, prefirió buscar entre aquellos procesadores y por primera vez la suerte le sonreiría entre computadores.


- Toma esto. - Le entregaría un tipo de lentes infrarrojo, configurado en visión nocturna para su compañera y un par extra para él, dándole la espalda algo emocionado, sonrió de frente aquellas pantallas, se inclinó y tomando un puñado de cables desconecto bruscamente los circuitos de energía.


Se apagó todo de forma sucesiva, las luces conocidas en aquel Yamato. Se desactivo todo el sistema de seguridad, tomo las gafas que su compañera en mitad de la oscuridad sostenía, ella algo aturdida aun no había encendido las gafas infrarrojas, el sin prestar atención a eso, cargo su arma y tomo de la mano a la chica, abriéndose paso entre los confundidos soldados que uno a uno caían ante él, con disparos certeros al medio de los ojos.


Todo pasaba demasiado rápido, Anette cerró los ojos, los hombres caían junto a ella, algo en su mejilla. con el ajetreo, trato de abrir un poco solo uno de sus ojos, como si deseara ver algo prohibido, su mano siendo sostenida por su compañero, par de guantes negros en contacto, los pies en movimiento, volvió a cerrar los ojos fuertemente, deseando que aquellos que morían no tuvieran familia que les esperara.

Se detuvieron, al fin. Anette, sin abrir, nerviosa de lo que vería, mantenía los ojos cuando el bolso dio contra su pierna.
-Llegamos... arma la bomba y acabemos con esto de una vez por todas. –Dijo él y después de lanzar la mochila.-

Abrió los ojos de nuevo, se quitó las gafas y se inclinó abriendo el bolso para sacar todo lo que tenía dentro... su verdadero contenido, el cual, complejo nano tecnológico apenas sería comprensible para un científico, Aley no lo entendía, mas ante los ojos de Anette sería un cotidiano rompecabezas.-- se quedó viendo aquello por un instante... era la bomba que había diseñado hace dos años, nadie sabía de ella, levanto la mirada sorprendida, casi en shock, olvidando todo el contexto por una milésima de segundo con la mirada fija en la espalda de su compañero que estaba protegiendo de los soldados que seguían apareciendo, cubriéndole a ella.

Hizo mal gesto, un mal presentimiento, se mordió los labios mientras sacaba de un pequeño bolso que tenía adherido con una correa a su pierna, unas pinzas, algunas partes que siempre tenía de repuesto, se quitó las gafas infrarrojas y se puso otro arete metalizado color rosa, activo las lentillas, la roja y unas rosas esta vez, supliendo a las azules que ya había usado como respuesta.

Armo su propia creación, jamás pensó en vivir aquello. Era un simple boceto, no estaba segura de cuan fuerte seria pero si sabía que podía acabar con dos planetas si se usaba... hora de las practicas, pensó mientras seguía armando, usando un pequeño laser, uniendo unos circuitos, una especie de cubo resulto. Tomando el arma que le habían dado se levantó, se quitó el guante y con la mano desnuda, sostenía el cubo, lo acerco a su rostro, apago las lentillas, un susurro algo al mismo. Este se ilumino, leyó la pupila de ella y se alejó con vida propia, flotando un poco más alto que ella.

Anette se alejó dos pasos, era efectivo... sorprendida de si misma se acercó a su compañero y le señalo con los dedos, 5, 5 minutos para salir de allí. Tomo el arma con una mano y se aferró al saliente de la chaqueta de él, esperando que le guiara en el siguiente paso.

Todo parecía estar premeditado, el tiempo pasaba y solo se oían disparos, la ventaja entre las sombras y la habilidad con las nano máquinas serían la esperanza de vida que ambos tenían, pero el destino sería diferente, las luces se encendieron bruscamente, tanto como cuando se apagaron, Anette quedo aturdida de nuevo pero segura sostenía el arma. Entre ellos decenas de hombres ahora tendrían al "fantasma" para atacarle, la ventaja que había tenido. Aley había terminado ante aquellos soldados que numerosamente le superaban, el tiempo parecía acabar en ese momento.

Todo se tornaba tan lento, El joven rubio vio el destino de todas las balas dirigirse a su cuerpo, cada una de ellas atravesaría su pecho, la misión para él había terminado, se desplomó al lado de su compañera. Anette soltó el arma, la sangre en su rostro después de que la luz regresara. Todos aquellos hombres frente a ella. Estaba… muerto?. Pensaba ella mientras el caía en cámara lenta. En sus últimos intentos de protegerla en mitad de su shock más sin darse cuenta su vida se había extinguido.

-Todo está en tus manos… -
recordó el antes de perder la vista, el lugar de la promesa, un desierto lleno de piezas a medio destruir de una ciudad muerta. Eso fue lo último que él le dijo a ella sosteniendo aquellas manos suaves que habían temblado durante toda la travesía, entre las de él, que ahora estaban inertes
Una voz de lejos gritaba con desespero, su ropa era blanca y por su aspecto tendría rasgos científicos.

- "No disparen, déjenla, no la maten, alto al fuego, alto al fuego!" -Y todo quedó en un perturbador silencio.-

Ni si quiera pude decirle gracias... pensaba ella, pensaba sin mirar a quien le había dado aquel voto de confianza cuando todos le habían ignorado, Quien le había guiado hasta ese sitio, quien le había sostenido cuando estaba por caer cuando tropezaba, sus ojos muy abiertos, él estaba muerto ahora, ella tenía la sangre de Aley en su rostro. - ¿La voz de su propio abuelo salvándole la vida era lo que escucho? jamás... se llevó la mano a la espalda y saco otra arma apuntándole. El cubo seguía flotando tras de ella, varios paneles se encendían, rotando sobre sí mismo. La temperatura de la nave bajaba. El frio era drástico.

- ¿Porque? ¡¡¡Porque no me dejas morir defendiendo algo al menos!!!

Le grito al hombre de blanco que seguía acercándose, apuntándole segura, directamente a la cabeza, no era buena con las armas pero no podría fallar a esa distancia, después de varias horas al fin podía decir algo, su miedo se había ido junto con la vida de Aley.

-Tranquila... baja esa arma, esto fue una locura desde el principio... –

le dijo el levantando las manos, tratando de persuadirla. Ella miro de reojo a los hombres armados, seguían apuntándole, no podría con todos, ni si quiera estando el vivo podría! bajo la mirada y los pies de su compañero fue lo único que se atrevió a ver, una lagrima salió, una sonrisa luego

-Jamás lo fue... -

Desvió la mira del arma al cubo y disparándole, este congelo el lugar, sería una explosión fría, todo se tornó lento por un instante, ella se dejó caer, presa del mismo hielo; sobre quien le guío hasta ese instante, el cuerpo de Aley estaba aún tibio, Anette sonrió satisfecha. Los hombres le dispararon al igual que a su compañero, una luz cegadora, celeste luego...

Todo desaparecería...
Un fino polvo cristalizado seria el único rastro de la existencia de aquel gigantesco monstruo metálico, de aquel día, de aquella misión de saboteo al Yamato que, ahora, ya no existía.








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Agradecimientos al Joven Aley y su personaje.

El invocador y La guardián del bosque


La noche se acercaba, aquel lugar lejano; tierra de fantasías míticas. Cuantos humanos habrían pasado por la vida de aquella musa? En la rama de un árbol columpiaba sus pies descalzos, su pálida piel cubierta por una fina tela blanquecina.
Sus ojos purpura cual aparición demoniaca contrastaban con su cabello gris, opaco, que; largo, se enredaba en sus brazos, en sí misma.
Tarareaba sin nada más que el ánimo, de una musa inquieta, sencilla.

¿Uhm? -Olfateó el ambiente como si tratara de reconocer, dirigió sus manos hacia el rostro de aquella aparición, como si deseara palparte, aún desde su alejada posición, para confundirte con las ninfas a las que acostumbrado estaba a tratar.- ¿Quién eres, cuál es tu color? –pregunto aquel joven con los ojos entrecerrados, su cabello rubio brillaba en mitad de la tarde, cubriendo parte de su frente, una parte de sus ojos albinos, pálidas pupilas, opacas, se dejaron ver en un parpadeo lento e imperceptible-
Aquella mujer levanto su mano saludando con el cabello enredado entre los dedos, brillante. Sonrió levemente sin dejar de balancear sus pies lentamente.

Soy… -miro a un lado con picardía para detener sus pies y desvanecerse en el instante-
Nadie… -una brisa paso rozando, susurro al oído de aquel invocador, cálido, calmado-
Ahora, detrás de él, le vio de arriba abajo, analizándole desde su espalda. Viendo su nuca, se llevó la mano al nivel del rostro y una musical risilla se escapó de sus labios delatando su posición de nuevo.

Hola nadie… -dijo girándose para hablarle a quien creía tener casi en frente, la ceguera que había embargado sus ojos, antes llenos de vida, ciruleos y brillantes, le impedía saber la ubicación exacta de quien le hablaba, por un instante miro a un lado, perdiéndose en su propia oscuridad- yo soy alguien no muy especial, Nadie. –dijo susurrante para distraerse en sí mismo de nuevo-

Nadie se acercó mientras él seguía hablándole, curiosa ahora. ¿No podía ver? Alguien…

¡alguien! –dijo poniéndole el dedo en la nariz, ya muy cercana, casi encima del cual animal-

En mitad de la ceguera, los sentidos son más agudos, la reacción inmediata ante aquel inocente gesto fue un golpe que dio en la mano de quien le tocaba la nariz. Serio, no estaba complacido con aquellos gestos. –Nadie puede tocarme, mucho menos sin mi permiso… -dijo con altivez y orgullo-

El golpe desvaneció la mano, la sorpresa de esa musa, alejándose de nuevo, la mano volvería cual polvo a reaparecer en su lugar.
Alguien que tiene lo que merece… y que por castigo se ha quedado sin derechos y deberes.
Respondió ella inexpresiva, negó con el rostro para mover los dedos rítmicamente, las luciérnagas se acercarían a ella, alejándose del invocador.

La noche había caído, clara, muy clara. Aun el topacio del horizonte distaba de un día apenas terminado. Nadie tomo aire y soltándolo lentamente los grillos empezaron a cantar.

Era el guardián de aquel bosque. Quizás aquel acto de orgullo hundiría más el destino de aquel joven, pero esa musa era amable… eran los días del solsticio, su humor siempre cambiante.


No decidí ser quien soy, pero si decidí aceptar el castigo que decidieron darme. –dijo el mientras se alejaba dando un paso atrás, al sentir que quien tenía cerca no era cualquier ninfa o musa, los zumbidos de las luciérnagas ya no eran perceptible, no tanto como antes de aquel instante- No he de disculparme, Nadie de frías manos.

La guardiana negó de nuevo, mirando las luciérnagas ahora, dio la espalda, extendió su dedo y una de estas se posó sobre el mismo, ella le miraba. – Como disculparse con algo que no existe? –miraba la luciérnaga fijamente, esta se reflejaba en sus ojos, el brillo se movía, ella veía una mariposa de alas verdes brillantes, pestañeo varias veces y la luciérnaga se fue volando con alas majestuosas, aquella era una mariposa ahora, solo un polvillo brillante dejaba como estela de su vida anterior, torpe por el cambio tan fulminante, nadie le veía volar escueta, sonrió levemente como si la travesura fuera un logro- Los “alguien” siempre cambian… se transforman en “algo”. Si las suerte les acompaña… -seguía el vuelo de la mariposa con la mirada- su segunda vida es más larga que la primera… -la mariposa fue atrapada por la rápida lengua de un sapo que se ocultaba lascivo en la maleza-

Problemas de hermanos, problemas de niños...

Él le pego en el rostro. El hilillo de sangre bajo por su pálida piel y se deslizo en el labio rosado de aquella chica de 20años.


Andrés tenía problemas de ira, era el hermano menor de Annette, que aunque fuera mayor que el por unos pocos años, seguía siendo más baja y de contextura menor a la de aquel chico.

Ella dejo escapar una lágrima que se liberaba de una prisión a la fuerza dentro de los ojos color café de su portadora. Anette simplemente dio la vuelta y se fue, una mujer mayor trataba de calmar al adolescente semi adulto para que no la siguiera, regañándola a la vez, gritándole que se fuera.

Jamás he sido yo la que ha levantado la mano en esta casa…

Musito para sí misma caminando por el pasillo que daba a su cuarto casi como una rutina.
Los cuadros oscuros de una familia de 4 personas se veían en una luz tenue; la familia Strozzi siempre había sido “armoniosa” ante el mundo, pero la diferencias eran algo que se dejaban para el uso personal de los días de puertas cerradas, de luces apagadas, de cortinas cerradas.

Los hermanos siempre se pelean…

La memoria de Anette le daba un paseo por sus recuerdos, con cada milímetro, cada cuadro que pasaba, dejándolos de lado como olvido mismo.

Él es así…

Recordaba todo aquello que no dejaba de ser desagradable, incomodo.

Cada vez que Andrés se enfadaba, ya fuera por una comida fría, por una prenda mal puesta, por un capricho sin cumplir, todo iba a terminar en violencia. Anette siempre había sido pasiva, defendiendo a sus padres terminaba con los golpes encima, más de una vez levanto la voz.

Eres una altanera, ¡¡lo único que sabes es gritar!!

Se mordió el labio teñido de su propia sangre y se detuvo.

La vida de Anette no era un prospecto de belleza, siempre resaltaban sus buenas calificaciones, su versatilidad.

Que mujer tan capaz serias…

Los proyectos siempre había sido su pasión, crear. “para poder crear hay que saber destruir”.

Su mala suerte en las amistades no era como la de su querido hermano, ella era más cerrada, no iba a fiestas, poco social, todo lo opuesto a Andrés.

Esta loca…

Levanto el rostro, un último cuadro enmarcado en vidrio y madera estaba frente a ella, sus padres y su hermano el día de su graduación. Ella había tomado esa foto. Recordaba las risas de la gente como si estuviera en el lugar, los gritos de su propia madre aun persuadiendo a la calma a quien le había roto la nariz.

Ella, tan calmada como pudo, aun así, temblaba cual neurótica. Dio la vuelta y camino rápidamente hasta que llego a la cocina donde había sido maltratada.

Saben que… -dijo frente a su hermano que seguía discutiendo con su madre, mientras miraba el cuadro, aun con algo de sangre en la nariz- yo no soy mala…

Dio la espalda y se acercó a la repisa de la cocina, poniendo el cuadro con cuidado sobre ella.

Aquí los malos son ustedes…

-tomo un cuchillo, desesperada, enojada, envuelta en la rabia que había sentido por tantos años de maltrato y clavándolo varias veces sobre todo lo que se moviera hirió a su madre, su hermano le golpeo pero ella le corto el cuello al tiempo e inconsciente, torpe y con suerte de primeriza.-

¡USTEDES! –Seguía moviendo el brazo desesperadamente con toda la fuerza que podía- ¡¡¡USTEDES SON LOS QUE ESTAN MAL!!! ¡¡¡USTEDES!!! ¡USTEDESS! –Los gritos de la mujer que era la madre de aquella asesina casual se quedaban ahogados entre las palabras de ira que la joven chica de 20-

Sus ojos muy abiertos, su rostro sangraba, ya que su hermano, ahora víctima, se defendía con golpes pero ella no se rendía hasta que lo derribo y se sentó sobre él, tomo el cuchillo con ambas manos, repitiendo el mismo movimiento-

¡ DEBERÍAN MORIRSE! ¡¡MORIRSE DE UNA VEZ!!

Después de unas 40 puñaladas sobre cualquier parte, ella siguió, siguió aunque ya aquella masa que tenía bajo si, que en algún momento le lastimo, estaba inerte. Al fin…

Se giró, ensangrentada, su madre lloraba desesperadamente, gritaba…

Andrés me hará caso ahora mama…

Le dijo con una expresión vacía, el ojo de la chica inflamado por un golpe, la sangre de ella mezclada con la de su hermano sobre si, se levantó, sosteniendo el cuchillo, tambaleándose. Le habían roto una costilla ¿quizás? No importaba…

Pero no importa… no importa… -se acercó a su madre cada vez más-

¡¡¡NO IMPORTA!!! –Grito lanzándole una puñalada a la mujer que estaba en shock, despavorida- ¡¡NUNCA IMPORTE YO VERDAD MAMA!! ¡¡¡VERDAD!!!

La madre de ella murió en la décima puñalada… pero Anette seguía, no se detendría…

Los vecinos escucharon aquellos ruidos… quizás nadie sabría que solo eran los problemas de una familia feliz, problemas de hermanos, de niños…

Una publicación ajena

Un saludo a todos, esta entrada es un préstamo que voy hacerle a unos buenos amigos.
La dividiré en dos partes, la primera, dedicada a APT.
Como muchos sabrán, Anime Paper Toys, blog en comunidad que llevan los “papermakers” (¿?), un grupo de chicos de Perú, Colombia, Chile… Hacen los personajes que muchos adoran, que otros aborrecen, en versiones armables en papel.
Ellos están concursando por el premio a mejor blog de hobbies del Perú, el año pasado se lo llevaron, porque no este año también?
APT ah apoyado la iniciativa de los bloggeros de esta red, tanto como a otras causas que esta doncella lleva, así que voten por ellos. Háganlo como un favor a mi, como lectores asiduos que son, como amantes de los artistas on line.
Para votar solo deben :
1.- Entrar en AQUI
2.- Escribir su dirección de correo y Dar a click "votar"
3.- Revisar su correo instantáneamente (bandeja de no deseado si no les llega a la bandeja principal) para confirmar su voto!



Ahora, la segunda parte de esta entrada es para un amigo que le gusta escribir relatos, estudiante de arquitectura, aspirante a narrador, próximamente, pasante venezolano en España en una agencia destacada. Con ustedes, un texto de Jonathan García!

-música misteriosa de fondo-

La bestia del millón de tentáculos.
Lo que estoy a punto de contarles no se compara ni con las pesadillas más recónditas que alguien alguna vez pudo haber tenido.
Aquella noche, cualquiera, fría, en las afueras de la ciudad, el cielo lleno de estrellas estaba; pero en la quietud un destello de luz aparece en aquel cielo; una sombra de maldad apareció poco a poco, esa presencia era como un negro más negro que la noche misma.
El destello era solo una parte de una cosa más grande, ¡terrorífica! Una grieta en el cielo se dibujó, torcida cual sonrisa ambigua, de ella salieron tales criaturas de aspecto amenazador y un tanto grotesco, eran solo los retoños de un ser que solo mostraba sus tentáculos; era como si la maldad de otro espacio, otro tiempo, rompiera con la cotidianidad de este mundo normal que llegaba a ser aburrido para los mortales indefensos.
La criatura del millón de tentáculos aun estando en su dimensión, arañaba el tiempo-espacio de la nuestra, gritó… fue el alarido más horrible y largo que se haya podido escuchar, solo algo que no era de este mundo podría producir ruido tal. Aquello alarmo a toda la ciudad; fue así como la horda de criaturas babeantes, grotescas, atacaron.
Destrozaron, quemaron, maldijeron esa pequeña ciudad, nada sobrevivió, los que no fueron comida de los retoños lo fueron para su enorme, horripilante y babeante madre, que aun no cruzaba a nuestro plano, desde su dimensión vigilaba aquella destrucción, sentada en su trono de espantos tan antiguos, tan grotescos como ella misma.
Poco a poco la grieta creció; desde todo el mundo se observaba al ser. Sus tentáculos, acercándose, como comiéndose primero nuestro cielo para luego hacer suya nuestra tierra.
Incontables ejércitos de hombres le hicieron frente, pero como en la primera ciudad, Maldijeron a todo ejército a su paso, toda legua de tierra habitada pasó a ser árida cual cadáver sin alma, cada vez más todos eran comidos por los retoños y por su madre.
Y fue así como esta bestia horrible, babeante, tan antigua como el miedo, sentada desde su trono en esa dimensión infernal, se apodero de nuestro mundo, envenenando nuestra realidad.

Días hermosos

¿Dónde?
Pregunto ella inexpresiva, la joven mujer de unos 24 años inclinaba su rostro, su piel pálida con aquel amanecer se confundía. Su cabello lacio y corto con el viento se mecía, sus ojos claros y labios finos, parecía ser de porcelana, frágil, indefensa al clima.
¿Dónde?
Reafirmo, preguntando, a quien frente a ella estaba. Un joven menor que ella, quizás 18 años, pero de contextura gruesa por el trabajo pasado en su vida.
No lo se,  pero necesito saberlo.
Respondió el, ella miro a un lado, sin inmutarse tomo aire por un instante y se levantó de donde estaba sentada.
No quiero…. No.
El la miraba, preocupado ante aquella respuesta, el mirador que había sido su refugio durante la noche era iluminado por el día lentamente, amanecía.
Tu sabes dónde están ellos? –pregunto ahora el apretando su puño sin que ella lo notara-
Siempre… pero tú no puedes saberlo. Ellos son felices juntos… lejos o cerca… -sonrió levemente- vivos o muertos…
El joven chico se levantó bruscamente y tomo por los hombros a la mujer que ahora tenía frente a frente de nuevo.
Me lastimas… -dijo ella sin expresión alguna, más que poner su mirada en las manos que apretaban sus hombros con ira-
¡Los has matado!
¿Cómo podría? –sonrió amablemente, calmada, por dentro la burlona ironía-
¡Era tu hija! ¡¡¡Era mi padre!!! ¡Cómo pudiste!
Ellos no querían separarse… -respondió ella mirando a un lado sin dejar de sonreír por completo-
Tu no tenías… -respondió soltándola para poner sus manos en el barandal del mirador, ocultando su rostro de aquella asesina-
Por eso te pregunte, ¿dónde? Si no es aquí… que encontramos tranquilidad… -dijo acercándose lentamente a él de nuevo-
Eres una infeliz… -una lagrima cayo por la mejilla de aquel joven que pensando en aquella chica que tanto amaba, en su padre, un dolor profundo sentía-
Un sonido seco, la mujer empujo al joven por la baranda, esta después de quebrarse de forma instantánea le dejo caer a un borrascoso vacío… ella le miraba, sin dejar de sonreír, amable.
Ella decía que este lugar era hermoso –musito como si estuviera hablando con el joven hombre que aun caía con gritos desesperados, pero nadie le oiría, ella levanto la mirada y con el sol casi en frente se acomodó el vestido blanco mientras veía el paisaje, silencioso después de un seco impacto escucharse lejano, ella sonrió levemente de nuevo.- ahora si serán hermosos los días…

Una semana antes, doncella descubrió que su hija estaba saliendo con un chico de su edad, un día, llego temprano a su casa, encontrándola con un hombre mayor también, era el padre del mismo chico… como podría permitir tal bochorno en su familia?
Después de resolver la situación… si, ella llama a lo que hice “resolver”; cito al joven chico en un lugar donde solían verse él y su enamorada chica, pero luego de una larga espera la única que apareció fue la madre de ella… preocupada por la desaparición de su dulce hija.

Biografía de Juliette Von Goethe

Biografía de Juliette Von Goethe

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A los 6 años ya esa niña había conseguido dominar bien la lengua que creía natal, el ruso, además de 5idiomas mas incluyendo el latín. Tenía el conocimiento de un joven de instituto. Debido a esto, su madre, empezó a sacarla para ocasiones especiales, como las hacia llamar.
La rusa, era una mujer alta, de presencia fuerte pero de sonrisa jovial todo el tiempo, su cabello por encima de los hombros ondulado, casi siempre suelto rubio casi dorado, sus ojos claros, de un castaño muy claro, y un busto pronunciado. Tenía la misma cicatriz en el cuello que su esposo. La conocían como la rusa, era su apodo a la hora de hablar en clave. La rusa conoció a su esposo en el combate, las cicatrices en el cuello de ambos fue un encuentro directo que tuvieron, ella era una agente encubierta como aristócrata y el parte de la defensa del patrimonio ruso. Ambos salieron heridos al tiempo. Muchas personas se enamoran a primera vista, ellos se enamoraron a primer corte de cuchillos.


Esta mujer manejaba los negocios turbios de la familia, siempre dando que hablar al bajo mundo, las “ocasiones especiales” siempre empezaban como reuniones de políticos, extranjeros que venían al castillo von Goethe, iban a la misma sala siempre, con una gran mesa y asientos elegantes, después de charlas interminables sobre negocios fallidos, tratos que no cerraban del todo, cuentas mal explicadas o simples comentarios indirectos de burgueses, la rusa llamaba alguno de sus mayordomos, con una agilidad increíble mataba aquellas personas, frente a los ojos de su hija. Les rompía las piernas y le daba a la niña el arma para que terminara de hacer el trabajo, aquellas escenas que mas de una vez tuvo que ver Juliette en su infancia no las olvidara, gente torturada, gente triste, gente sin dolor a veces. Gente amarrada, o simple gente humillada. La rusa le enseño que la gente que no respetaba solo se merecía sentir miedo, aunque juliette nunca fue partidaria del método para amedrentar que su madre usaba.


“eres demasiado sensible…” decía la rusa mirando a la niña al verla en shock o en mitad de su silencio con la mirada vacía de miedo.


El padre de juliette, no tenia nombre, solo era un Von Goethe, era una tradición familiar renegar el nombre al casarse con una extranjera en su familia. Como cabeza de la familia no podía dejar el apellido. Ese hombre de semblante serio, decencia de una rama de literatos.
Cuando juliette tenia 9 el decidió secuestrarla, salvar a su hija de esa vida tan miserable que la rusa estaba preparándole. Pero cuando el abrió la puerta de la habitación de aquella torre la niña solo negó con el rostro y dijo que su madre no quería a la gente que se portaba mal.
Dos días después la rusa envió a dos de los mayordomos que la atendían a matar al que hasta ese día fue su esposo. Lo colgaron en el patio, el mal olor daba a la ventana de la torre que aun estaba algo alta y juliette debía subir en un banco de madera para poder ver las flores que ese hombre ahora muerto, había enviado a sembrar junto a las mesas de jardín que hizo forjar para que su hija cuando fuera escritora como su tio, tuviera donde apoyarse.

Así habían muerto los hombres en la vida de juliette, ambos fueron victima de la intemperie, su hermano fue dejado en la mazmorra donde sus huesos aun debían estar y ahora su padre, comida de buitres.


---------------------------------continuara---------------------------------------

Biografia de Juliette Von Goethe.






Nombre:
Juliette Von Goethe
Edad:
26
Descripción física:
Mujer, no muy alta, 1,60. Ojos claros, cabello castaño claro, largo hasta la cintura, ondulado, casi siempre trenzado de lado. Piel blanca, pálida, piernas largas y esbeltas, labios finos y pestañas largas. Tiene una cicatriz en su tobillo derecho.
Carácter:
Distante, evasiva y cerrada con lo que es ella misma, muy irónica, mas cínica aun. Amante de las paradojas, obsesa con el orden. Sádica hasta cierto punto, una actriz que cambia de faceta cada vez que necesita. Debajo de su postura inexpresiva y evasiva es una mujer de dulce carácter, demasiado amable para muchas cosas, muy compresiva. La humildad es una de sus características, aunque no siempre sea la primera que se nota.


~~~La historia~~~




1985, la rusa estaba en trabajo de parto por segunda vez, un hombre vestido de militar estaba en la puerta de aquel cuarto, un castillo en Alemania, san Petersburgo. Una anciana de cabello rubio salió del cuarto sosteniendo una niña.
Aquella “familia” un año después ya estaban en Rusia, en otro castillo, mas grande que aquel que había dado asilo a la llegada de esa niña triste de rizos cobrizos, su padre, un hombre fornido de cabello marrón muy oscuro, casi negro, de bigote poblado y una cicatriz en el cuello, sostenía entre sus brazos a la niña mientras la misma anciana jugaba con un niño con el cabello liso, castaño y ojos esmeralda un poco mas grande que la niña. En una mesa a lo lejos estaba una mujer rubia de cabello corto ondulado hablando jovialmente con varias personas parecidas en aspecto a ella y al hombre de traje militar.
Un año después, aquella niña estaba encerrada en una torre de ese mismo castillo, el niño yacía muerto en la misma habitación.
Así había sido la infancia de Juliette Von Goethe.
A los dos años fue encerrada junto a su hermano en la misma torre, el niño que enfermo a los dos días debido al frio, murió una noche sin remedio en mitad de una crisis de nervios. La madre de ellos no tenía reparo en hacer de sus hijos, verdaderos prospectos para el apellido, su padre, siempre más servicial aunque fuera un militar estricto llevaba la contra a los métodos, termino muerto una noche por manos de su propia esposa. La anciana, madre de esa mujer, abuela de la niña que vivía encerrada en esa torre, se dedicaba a servir a la niña como apoyo maternal. A los 3 años ya habían permitido el acceso a la torre, los instructores se encontraron con una niña autista que apenas podía hablar bien. Las enseñanzas empezaron, tutores de ramas distintas, la niña tenía talento para el aprendizaje general, era eso o sus ansias de salir de allí crecían cada vez más.



----------------------------continuara-----------------------------------------------------

Nunca estuve.

Aquel cuarto estaba tan caliente como un día en el desierto. Las semanas de septiembre pasaban rápido. Una ventana cubierta con cartonés y trapos dejaba que varios rayos de luz se filtraran evitando que la oscuridad hiciera de aquel lugar su reino.

Un catre pequeño de metal, un colchón delgado que se hundía en el centro, dejando que las arrugas de la sabana de color pastel se notaran.

El silencio de aquel pequeño cuarto era ensordecedor para una chica, quizás 16 años tendría. Su cabello no muy largo, por encima de los hombros, cortado de forma muy dispareja, mechones de castaños rizos recogidos en una semi coleta a un lado, su frente cubierta por algunos de los rebeldes bucles despeinados y maltratados.

Te queremos An… por favor…
Las voces en su cabeza hacían que aquel silencio fuera mas insoportable, sus manitos pequeñas, sus uñas algo sucias de mugre y algunos trozos de su propia piel.

Entiéndenos, es por tu bien…

Lentamente empezó a mecerse.
El aire estancado del lugar hacia que sus piernitas sudaran un poco, usaba un short color marron y una blusa azul… sus zapatos pequeños y sucios permanecían muy juntos. Sus ojos cerrados, fuertemente, queriendo pensar que no estaba allí. No, ella no estaba allí. Ella era buena chica, se había portado bien, siempre había sido asi.

Anette era una adolescente muy pasiva, demasiado tranquila, siempre había tenido un grupo de amistades amplio. No era mala persona… que pasaba?

Mentiras… -dijo, moviendo sus labios sin pronuncia palabras, esperaba que leyeran sus labios acaso? El silencio se metía dentro de ella-

Las mentiras la perseguían, no tenia necesidad alguna de mentir, pero lo hacia, por mas simple que fuera, se inventaba una historia fantástica y siempre le creían, todos y todo. Porque? Porque tantas mentiras…

Te amamos An… es por tu bien…
Seguía meciéndose, lentamente.
Adelante, atrás, adelante… atrás… casi inmóvil, sus movimientos eran solo un reflejo de la desesperación que aquel silencio causaba en su mente, no quería seguir escuchando nada. Apretó sus manos contra su cabeza mas, mas… mucho mas.

No, no puedes arrancarla anette… no puedes.
Se mordió el labio, la sangre vino a este inmediatamente.
La puerta se abrió, ella negó con el rostro lentamente, sin abrir sus ojos, ella no estaba allí. No.
Dos hombres vestidos de blanco entraron, sostenían una camisa de mangas largas con hebillas.
La chica no abría sus ojos, los hombres con cuidado le ponían la camisa de fuerza, ella no se resistía, para que hacerlo?

Lo que había dado, todo, era falso, no sabía distinguir entre lo real y la mentira. Pero nadie se lo había dicho.
La levantaron de la cama, sosteniéndola por los brazos, frágil.

Los padres de aquella adolescente le habían recluido en una clínica, era mitómana, tenía esquizofrenia y trastorno bipolar. Una mujer con gran parecido a la chica que ahora se llevaban por un pasillo, estaba acompañada de un hombre de camisa de cuadros, humildes. Ella era su única hija.

No nos odies anette… por favor… -dijeron cuando paso junto a ellos-
Anette abrió sus ojos y les vio. Los hombres que le sostenían se detuvieron. La chica sonrió con dulzura, su labio inferior roto de tanto apretarlo con sus nacarados dientes.

Los hombres volvieron a caminar, la mujer abrazo al hombre para no ver como la subían a una camioneta.
Anette pasó su mirada por aquella casa humilde, de jardín tosco y paredes sucias.

Nunca estuve aquí. Morí… y nací en mi misma…
-musito y la puerta se cerró para que la camioneta arrancara con aquella viajera sumisa-
Aquel día de septiembre el silencio de aquel cuarto triste se quedo solo… Ya no estaría de nuevo esa chica que tranquila en aquel catre se mecía.

El recuerdo de alguien sin memoria.

.........................................


Nadie sostuvo la comida, mirándola por un instante entre sus manos, un recuerdo difuso se adueño de aquel instante.


NO! –dijo alguien que estaba cubriéndose con su brazo mientras trozos de escombros caían alrededor de un edificio acabado, los proyectiles de una guerra en proceso se escuchaban, cercanos- Esto colapsara! Debemos irnos Juliano! –Agrego quien le hablaba sin dejar de cubrirse, solo su casco se veía, su rostro difuso por el polvo del lugar a punto de colapsar-
Tenemos que llevar comida, esa familia tiene dos niñas… ¿va a desafiar a su superior? Soldado. –dijo un hombre de cabello castaño y de piel sucia, sus facciones suaves, su casco solo dejaba escapar algunos mechones que dejaban ver unos ojos llenos de energía- Llene con lo que pueda esto… -le lanzo un saco, empezó a quitar escombros para sacar enlatados de lo que aquel viejo supermercado tenia en lo que en algún momento había sido un pasillo limpio, iluminado, tranquilo, el soldado temeroso, tomo el saco, siguiendo a su superior le imito tomando lo que pudo-
Una explosión se escucho, El militar de mas rango se cubrió, el soldado trato pero un estante cayo sobre el para gritar con desesperación, el saco que Juliano sostenía cayo, el soldado dijo algo pero estaban siendo bombardeados, el ruido solo silencio las palabras del soldado atrapado, este extendió su brazo con el saco lleno de dulces y frutas en almíbar enlatadas, Juliano tomo el saco; salió de allí mientras el techo caía por completo sepultando el lugar-

Afuera, algunos refugiados estaban escondidos en el sótano de una ruina cercana, el militar llego hasta donde estaban, dos niñas corrieron hasta el contentas, viendo los sacos que traía, el Joven militar caminaba, mirando el suelo sin poder decir nada mas.

¿Es comida señor alto? –Pregunto una de las niñas ilusionada, mirándole, su cabello enmarañado en lo que alguna vez fue una lisa y corta melena negra como el azabache, sucio con tanta tierra y polvo de cemento-

Nadie la miro, melancólico se inclino y sacando una lata de frutas la puso en las manitos de la niña… - Esto es una lata de felicidad, si la comes nada malo pasara nunca.

La niña abrió sus ojos y contenta tomo la lata para correr con su madre seguida de su hermanita, tan pequeña como lo era ella.

Donde esta el joven soldado que se fue con usted capitán? –pregunto la madre de las niñas mientras les abría la lata a sus hijas, el hombre guardo silencio mientras se quitaba el casco-

Debo irme… -musito para volver a ponerse el casco inmediatamente al escuchar un tiroteo cercano, tenia la tropa a su riesgo, sin el presente estaban sin líder-

Señor, señor!! –ambas niñas corrieron para alcanzarle mientras el caminaba para irse apresurado- Tome. –le pusieron en las manos algunos trozos de frutas- Para que tenga felicidad para el camino! –dijeron en coro ambas niñas para reir dulcemente-

El hombre vio la comida en sus manos, sucias, como los brillantes trozos casi podían parecer pintados sobre un lienzo de piel humana llena de sangre seca, polvora y tierra, angustias hechas manchas."


Nadie sacudió su rostro, volviendo en si lanzando a un lado la comida que aquella persona había puesto en sus manos. 

....................................................................

Final insípido

Había una vez…
Nadie: no, me haces el favor y me empiezas con otra cosa mi cuento…

-la narradora suspira y borra lo que había escrito para empezar de nuevo-

Aquella mañana, calurosa, molesta, saturada, la gente caminaba a todos lados en la estrecha acera que estaba junto a la calle llena de automóviles estancados en una cola que parecía no tener final.
El carro de supermercado que aquella persona empujaba entre la gente chillaba, chillaba endemoniadamente, por esto la gente se retiraba dándole paso aquel vagabundo que seguía caminando como si nada, arrastrando sus descuidados y sucios pies sobre el concreto. Algunas llagas y ropa harapienta.

Todo estará bien… ~
todo estará bien…~~~

Tarareaba despreocupado, sus finos labios bajo sus mechones descuidados y su piel sucia dificultaba saber si aquella persona era una mujer o un hombre. Sus pantalones, falda, algo… ni si quiera tenia forma aquel grupo de trapos que le cubría.

Una mujer de traje tropezó con su carro lleno de papeles mientras el seguía tarareando su improvisada canción.

Acaso no ve por donde anda?
Pregunto indignada sin detenerse, Nadie siguió caminando, su camino se había desviado y cruzando la calle entre los autos con su carrito destartalado siguió, sin responder, sin ver a los lados, forzando su preciado vehículo entre el estancamiento, rayando la pintura de varios, gritos de la gente, el vapor de motores frente a el… llego a la otra acera, pero se adentro en un callejón, un gato maullaba sobre un contenedor azul de basura, Aquel Vagabundo se detuvo y miro al gato.
Porque has de ser tan hermosa criatura?
El gato dio un salto al carrito, afilando sus uñas en los papeles dentro de este, Nadie sonrio amable y volvió a tomar el carro para continuar su camino llevando consigo aquel gato que ahora se enroscaba para acostarse en los papeles.
Los pasos agitados en el mismo callejón se acercaba, alguien se acercaba corriendo, nadie se detuvo, inclino a un lado su rostro.
Santa clos? –Pregunto confundido, ya que estaba oscuro y no veía mas que el brillo lejano de un día caluroso-
Un disparo, el felino salto del carro alejándose del vagabundo, Nadie desesperado extendió su mano siguiendo al gato para atraparlo lanzándose sobre el al piso lleno de charcos.
Aquí estas… -dijo sonriendo de nuevo cuando logro atraparlo, abrazándolo se volvió a poner el pie, alguien estaba frente a el-
Hallo~
Saludo al desconocido que tenia en frente moviendo la patita del felino en sus brazos, un uniformado, policía quizás, su silueta se desdibujaba con el sol, esperando que respondieran su amistoso saludo trato de ver a la cara aquella figura de “orden” como solían llamarlas los vagabundos bajo el puente donde dormía a veces. Pero el sol le deslumbro, una brisa fría paso por su nuca y retrocedió, pero ya era muy tarde, Tendido en el suelo, el gato le lamia la mano al cuerpo inerte aun sonriente de aquella persona feliz.
Nadie había quedado en mitad de un tiroteo, la vida en la ciudad siempre había sido agitada, muchos se lo advirtieron…
Mis errores son míos… míos… -dijo llevándose la mano que el gato trataba de lamer a la herida que estaba en su tráquea pero la sangre se salía y sus palabras solo habían sido entendidas por su propia mente-
Con ellos había sido feliz, con sus errores, con ellos había vivido y con ellos había muerto en ese oscuro callejón lleno de silencio.
-la narradora dejo de escribir, cansada, poniendo la pluma a un lado del papel-
Nadie: eso es todo? Donde están las batallas épicas? Y mis apariciones fantásticas?!! Exijo una expli… -el papel donde estaba nadie fue arrugado y lanzado a la basura moviéndose aun luego-

Guía de rol básica, definiciones y ejemplos.

-Suspira y se acomoda las gafas, en cuadro oscuro, muestra una silla alta, una mujer no muy alta, su cabello semi recogido, el fondo negro de un muro que asemeja una gran pantalla se dejaba ver, ella sostenía en sus manos unas hojas, sus gafas color gris brillaban levemente-

Bueno, bienvenidos al rol a los que están leyendo esto. Este apartado va dedicado a explicar que es un juego de rol, y más concretamente un juego de rol por foro.

Un juego de rol (Juego de interpretación de papeles), es un juego donde uno o más jugadores interpretan y desempeñan un determinado rol o papel. En este punto es parecido a ver una obra de teatro, ya que el jugador debe de intentar meterse en la piel de su personaje durante la partida y decidir que hace, que ve, que piensa, sus gustos, sus odios, y todo sobre la personalidad de su personaje.

En algunos puntos un juego de rol puede parecerse a cuando de pequeño jugábamos a “policías y ladrones” y unos hacían el papel de policía y otros el de ladrón, nada más que para esto no necesitamos movernos para poder crear una bella interpretación.

En los juegos de rol habitualmente se diferencian a dos tipos de jugadores: El narrador y los personajes jugadores. El primero es el indicado para crear ambientes, tramas, misiones y poner problemas que deberán de resolver los Personajes Jugadores, de alguna u otra forma. El narrador a demás puede recurrir al uso de personajes secundarios y enemigos para completar las aventuras que deberán resolver los Personajes Jugadores. A demás el narrador será también un árbitro a efectos del juego siendo quien decida en el caso de que surja un problema.

Por otro lado los Personajes Jugadores, o PJ, son jugadores que controlan a un único personaje al que deberán interpretar y usar para superar las dificultades que vayan surgiendo a lo largo de la trama que narra el narrador.

Algo importante en los juegos de rol es: Que mientras en otros juegos, el objetivo a parte de divertirse es la victoria, en los juegos de rol el objetivo es colaborar en la creación de tramas y narraciones completas y bonitas, que acaban por dar lugar a una gran diversión.

Habiendo explicado estos primeros pasos hacia el mundo de los juegos de rol, quede decir que hay gran variedad de juegos de rol: Rol en vivo, Rol por e-mail, Rol en mesa, Rol por Foro. En este caso nos adentraremos en los juegos de Rol por Foro.

El Rol por Foro:

El rol por foro es un tipo de rol que no requiere ser presencial, sino que en vez de esto se desarrolla mediante el uso de foros.

Las principales ventaja que ofrecen este tipo de juegos de rol es que no requiere que todos los jugadores estén conectados o presentes a la vez. Esto daba una mayor lentitud a la trama habitualmente, sin embargo permite meditar a los jugadores sobre sus decisiones y profundizar más en la personalidad de sus personajes así como en los distintos detalles de una escena.

También otro sistema que ha surgido en los Foros de Rol, es el Rol progresivo. El rol progresivo se basa en no elaborar partidas sino en la libre interpretación textual con otros usuarios de ese mismo foro. En el Rol progresivo cada jugador crea una ficha técnica con información sobre su personaje, para después introducirse en un mundo establecido donde podrá narrar con otros usuarios. Habitualmente se evita la utilización de dados, pero esto no es muy visto en América latina así que seamos felices.

En este foro concretamente usamos un sistema mixto entre el Rol Tradicional, aquí las historias las harán ustedes basándose en el entorno que ya se estableció. Es decir, la historia del rol y su reseña.

Los personajes suelen ser usados como cada quien crea conveniente, pero muchas veces crear un estilo no es tan fácil. Así que atentos, fíjense en las acciones, ordenar sus post.
Cuando una persona responde un tema con un personaje, debe estar pensando como el personaje, escribir los detalles del ambiente, del entorno.
-suspira y deja las hojas que sostenía a un lado-
Los roleros no son algo que suela verse comúnmente como tales, ya que todos hacemos rol, en algún momento, en nosotros esta el hacer de este algo definido o superfluo.
-se acomoda el cabello a un lado y se quita las gafas-
Existen las adiciones y características como las comillas, guiones, barras, colores, fuentes y cursivas en el texto a la hora de redactar un rol que influyen mucho. Podremos ver algo como…
-chasquea los dedos de su mano derecha y en una pantalla sale lo siguiente:-

“…"FFSSS... FFFSSSS... FFUESSSS... FUEESSS... FUEGO!!"


*Pasa una persona envuelta en llamas que repentinamente se detiene en la parte superior de la escalera al verte, mientras el fuego aun arde a su alrededor*


"Oh... invitados......... FUEGOO!!!"


*Continuó corriendo desapareciendo junto con los gritos y la luz proviniente del fuego, seguido de un sonido rechinante como si quemaras la piel viva de un ternero al momento de marcarlo, cuando depronto aparece detras de ti*




Okaeri okio-sama~~ *te susurra al oido*…”*

Esto… -señala el texto- es rol en segunda persona, donde el narrador habla de forma abierta al lector directamente, el autor se basa en si mismo a la hora de redactar, usa los asteriscos como separadores de acciones y usa cursiva a la hora de gritar, diferenciando de la voz normal, donde usa letra sin adiciones, señalando dentro de sus acciones el tono de voz que su personaje esta usando.

-volvió a chasquear los dedos y la pantalla cambio, otro texto se visualizó en ella-
“…Ella negó con el rostro, sincera.

Sabes que lo nuestro termino hace meses, aun no entiendo porque te espero… aun no entiendo porque regresas… -dijo mirando a un lado-

Juliette hizo memoria, recordó el primer día en la oficina, ella había ido a visitar al padre de el como de rutina hacia, era asesora de imagen, un político siempre paga bien a las mujeres… se decía a si misma para convencerse. Luego el escándalo, la prensa. Todo era difuso. Pero le había dado lo que buscaba, oportunidades, sus ambiciones eran mas altas. El hijo de un político que se negaba y estaba relegado a la sombra de un padre como tal no era suficiente. No lo seria. …”**


En este ejemplo podemos ver como hay una tercera persona implícita en la narrativa.
-se pone las gafas de nuevo-
La narración esta hecha de forma simple, hablando del personaje como un tercero y explica con detalle lo que dicho personaje esta sintiendo sin que el mismo llegue a decirlo y sin involucrar al lector con trato informal.

-con un tercer chasquido de sus dedos, miro sobre su hombro, sonriendo levemente al ver en la pantalla el texto cambiando, apareciendo uno nuevo, como si recordara algo-


“… Se sabía que la Rusa había muerto, pero él no iba a disculparse por ello, como parecían hacer todos. La muerte era la letra pequeña del contrato de vida, y es lo único que todos tenían en común. Algo le decía que era hora de remediar eso, y arreglar su error. Al menos por Aleksei y los chicos. Hizo un gesto con la cabeza, y los demás comenzaron a retirarse, ya habiendo asado dos minutos desde el sonar de las campanas."Meniá zovút Vasíliev, Iliusha Vasíliev--" La miró a los ojos, sintiendo sus dedos moverse con algo de espacio dentro del cálido guante, y dijo firme, con decisión. Era hora..."¿Qué queremos? Doncella, queremos lo que todos quieren--" …”***


En este ejemplo, la autora mezcla el uso de recuerdos, de descripción de escenario y de dialogo, hace hincapié en el idioma de su personaje poniendo en cursiva la palabra que esta en dicho lenguaje.
La narración de esta, es mas particular, se enfoca mas en el personaje mismo, existe un narrador pero, este queda relegado ante el dialogo interno del personaje mismo. Como en “era hora…” se ve como el personaje se habla a si mismo. Sin necesidad de que se describa en la narración ajena a su propia mente, lo que el piensa, es decir, se logra leer la presencia de conciencia al pensar por si mismo eso sin que nadie mas le describa.

-suspiro poniendo la mano sobre sus piernas cruzadas, el asiento donde estaba, ajeno al oscuro fondo, dejaba ver mejor gris claro de su blusa-

Como ven, todo depende de que tanto quieran ustedes hacer, muchos prefieren hablar directamente, hacer que el personaje cuente su historia solo, otros simplemente se dejan caer siendo narradores y muchos se dejan llevar por su locura y hacen cosas como la de cierto vagabundo que abran leído antes aquí…

-la pantalla cambia por ultima vez, aparece la foto de un personaje poco prolijo, despeinado y con cara de desquiciado-

“… que le causaba risa aquel vagabundo? solo nadie lo sabe. Por su mente pasaban cosas que no se ponían comprender. Estaba loco el pobrecillo...

-se detuvo y se sentó en el suelo, dejando de reír repentinamente volviendo a estar serio, miro hacia arriba, al techo del centro comercial-

¿como que loco? ¿Que te pasa? ¡¡¿¿No ves que soy un hombre de alcurnia y abolengo??!!
-reclamo levantándole el puño a la nada en el techo, estaba hablando conmigo, el narrador en su cabeza-

no me... ahora vas a decir que los demás no te escuchan?? ¡¡Muchas ganas de hacerme quedar mal!! -grito enojado mientras se levantaba-

misaki se acercaba al lugar, nadie, repentinamente salto sobre el.
Nadie que hace?

Atrápame y dame amorrrr -grito mientras daba un giro magistral en el aire cayendo en brazos de misaki, sujetándose de su cuello, lo miro a los ojos y serio le dijo-
aunque si tienes comida me conformo... -encima de misaki, mirándole a los ojos- …”****


-negó con el rostro poniendo la mano en su entrecejo-
Este tipo de personajes son especiales, no se dejen llevar, una cosa es que se haga rol de forma satírica y otra es no saber rolear. Cuando están en frente de uno de estos casos, muy bien puede ser alguien que simplemente esta buscando experimentar con la paciencia de los demás o con su sentido del humor…

En fin… -la pantalla se apago y ella volvió la mirada a quienes la escuchan-
Esto es el rol, así se hace… así no se hace.
-seria, se levanto-
Espero haberles sido de ayuda, no duden en dejar sus comentarios de no entender algo. –sonrio amablemente-

Estamos para serles útil.

-la luz se termino de apagar, el lugar quedo envuelto en penumbra, concluyendo con aquella guia-

NOTA: los roles son textuales de:
*: Residencia Evans [Ataraxia, un mundo feliz] (Cy evans)
**: ¿lo sabes? [El jardín de la doncella] (Juliette)
***: Recuerdos Rusos [Instituto Sakurai] (Iliusha Vasíliev)
****: Dia en el centro comercial [Instituto Sakurai] (Nadie)
Fueron citados textualmente sin alterar ningún elemento, ortografía o parte.
Se agradecen a las fuentes por el apoyo brindado para esta guía.


Saludos gente, aca esta la guía de rol para novatos que dije que subiria.
Espero que sea clara. si no entienden, no duden en dejar sus comentarios con las inquietudes. Si es necesaria hacer una segunda parte, se hará.

Ya ne~~

Y... Te quiero.


No me hables más, por favor… -dijo ella y se alejo, corrió dejándolo atrás-

El simplemente no entendía aquello y trato de dar un paso, temeroso de que tan malo era lo que había hecho para que después de tan buenos momentos ella dijera eso.

Ella corría, llego a lo que suponía era su casa, después de subir algunos escalones, cerro la puerta tras si como si la siguiera un verdugo. No había nadie tras la puerta, ella se dejo caer, sentada, ocultando su rostro entre sus brazos, sin llorar. Solo, escondida.

Se conocían hacia mas de 6 meses, Doncella había estado buscando en alguna biblioteca algo, siempre buscando y se tropezó con el, ¿tenia nombre? Si, pero ella no quería ni recordarlo. Se negaba a pensar en eso.

Ese hombre, solo estaba pasando, no tenia idea de que conseguiría una amiga en alguien que tanto le intimidaba de lejos siempre.

Su relación empezó como un simple formalismo, ella le preguntaba, el respondía…

Nunca dejo de ser así… todo me lo invente. –susurro ella tratando de convencerse a si misma-

Pero esas preguntas se tornaban conversaciones, risas y en un punto, se perdió el formalismo en el proceso y al notarlo ambos, ni si quiera se acostumbraban. Siempre confundiéndose, corrigiendo lo que decían.

Ella ilusionada esperaba, siempre era asi, esperaba cosas que no llegarían nunca…

Porque tuve que volver a esperar… porque… -se reclamo a si mordiendo el borde de la palma de su mano-

Los pasos de alguien subiendo las escaleras, se detuvo en el segundo escalón, siguió para bajar dos escalones.

Ella, se levanto y abrió la puerta, seria.

Por dios, es que tienen que ponerse a jugar en las esca… -bajo la mirada-

No, no quiero dejar de hablarte… lo siento pero no lo hare.

El estaba en mitad de la escalera. Había pensado en no molestarla pero ella era su amiga, al menos eso quería creer.

Doncella dio la vuelta y regreso, dejándolo de nuevo sin poder decir nada, sin levantar la mirada del suelo.
Simplemente no lo hagas más… -susurro a medias sin detenerse-

¡Espera! –él, sin nombre, corrió adelantándose, tropezando con el último escalón pero sin caer, se puso frente a ella evitándole que siguiera-

Porque, ¿que hice mal? ¿Que te hice? –pregunto confundido-

No tenia idea de que había pasado, solo eso entendía. Estaban tan bien, tan tranquilos.

Nada, pero yo no pude evitarlo… -retrocedió un paso alejándose de el-
No entiendo… -respondió él-
No es algo que tengas que entender, solo deja de hablarme por favor, no quiero molestarte mas

No, no me molestas, jamás lo has hecho, por… -trato de explicar el preocupado-

y… Te quiero… -dijo ella, interrumpiéndolo, llevo sus manos a su boca, abriendo los ojos como si hubiera blasfemado con esas palabras-

Doncella sintió como sus piernas temblaron un poco, él levanto la mirada, viendo su cabello enmarañado, rizado y siempre largo cubriéndole parte del rostro.

¿Estas bien? –le pregunto serio mirando a otro lado-

Ella asintió sin verle.

Deseo que estés bien, como amiga que eres para mi… solo eso…

Aquellas palabras hicieron que el frio del lugar terminara de sentirse, un leve escalofrió paso por su nuca.

Lo siento… -susurro de nuevo-

El no respondió aquello, solo se acerco y besándole la mejilla bajo las escaleras alejándose.

La Doncella se quedo allí, apretando sus manos, de pie, mirando el suelo…

Ella sabia que el no sentía lo mismo que ella.
Ella entendía eso. Pero no quería aceptarlo. Hubiera preferido quedarse con ese quizás de que tal vez si podía ser correspondida.

Demasiado bueno… -musito para luego suspirar-

Volvió a entrar, se quito la bufanda… la miro por un instante. Negó con el rostro y se dejo caer sobre un diván cercano a la ventana de aquel lugar oscuro que tenia por vivienda.
Abrazando el único cojín color chocolate… apretándolo, hundió su rostro en el. Dejando escapar algunas lagrimas después de aquel rechazo.

“ojala no existieras, ojala en mi mente vivieras, todos alguna vez se enamoran y el rechazo es algo natural en esas cosas. -Doncella-”

De mediocre a infeliz

El, silencioso, observaba aquel muro de vidrio traslucido y limpio desde lejos, Julián tenia la manía de pensar más de la cuenta y siempre se le escapaban las oportunidades por esto… pero Anette le había dicho en su cara lo que tanto odiaba saber.

Eres un mediocre… 

Mediocre… -repitió susurrando-

La gente pasaba por aquella calle de la ciudad, normal, común.

Mediocre… -volvió a decir mientras tomaba un bolso que tenía en sus pies para acercarse aquella pared de cristal que tanto miraba-

Era febrero de aquel año, era jueves, lunes, quizás martes… poco le importaba la fecha de aquel día. Solo sabía que eran las 2:30pm y ya no podía regresar a su mediocre trabajo de oficinista mal pagado.
Saco del bolso un pasamontañas y poniéndoselo sin detener el paso, entro a la tienda.

Esto… ¡es un asalto! –le dijo a nadie-

Si… a nadie, no miro a nadie. La frustración que tenía lo mantenía distraído del único guardia de seguridad que había en aquella tienda de empeños, el gordo vigilante de azul trato de acercarse al botón de alarma pero no consiguió más que un disparo en el pie.

¡Les dije que es un asalto! ¿¡Que no ven que es un arma!? –dijo el caminando hasta el hombre herido, refunfuñando, quejándose de aquello como si estuviera harto de la situación como si nada-

Diré esto, quiero, exijo eso… -señalo un estuche de un rincón- ustedes me lo dan, yo camino por la puerta de regreso y aquí no paso nada… -hizo una pausa y se rasco la nuca con el arma- bueno, usted tendrá que ir al hospital obviamente.

El hombre que atendía el lugar presto, levantados sus brazos, se acerco al estuche que señalo aquel asaltante tan poco convencional.

Julián sonrió debajo de la capucha.

Gracias. –dijo tomando el estuche, lo abrió y un violín de madera gris se dejo ver- mmm… -miro a los lados, viendo una cámara, siguió con la mirada los cables hasta donde estaba la grabadora, con el mismo arma, le disparo, destruyendo la cinta dentro del aparato, tomo su bolso y salió de allí, caminando, entro al callejón, se quito el pasamontañas y acomodando su traje, se perdió entre la gente mientras las patrullas llegaban-

Días antes el había estado en la misma tienda de empeños, con el violín de su hermana. Necesitaban dinero, desesperado no tuvo mas salida. Solo El sabría que al llegar aquella casa de suburbio medio destruida por dentro la pseudo adolescente estaría calmadamente sentada con la mirada fija en la puerta, en espera de el.

M-e-d-i-o-c-r-e

Fue lo único que le dijo en mitad de la oscuridad para irse a su habitación y dejarlo solo en esa sala.
Ahora ya tenia el preciado instrumento. Abría la puerta frontal de la casa, aun enojado consigo mismo. Quien sabe que pasaría si sus deudas seguían aumentando, la presión.

Puso el estuche del violín de golpe frente a la niña de cabello medianamente largo, falda y botas un poco altas color gris.

Anette vio el estuche, inexpresiva.

Te daría las gracias pero no creo que las necesites. –Ella señalo hacia la nevera frente a la mesa-

Un hombre de negro apuntaba la cabeza de Julián, un poco de sangre, quizás muy poco para haber sido una bala cruzándole la cien, sus ojos muy abiertos, tendido en el suelo, aun sosteniendo las llaves de la puerta en su mano. El hombre de negro guardo el arma y se retiro sin corren pero no lento.

Siempre supe que eras mediocre… -repitió ella mientras tomaba el estuche y caminaba a su cuarto de nuevo-

"Por más que se luche, ciertas cosas no tienen ni si quiera una opción a ser mejores. Muchos están mejor siendo mediocres que viviendo infelices. -Anette-"